Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Jugando con Virginia


Virginia me ha propuesto un juego, consiste en explicar ocho rasgos de mi personalidad y, después, nominar a otras ocho personas.
No sé si agradecérselo o retirarle la palabra jajaja.

Bueno voy a intentar hacerlo lo mejor posible aunque no me gusta nada hablar de mí misma:

1.- Como dice Dama Blanca vivo en mi inopia. La palabra despiste la inventaron para mí.

2.- Me encanta a leer, lo que me ha ayudado en gran medida a desarrollar mi imaginación.

3.- Me gusta el rock, las baladas heavy y mi gordito de Marea.

4.- Estoy un poco loca, lo cual en ocasiones es bueno porque siempre estoy de buen humor. Bueno, vale... casi siempre.

5.- Soy muy curiosa, y cuando algo me interesa no paro hasta que consigo descubrir lo que se cuece.

6.- Me considero femenina, romántica, sincera, timida y aparentemente fuerte, aunque la procesión va por dentro.

7.- Dama Blanca dice que soy cursi y muy pija, cuando realmente quiere decir que soy muy cool xDDD

8.- He llegado a la conclusión de que tengo menos personalidad que un huevo, porque llevo toda la tarde para escribir estas chorradas, y la mitad son opiniones de Dama Blanca jajaja

Y ahora le paso el testigo a (y que me perdonen):

Jacqueline
Onminayas
Abismo
Lilium - Lilith
Lacru
Polidori
Reithor
Dana

Espero que no os lo toméis muy mal, es divetido y que juguéis con nosotras.
Besos.

Libro de Marcus - 37.

Me habló de su paladín, como ella misma le nombraba. Aquel día en el que se cruzó casualmente en su vida marcó por completo su destino.

- El joven paladín me increpó para que soltara al drow que yacía semi-inconsciente entre mis brazos, le dejé caer al suelo despacio, miré con descaro al apuesto paladín que se ofrecía voluntariamente a cambiarse por la victima, el ansia me consumía y me cegaba, salté sobre él, que por aquel entonces no tenía muchas posibilidades de resistirse al ataque, clavé los colmillos en su cuello y bebí; su sangre me quemaba las entrañas, no tuve más remedio que soltarle y desaparecer. Desde ese momento mi voluntad, mi mente, en fin todo mi ser pasó a pertenecerle.

Me conmovió comprobar que una lágrima de sangre recorría el rostro de Valkiria, sus facciones perfectas estaban contraídas en un rictus de dolor, provocado por el esfuerzo que hacía por contener el llanto, por un momento sentí envidia de esas lágrimas, en muchas ocasiones de mi larga existencia habría deseado poder llorar. Me acerqué y sequé sus lágrimas, me miró agradecida, esta vez no continuó con su historia, supuse que era demasiado duro para ella, respeté su silencio que se prolongó durante un buen rato, pero finalmente prosiguió con su relato.

- Durante años le protegí desde la sombra, nunca llegó a saber que le rondaba velando por su vida, hasta que el amor fue más fuerte que cualquier otra cosa y Tyrael vino a mí. Llegó al castillo junto con su hermano, me encontró debilitada, agonizante, las fuerzas me habían abandonado por completo, llevaba varios días sin alimentarme. En un acto de amor infinito me ofreció su sangre, me negué pero insistió –se detuvo por un momento, se secó la cara con el dorso de la mano, ni siquiera levantó la mirada del suelo-. Me tomó entre sus brazos, en ese momento me sentí feliz, sabía que no me quedaba mucho y no se me ocurría una manera mejor de morir que en sus brazos. Pero él no estaba dispuesto a dejarme marchar, sacó una pequeña daga y dio un corte en su brazo, acercándolo a mi boca.

Siguió hablando durante un rato, para ese momento su llanto había cesado, pero su mirada seguía siendo triste. Me contó como se sintió obligada a traicionar a Selil, y el inmenso dolor que había sentido al traicionar a su hermana, sabía que eso la conduciría a la muerte y estaba dispuesta a asumir el riesgo, pero Selil la obligó a ocultarse con engaños, la hizo creer que convencería al señor oscuro de que había muerto, y le pidió el medallón que la distinguía como miembro del clan de Artanis para entregarlo como prueba de su muerte. Valkiria se refugió en el Torreón de Ashal, una vez que se hubo dormido él escondió su sarcófago con magia. Al despertar unos meses más tarde, fue cuando se enteró de la suerte que había corrido Selil, de su cautiverio, de las vejaciones y las torturas a las que fue sometida... jamás podría perdonarse. Me confesó que había deseado la muerte todos y cada uno de los días que habían transcurrido desde que despertó. También supo entonces que había sido Tyrael el que arranco de las garras de su enemigo más cruel a su hermana.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 36.

Tras unos minutos que se me antojaron interminables, Val me miró, aunque era obvio que no me estaba viendo a mí, su mente vagaba entre sus recuerdos, haciendo sin duda una selección de lo que deseaba o no contarme. Carraspeó suavemente, torció ligeramente la boca en un gesto de desagrado y comenzó a contarme su versión de lo ocurrido tiempo atrás desde el mismo momento en que Tyrael casualmente se cruzó en su vida. Un cúmulo de casualidades que la habían conducido a ser tan desdichada, después de haber llegado a tocar la luna con la punta de sus dedos.

- Todo comenzó aquel día, despuntando la alborada, no tenía intención de cazar y de hecho ya iba de regreso al castillo de Nadril cuando un arrogante drow se cruzó en mi camino. Después de un rato de tira y afloja el drow decidió que había llegado el momento de atacar, para cuando quiso darse cuenta de a lo que realmente se enfrentaba, ya le tenía sometido y mis colmillos rozaban su cuello tan solo a unos milímetros de su piel, cuando apareció un joven Paladín. –Sus labios finos y perfectamente perfilados, dibujaron una media sonrisa triste al evocar el recuerdo de Tyrael.

Era evidente que sufría al contarlo, intenté disuadirla arrepentido de haber preguntado, pero en el fondo necesitaba compartir su dolor. Conocí a Valkiria cuando era apenas una muchachita de unos 18 años, su condición de damphir la permitía envejecer siempre que no se alimentara como uno más de nosotros. Artanis, su abuelo, se había asegurado de que bebiera en la justa medida que la permitiera crecer y hacerse una mujer adulta y de esa forma mejorar sus posibilidades de supervivencia. Movido por el enfrentamiento que acaecía entre él y Khendra, Artanis temía por la vida de su única nieta. No me quedaba otra que escuchar lo que ella necesitaba dejar salir de su dolorido pecho.

Tomo una profunda bocanada de aire como queriendo recuperar el aliento, trago saliva y esbozo una sonrisa triste para seguir con su relato. En algunos momentos llegue a pensar que se desmoronaría y no podría seguir hablando, pero sacaba fuerzas de algún lugar de su corazón para sobreponerse al dolor que sin ninguna duda le producía evocar esos recuerdos.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 35.

Habían pasado ya tres días desde que hable con Rolan de la necesidad acuciante de actuar contra la manada si no quería perder a la aliada más valiosa que había conseguido. Rolan había enviado a los rastreadores en busca de la nueva ubicación de los lobos, ya que estos habían cambiado de cubil tras la matanza de las cinco hembras. Pero los rastreadores no habían vuelto aun y los ánimos entre la gente de Rolan y de sus aliados empezaban a caldearse. Se habían producido ya algunos enfrentamientos entre los elegidos de Akh’nash’vagma y los inquietos vampiros jóvenes que formaban las tropas de Rolan.

Tirado sobre la cama que dominaba la posición central de mi alcoba esperaba, con cierta impaciencia, a que me avisaran de la llegada de los rastreadores con algún tipo de noticia. Unos golpes en mi puerta me hicieron incorporarme de un salto, me acerque a la puerta con la esperanza de que hubiera algún detalle de la manada que nos llevara por fin al enfrentamiento, el tiempo jugaba en mi contra, contra más tiempo tardara en regresar a Assen, menos posibilidades tenia de recuperar a Drusila. Gire el pomo y tire de la pesada puerta, me quede petrificado, Valkiria me sonreía al otro lado del umbral, su sonrisa dulce y serena siempre me habían provocado un sentimiento de paz, pero en esta ocasión un escalofrió recorrió mi espalda, esta nueva aliada traería consecuencias nefastas.

Tiré de ella hacia dentro, cerré la puerta tras de ella y eche el cierre en un movimiento reflejo, como si de esa manera pudiera conseguir que Selil no se enterara de su presencia en la morada de Rolan, una estupidez por mi parte, ya que Selil tenía ojos y oídos en todos los rincones de aquel antro. Valkiria me miro asombrada por el tirón, pero no hizo en menor comentario, ni la más mínima queja, se dirigió caminando despacio, casi parecía que flotara, hacia el mismo butacón que había ocupado Selil unos días antes. Siempre me he preguntado como dos mujeres tan distintas habían podido llegar a quererse como si fueran realmente hermanas. Mientras que Selil era una guerrera un tanto brusca en el trato, posiblemente por el trato mantenido con guerreros durante todo el tiempo que dedico a mejorar la práctica de este arte, con un largo historial de muerte y atrocidades a sus espaldas, Valkiria era una mujer serena y dulce, que a pesar de ser una damphir que necesita alimentarse como un vampiro, en su larga existencia no se sabía que hubiera matado a nadie, solo tomaba lo necesario para sobrevivir dejando a sus víctimas con vida.

Ahora estaban las dos bajo el mismo techo, al igual que el motivo de sus desavenencias, Tyrael el Paladín renegado, al que Selil había abrazado y que ahora la seguía como un cachorro fiel. Escrute los ojos de Valkiria con la intención de adivinar si ella sabía que ellos también estaban allí, pero los ojos de Val, se mantenían impenetrables, nunca fui capaz de saber que pasaba por esa cabecita. Una vez se hubo acomodado, levanto la cabeza para dedicarme una sonrisa tierna y diría que melancólica. Tome su mano, pequeña y fría, y se la bese al tiempo que hacia una reverencia exagerada bromeando con ella.

- ¿Qué trae hasta mis aposentos a tan bella dama? –me miraba sonriendo divertida, inclino la cabeza exagerando el gesto, al igual que había hecho yo.
- En cuanto supe que estabas aquí, me dije Val tienes que ver a Marcus antes que a nadie, ya sabes querido amigo que siempre fuiste mi debilidad –su risa resonó por toda la estancia.
- Un hermoso gesto que sin duda te agradezco Val, dime ¿qué ha sido de tu vida desde que nos vimos la ultima vez?

Me dedicó una mirada triste, sus ojos profundos y oscuros centellearon con un rayito de ira apenas perceptible, apartó un mechón de cabello que le caía sobre la frente y se ajustó los guantes, la observé en silencio, parecía estar llevando a cabo un ritual de autocontrol, pensé que no me contaría nada, simplemente estaría pensando en darle un buen giro al tema de manera que no volviera a salir durante el resto de nuestra conversación.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 34.

Salimos de la cueva y tomamos el sendero que conducía a Sartil Null, caminamos en silencio durante todo el recorrido. Evite dirigirme a ella, no quería sacarla de la especie de trance en el que se hallaba inmersa. Por la expresión de su rostro estaba convencido de que la pelea en la cueva había sido de su agrado, aunque algo me decía que se había quedado descontenta por la rapidez en que había concluido la pugna. En ese momento me di cuenta de que no estaba dispuesta a esperar mucho más para enfrentarse a los licántropos, si Rolan no actuaba en poco tiempo perdería el apoyo de Selil, me pregunté si Rolan estaría dispuesto a escuchar un consejo de un viejo amigo que hacía tiempo le había traicionado. Mis labios se curvaron en una sonrisa maliciosa, estaba seguro de que no volvería a confiar en mí, pero en aquel momento merecía la pena arriesgarse, volví a sonreír al evocar el rostro de Riadna.

Aminoramos la marcha hasta llegar a pararnos a unos metros de las murallas de la ciudad, Selil se acuclillo sobre una piedra que se hallaba a uno de los lados del camino, me acerque a ella, su rostro quedaba justo a la altura del mío, la mire a los ojos intentando descubrir que pasaba por aquella mente febril.

- Rolan dijo que habías tenido un encuentro con los lobos antes de unirte a él.
Su mirada fría seguía clavada en mis pupilas como queriendo penetrar hasta lo más profundo de mi mente. Asentí sin pronunciar palabra.
- ¿Y bien? – apartó la mirada para volverla hacia su alabarda, acariciaba la hoja afilada del arma pasando despacio la yema del dedo índice. – Sabes, creo que Rolan con el paso del tiempo se ha convertido en un cobarde. ¿Por qué rehúye la batalla con esos apestosos chuchos? ¿Tiene miedo de unos cuantos perros rabiosos?

No estaba muy seguro de cómo debía contestar esas preguntas, por un lado compartía en parte la idea de que Rolan estaba acobardado ante la posibilidad del enfrentamiento mortal con los lobos, y por otra tenía que tener en cuenta la personalidad inestable de Selil. Después de dudar por unos segundos decidí contestar con otra pregunta evadiendo tener que dar una respuesta concreta.

- ¿En qué estás pensando Selil?
- En actuar por mi cuenta. No estoy a las órdenes de ningún vampiro por muy anciano que sea, no después de haber dado muerte a Khendra y haber bebido de ella. No necesito el apoyo de Rolan y su cuadrilla de neonatos para acabar con esa manada – presionó la hoja de la alabarda, unas gotas de sangre brotaron de la herida, sonrió y se llevó el dedo a la boca para lamer la herida.
- Es posible que entre nosotros acabáramos con esa manada, pero dime, Selil, cariño… ¿qué ganaríamos con ganarnos la enemistad de Rolan? No hay necesidad de humillarlo.

Me miró con un gesto de fastidio dibujado en su rostro, pensé que a pesar de haber medido cada una de mis palabras intentando no contrariarla demasiado, no lo había conseguido. Pero para mi asombro, asintió y volvió a perderse en sus pensamientos.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Gracias de nuevo Virginia.

Le he dado muchas vueltas a la manera de insertar este premio en mi blog, además de ser original, sensual y un puntito picante, es cierto lo que afirma Virginia en su Blog Criaturas de la Noche, te pone muy, muy colorada xD.


Por si fuera poco viene con preguntas, después de leerlas deduzco he de pasarlo solo a chicas. Intentare contestar a pesar de que solo de pensarlo ya parezco un semáforo en rojo (me parto).

Bueno allá van las preguntas y las respuestas:

- ¿Qué es lo que más te gusta de un hombre?
Creo que físicamente lo que más me gusta son sus manos, pero realmente lo que más me gusta es que sea mi cómplice.
- ¿Qué lugar escogerías para una velada romántica?
Escogería una cena romántica en casa, con luz tenue, una música suavecita de fondo, y lo que surja después.
- ¿Qué libro o película te ha provocado sueños húmedos?
Ufff ahora mismo no caigo
- ¿Qué persona te provoca pensamientos pecaminosos?
Una muy especial, pero no es famosa asique me lo reservo xD.
- ¿Tienes alguna fantasía sexual?
Algunas.

He contestado lo mejor que he podido, y ahora para seguir el ritual, voy a pasar el testigo, las reclamaciones por favor en el blog de Virginia, xDD.











miércoles, 23 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 33.

El estado de ánimo de Selil había cambiado radicalmente, ahora se mostraba afable dentro de los límites que marcaba su personalidad errática. Emprendimos el regreso, esta vez sin prisas, nuestro paso a pesar de ser ligero, podría catalogarse como un paseo a la luz de la luna. Nos detuvimos justo antes de entrar en un claro del bosque, un olor nauseabundo inundaba el ambiente, Selil me hizo un gesto con la mano señalando hacia el norte, gire la cabeza y pude observar que a unos metros de nuestra posición se encontraba la entrada de una cueva, sin duda la pestilencia inconfundible de los licántropos, provenía de allí.

Volví a mirar a Selil, estaba tensa, con el cuerpo ligeramente arqueado hacia adelante en posición de ataque, en sus ojos se observaba un brillo letal. Calcule nuestras posibilidades, intentado recordar cuantos miembros había observado en aquel bosque cuando me di de bruces con la manada. Selil mantenía la mirada clavada en la entrada, sin mover un solo musculo de su cuerpo como si de una estatua de hielo se tratara. De un salto me situé a su lado, intente captar su atención sin hacer ningún ruido, en ese momento giró ligeramente la cabeza hacia mí, le indique con un movimiento de cabeza que debíamos esperar, ella volvió a clavar la mirada en la entrada de la cueva.


- Solo hay cinco – susurro sin perder un segundo la concentración – es el momento Marcus, podemos acabar con ellos tu y yo solos.
- ¿Te has vuelto loca? – replique a sabiendas de que mi queja no serviría para nada.
- ¿Tienes miedo de esos chuchos? – murmuró entre dientes mientras sus labios se curvaban en una sonrisa burlona.
- Yo diría que estoy siendo sensato querida.


Por un momento pensé que estaba reflexionando sobre lo que le acababa de decir, pero nada más lejos de la realidad. Me miro por el rabillo del ojo, antes de que me diera cuenta estaba parada delante de la entrada con su alabarda alzada pidiendo sangre, la sangre de los licántropos. Me hizo un gesto con la mano para que la siguiera, saque mi espada y la seguí dentro de la cueva. Habíamos profundizado unos metros en el interior de la cueva cuando nos dimos cuenta de que se abría en una especie de bóveda pequeña, había una hoguera casi en el centro en la que aún humeaban rescoldos, el hedor era insoportable, algunos huesos, algunos trozos de carne putrefacta y escombros era todo lo que se podía observar en la cueva.

Me centre en los miembros de la manada, eran cinco hembras. Una de ellas, sin duda la más vieja, tenía el pelo ajado y grisáceo, se lamia una de las patas, supuse que estaba herida lo que la convertía en una presa fácil. Las otras cuatro eran hembras jóvenes, mire a Selil esperando que hiciera el primer movimiento, pero como era de esperar, ella no contaba conmigo. Salto por encima de las rocas ágil y silenciosa, agito su alabarda como si se tratara de una extensión de sí misma, con movimientos elegantes pero precisos, secciono la cabeza de la vieja loba, para cuando quise reaccionar, ya había terminado con la vida de otras dos de las jóvenes y se encaraba con las que seguian con vida. Una de ellas se percato de mi presencia y se abalanzó sobre mí, blandí mi espadón clavándoselo en el pecho justo antes de caer sobre mí, oí crujir los huesos de la otra hembra, obviamente Selil le acababa de partir el cuello. En cuestión de segundos la reyerta había concluido. Ahora solo quedaba esperar la reacción del resto de la manada que como era de esperar sería cruenta.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 32.

Dudé por un momento con la mano sobre el pomo de la puerta, agucé el oído: apagada por los golpes me pareció distinguir la voz del hechicero, que nervioso y asustado recitaba más aprisa que de costumbre. Cesaron los golpes por un instante, mi mano que había comenzado a girar el pomo se detuvo en seco, pude oír con total nitidez la risa burlona de Selil, y de alguien más que no acerté a reconocer. Abrí la puerta de un tirón, crucé el umbral que me conducía al corredor, unos pasos más allá de mi puerta se encontraba el mago, envuelto en una especie de humo luminiscente, recitando conjuros tan rápido como su voz se lo permitía. Delante de él cortándole el paso, se hallaba Selil, con una pequeña daga que blandía ante la cara del hechicero como si quisiera cortar la cortina de humo, mientras reía divertida con la expresión del anciano. Tras ella, sus asiduos acompañantes la animaban a acabar con los sufrimientos del viejo arcano.

Me acerqué despacio sin apartar la vista de Selil que parecía dibujar algo en el aire con la daga, sus labios perfectos dibujaban una amplia sonrisa un tanto crispada que dejaba al descubierto sus afilados colmillos, sus serenos ojos de un malva cristalino se habían tornado oscuros, contrariados con la nube que el arcano había levantado a su alrededor, brillaban con un punto de demencia. Sin duda estaba hambrienta y el patético anciano había aparecido en el peor momento. Evité rozar el mágico humo sin perder de vista la figura de Selil, me dirigí a ella con el tono de voz más seductor que pude intentando tranquilizarla, sabía que al menor movimiento que pudiera resultarle amenazante la tendría sobre mí dispuesta a darme muerte.

Bajó la daga sin apartar la vista del arcano, enarcó una ceja y mientras le miraba jugueteaba con la daga sobre su muslo, la sangre comenzó a brotar despacio resbalando por el muslo. Su pequeño grupo acostumbrado sin duda a esta clase de demostraciones desapareció del pasillo sin que apenas me diera tiempo de darme cuenta. Para cuando llegué hasta ella ya se había calmado, entrelacé mi mano con la suya, tiré de ella hacia la salida y susurré – Vamos de caza querida – Su rostro se relajó por completo, aceleró el paso hacia la salida y en cuestión de segundos corríamos veloces por las cloacas de Sartil Null.

Al abandonar las alcantarillas, la suave brisa acarició nuestras caras, dejé que Selil marcara el rumbo a seguir, no hacía mucho que me había alimentado por lo que no sentía la necesidad de cazar, sólo estaba allí por ella. Selil corría tan veloz que me costaba seguirla, ágil y precisa saltó sobre su presa como una pantera en mitad de la noche, aquel hombre no tuvo tiempo ni de temer por su vida. Bebió hasta saciar su sed, se giró hacia mí sacudiéndose suavemente la ropa, un hilo de sangre caía por la comisura de sus labios, me acerqué y lo lamí despacio, saboreando la sangre y sus labios. Una sonora carcajada salió de su boca al tiempo que me empujaba suavemente, - Ni lo pienses cariño – . Desistí de mi intento, Selil nunca me permitió cruzar el límite entre la amistad y el deseo que esa mujer despertaba en mí.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 31.

Pensé por un momento en Valkiria, me vino a la mente el momento en que la vi por casualidad cuando aún vivía con el clan de Marla, ahora comprendía porque viajaba sola y el motivo por el que su mirada denotaba una profunda tristeza. Recuerdo haberla preguntado por Selil y ahora me doy cuenta de cómo evito hablar de ella, incluso nombrarla. En el pétreo y helado corazón de Valkiria seguía la huella de la doble traición.

De cualquier forma, el hecho de que Selil fuera aliada de Rolan, me había relajado bastante, ya sabía que la confrontación iba a ser muy dura, pero tenerla a ella y a los vampiros que la acompañaban a modo de sequito, nos daba cierta ventaja. Suspire aliviado para retomar en mi memoria los momentos que había compartido con la ahora poderosa Selil. Después del enfrentamiento en el que diera muerte a Khendra, debería haberse convertido en la Reina de los condenados, pero se negó a formar su propia línea de sangre, dejando un vacio que Artanis supo aprovechar haciéndose con gran parte de los vástagos de Khendra.

Este hecho no le paso desapercibido, ella sabía que antes o después Artanis la buscaría para acabar con su existencia, pero en la mente perturbada de esa hermosa mujer no había cabida para el más mínimo indicio de miedo, por el contrario hizo un gran aliado, Ashal, un poderoso nigromante que a pesar de su fama de conquistador desalmado, se enamoro perdidamente de ella, llegando incluso a estar prometidos, aunque en respuesta al amor que él le profesaba, ella solo buscaba un aliado para acabar con el clan enemigo. Utilizo a su fiel compañero, para romper más tarde su compromiso, cuando el nigromante no le era de ninguna utilidad.

A pesar de ser una mujer independiente a la que le gustaba la soledad, incluso diría que le molestaba la compañía, se había formado una especie de sequito que la seguía a la batalla, dispuestos a dar su vida por ella. Algunos casi tan antiguos como ella, otros ni siquiera eran vampiros, y su nuevo vástago. Este sin duda para horadar más si cabe, en la profunda brecha que se había abierto entre Valkiria y ella, y a pesar de lo que su medio hermana le había hecho pasar al traicionarla, estoy convencido de que Selil sufría por el alejamiento de Valkiria.

Unos golpes en el corredor me sacaron de mi abstracción, me incorpore de la cama de un salto y estuve junto a la gruesa puerta de cuarterones en cuestión de segundos, no sabía si abrir y asomarme al pasillo o permanecer a la espera para ver qué curso tomaban los acontecimientos, por un momento la imagen de la pequeña Varië con su pérfida sonrisa se dibujo ante mis ojos, pero los golpes del pasadizo atrajeron de nuevo toda mi atención.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 30.

Según sus propias palabras, esos años fueron los mejores y a la vez los peores de su larga existencia, sin duda los más productivos. Llego a formar una alianza con Artanis y Akh’nash’vagma, en contra de Khendra, a la que algunos años después dio muerte en un brutal enfrentamiento del que como recuerdo le quedo una cicatriz en el muslo. Se infiltro en la Guardia de Assen y en los Uruk-Manshún, una cofradía de guerreros donde conoció a una de sus más leales seguidoras, Eolion. Estuvo comprometida con el hijo de Akh’nash’vagma, y con Ashal un poderoso vampiro al que se unió para poner fin a la vida de Artanis, rompiendo su compromiso con ambos, llegando incluso a ser la promotora de la muerte del primero. Muchos de los asesinatos cometidos por aquel entonces la señalaban directamente, pero nunca se pudieron demostrar.

Fue entonces cuando Valkiria, a la que ella consideraba su medio hermana, y a la que ella misma había introducido en el culto al Señor Oscuro, hizo algo que cambiaria sus vidas para siempre. Hacía tiempo que venían observando a una joven hechicera, cuyo potencial podría serles útil, habían llegado al acuerdo de capturarla con el fin de captarla para la orden, pero Selil cometió un grave error, su amor fraternal por Valkiria, la llevo a contar con ella en esta misión, aun sabiendo que Valkiria no era como ellas, dos mujeres sin escrúpulos.

Selil mantuvo a la hechicera cautiva en las mazmorras de su castillo durante un tiempo, la torturo en la creencia de que de esa manera la chica acabaría por ceder, pero no fue así, a pesar de sus amenazas la chica no cedió y Selil se voy forzada a entregársela al Oscuro. La llevo al templo del Olvido, allí la recogieron una criaturas infectas de alas negras y ojos vacios, cerrando tras ellas la gran puerta negra que solo se abría con la sangre de los elegidos. Días después, sin que Selil aun ahora alcance a comprender como lo hizo, Valkiria ayudo a la muchacha a escapar de aquel templo, traicionando al Oscuro, lo que sin lugar a dudas conllevaba la muerte. El Oscuro encargo esta tarea a la más cruel y despiadada de sus hijas, Selil.

No solo por infligir el mayor sufrimiento posible a Valkiria, también para probar la fidelidad de su hija predilecta. Pero había algo con lo que Akh’nash’vagma no había contado, Selil moriría antes de hacerle daño a cualquiera de los seres que a su manera, amaba. Me atrevería incluso a asegura que posiblemente Valkiria encabezaba esa corta lista. Convenció a Valkiria con engaños y la oculto donde no pudiera ser encontrada, entregándose a la ira y a la decepción del Oscuro, que la mantuvo en una de las torres del templo maniatada y encarcelada, sometida a vejaciones y torturas, durante muchos meses.

Permaneció encarcelada hasta que un joven Paladín llamado Tyrael, en la búsqueda insaciable de su amada Valkiria, supo de la suerte que había corrido Selil. Se sintió obligado a ir en su ayuda, después de todo ella estaba en esa situación por haber salvado a Valkiria, era una cuestión de gratitud y de honor. Acudió a su Dios solicitando ayuda, y por alguna extraña razón, ya que Tyrael en cierto modo le había vuelto la espalda al enamorarse de una criatura de la noche, su dios le otorgo sus favores. Fortalecido acudió junto con su gran amigo y hermano Earier, jefe de los Manshun, al templo donde seguía recluida Selil. El enfrentamiento con el Oscuro fue devastador, a punto estuvieron de perder la vida ambos en varias ocasiones, pero al final consiguieron darle muerte, recorrieron el santuario buscando a Selil, destruyendo todo lo que iban dejando atrás. La hallaron en aquella oscura mazmorra, con la mente perdida, balbuceando palabras sin sentido, ni siquiera pudo reconocerlos.


Selil tardo en recuperarse algún tiempo, durante el cual Tyrael fue presa de la angustia y la desesperación de no saber donde seguir buscando a Valkiria, se alejo de su fe, renegó de su dios, andaba completamente perdido, eso le llevo a entregarse a Selil, en su desesperación le pidió que le convirtiera y ella le complació muy a su pesar. Valkiria que había permanecido dormida durante todo ese tiempo protegida con por los conjuros que sobre su ataúd había proferido Ashal, despertó, busco a Selil y la encontró en los brazos de Tyrael, su paladín, convertido ahora en el vástago de su hermana

jueves, 17 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 29.

Escuchaba a Selil mientras me contaba sus aventuras, pero no conseguía apartar de mi mente la visión del Paladín rescatando a la vampiresa, no salía de mi asombro, al fin pudo más la curiosidad, le pedí que me relatara con detalle el suceso. Me pregunté por un momento si estaba rememorando la historia o sencillamente calculando el golpe preciso que daría con su alabarda para seccionarme la cabeza. Me miró y sus labios dibujaron una sonrisa sarcástica, supe que había leído en mi mirada justo lo que estaba pensando, le sonreí y ella miró su alabarda que descansaba apoyada contra el muro. Rompió a reír estrepitosamente no pude por menos que reír con ella.

Cruzó las piernas al mismo tiempo que volvía a concentrar su mirada en mí, - ¿De veras quieres saberlo?- Asentí sin pronunciar palabra. Se irguió, su mirada se torno triste, - Es la historia de una traición, la peor de las traiciones, porque la mano que portaba la daga era de la que yo consideraba mi hermana. – Me di cuenta de que esa herida aun no había cerrado, la mente febril de Selil no dejaría que llegara a cerrarse nunca. Después de relatar con todo lujo de detalles el suceso, se dirigió hacia la puerta con su alabarda al hombro, salió del dormitorio con paso firme. La mire caminar por el corredor hasta que desapareció de mi vista.

Me deje caer sobre la cama fije la mirada en algún punto del techo, no podía creer lo que Selil acababa de contarme. Conocí a Valkiria casi al mismo tiempo que a Selil, desde el principio fueron inseparables, a pesar de que Valkiria era una damphir, hija del primer vástago de Artanis, Sire del clan rival de la Reina de los Condenados. Artanis y Khendra mantenían una rivalidad desde el principio de los tiempos, una rivalidad que nos está encaminando a una confrontación entre clanes, enfrentado incluso a vampiros que durante años has convivido en paz.

Selil entro a formar parte de las criaturas de la noche de la mano de la Reina de los condenados, que vio en ella no solo a su mejor vástago, incluso a su posible sucesora. Khendra llevaba tiempo vigilando al capitán de la guardia de Assen, un hombre pervertido de carácter lascivo, que a pesar de representar a la autoridad, no tenía un ápice de decencia. Él andaba encandilado con los encantos de una bella muchacha que se había trasladado hacia poco tiempo al pueblo, Selil. El destino jugo sus cartas poniendo a Selil en el camino de aquel hombre que la acorralo en el paso de Rashaka, donde la violento dejándola mal herida, incluso mutilada. Khendra aprovecho para abrazarla y recibirla en el seno de su clan, sin imaginar por un momento que con ese abrazo estaba firmando su propia sentencia de muerte.

Durante las primeras décadas volcó su frustración en la práctica de las artes de la guerra, llegando a convertirse en una pasión que la llevo a convertirse en la guerrera más temida del reino. Los avances de Selil no pasaron desapercibidos para Khendra, ante la amenaza en la que se estaba convirtiendo Selil, decidió deshacerse de ella, lo que las llevo a un enfrentamiento a vida o muerte, en el que ninguna de las dos resulto vencedora. Sin embargo, este suceso marco un hito en la vida de Selil, agravando considerablemente sus problemas mentales.Años más tarde, durante los cuales se había convertido en una maestra con la alabarda, ese arma que no se separaba de ella y que incluso tenia nombre, conoció a Camil de Symbelmont, que la inicio en el culto a Akh’nash’vagma conocido como “El señor Oscuro” llegando a convertirse junto con Camil en su hija predilecta.



miércoles, 16 de septiembre de 2009

Premios al Blog


Desde que empecé a escribir en este blog, nunca había metido ninguna entrada que no fuera de la historia que estoy escribiendo, pero en esta ocasión voy a hacer una excepción para agradecerles a Onminayas y a Virginia que se hayan acordado de mí blog para concederle estos premios. Es importante para mí porque tanto Las Palabras Insolentes como Criaturas de la Noche, son blogs que admiro.
El premio Amantes de lo Prohibido viene con una pregunta.
¿Quién sería tu amante prohibido?
Supongo que al ser un amor prohibido lo llevaria en secreto, si os lo digo dejara de ser secreto.
Ademas debo otorgar a mi vez este premio a otros blogs, esto si que me resulta dificil, ya que aun no he encontrado ninguno que no se lo merezca. Pero he de hacerlo. Les paso el testigo a:

Me he dejado a muchos, espero que me perdonen.

martes, 15 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 28.


Acerqué una silla y me senté a su lado, tomé su pequeña mano entre las mías y la acerqué a mis labios besándola con total fascinación. No era solo la belleza sobrenatural de aquella mujer lo que me cautivaba, la admiraba profundamente. Su poder de seducción era tal que ningún ser, tanto mortal como inmortal, había podido resistirse a su mirada hechizadora. Sus facciones un tanto felinas, su cuerpo perfecto, y su mente ligeramente perturbada, la convertían en la criatura más letal que haya conocido la historia.

La observé mientras conversábamos; manteníamos una conversación distendida sobre sus correrías en todos estos años que me había mantenido alejado de esta parte del mundo, los años habían dejado en ella una madurez que la hacía aun mas irresistible si eso era posible. Su larga cabellera caía lacia por su espalda, enmarcando su bello rostro tan pálido como la misma nieve, sus ojos rasgados de un extraño color malva centelleaban como dos luceros en mitad de la noche, su sonrisa sensual, sus ropas tapaban tan solo algunas partes de su cuerpo escultural, dejando a la imaginación volar en ardiente deseo.

Sin embargo, yo siempre la vi como una niña, aquella chiquilla valiente y retadora, ávida de sangre, insaciable como cualquier neonato, pero con un brillo astuto y feroz en sus pupilas. No sé bien el motivo por el cual Selil me contaba entre sus buenos amigos, habia quien pensaba que tan solo es capaz de quererse a sí misma, pero nada más lejos de la realidad, a pesar de que los sucesos vividos en su vida mortal la habían convertido en un ser duro y traicionero, sólo algunos contábamos con su peculiar manera de querer, y estoy seguro de que llegado el momento, no dudaría en dar su propia vida.

Su rostro se turbó por un segundo, cuando me contó como Valkiria su medio hermana la había traicionado, enfrentándola a uno de los dioses más malvado y poderoso. Aquel suceso casi le costó la vida, me sorprendí a mi mismo mirándola incrédulo cuando me dijo que la había ayudado un Paladín llamado Tyrael, un hombre santo ayudando a un vampiro, sin duda y a pesar de mi ya larga existencia, no había vivido lo suficiente para dejar de desconcertarme. Su expresión cambió radicalmente, sus labios dibujaron una amplia sonrisa mientras me contaba con todo lujo de detalles el asedio al que sometió a Assen, comandando las tropas de una poderosa y cruel diosa. Asolando por completo el pueblo y a casi todos sus habitantes. Me alegre de contar con ella en esta batalla, y sonreí al descubrir que casi me daban pena los licántropos.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 27.

Se giro sonriendo sarcástica, empujo sin esfuerzo la pesada puerta y me invito a entrar con un gesto, entre en la habitación con paso vacilante, me sorprendió comprobar que se trataba de un dormitorio. Oí una risilla malévola a mi espalda pero cuando me gire ella había desaparecido, cerré la puerta y la aseguré en un acto reflejo.

Me despoje de la capa, dejándola sobre un sillón de orejas que había en uno de los rincones, pensé que se llenaría de polvo, como el resto de los muebles que atestaban aquella estancia. Al igual que el resto de las dependencias de aquella especie de castillo que Rolan había tomado como morada, eran muebles que con toda seguridad habían conocido tiempos mejores. Una gran cama con dosel presidia la estancia, me pregunte si habría pertenecido en su día al mismo rey o quizá a alguien de la corte. Me deje caer sobre la cama esperando levantar una nube de polvo, pero no fue así, a pesar de todo las ropas que la cubrían estaban limpias. A los pies de la cama se hallaba un viejo escritorio provisto de algunas plumillas y varios rollos de pergamino, a la derecha un candelabro con seis velas prácticamente consumidas.

Me dirigí hacia el escritorio con la intención de escribirle a Drusila, pero unos golpes en la puerta me hicieron detenerme en seco, pensé que se trataría de Varië que regresaba para seguir fustigándome con sus miradas y sus risitas. Abrí la puerta de golpe dispuesto a enfrentarla cara a cara, para mi sorpresa no era ella.

Mis labios dibujaron una sonrisa sincera al contemplar el rostro de una de las mujeres más bellas que jamás había conocido, Selil. Me devolvió la sonrisa e inclino ligeramente la cabeza a modo de saludo. Entro en la alcoba con paso firme y decidido, seguí sus pasos con la mirada sin poder cambiar la expresión de mi rostro, sabedor de que la miraba entre aturdido y aliviado por su presencia. Hasta este momento, había evitado pensar mucho en ello, pero estaba seguro de que mi existencia estaba a punto de llegar a su fin si llegaba a producirse el enfrentamiento con la manada, pero la presencia de Selil me tranquilizaba, las cosas comenzaban a estar más proporcionadas.

Selil, conocida como la Dama Blanca, entro mirando cada detalle de la alcoba, serena y pausada observo cada uno de los rincones, se acerco al sillón y estiro mi capa para sentarse encima, luego me dedico una sonrisa burlona y se dejo caer sobre el respaldo. La mire embobado, no había cambiado nada, la conocí cuando era apenas una chiquilla, sus vivencias cuando aún era un ser mortal, la habían llevado a convertirse en una de las vampiresas más crueles y traicioneras, llegando incluso a volverse contra su propio sire al que sin dudarlo llegaría a darle muerte en cuanto tuviera la menor oportunidad.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 26.

No habrían transcurrido más de dos o tres minutos cuando se nos unió el mago, que a pesar de ser humano, resultaba siniestro incluso para nosotros. Me agazapé en uno de los oscuros rincones, intentando pasar desapercibido, nunca me gustaron los arcanos, y este no era una excepción. Rolan se dejo caer pesadamente en una de las ajadas jamugas de cuero repujado, el hechicero se acercó a él con paso lento mientras iba recitando algo ininteligible entre dientes. Observé desde mi posición, sin mover un solo musculo de mi cuerpo, los canturreos parecieron cobrar más fuerza y a medida que iba subiendo de tono, el viejo hechicero más se encorvaba. Mire a Rolan, parecía sereno, pero sus manos atenazaban los brazos de la jamuga con tal fuerza que pensé que se harían astillas en cualquier momento.

Rolan se levanto de un salto y callo justo al lado del viejo, el corazón de aquel hombre comenzó a latir a toda velocidad, parecía que se le fuera a salir del pecho, ese sonido me puso alerta, cuando quise darme cuenta estaba rígido y en posición de ataque, fue entonces cuando supe con certeza que lo que aquel viejo nauseabundo recitaba eran conjuros de protección, una sonrisa se dibujo en mi rostro. Me centre en observar a Rolan que parecía estar fuera de sí, - Habla ya, di lo que tengas que decir y márchate no soporto tu presencia. – Pensé que el hechicero se desvanecería en aire presa del pánico, pero no pareció inmutarse. Le oí entre susurros relatar sus visiones de destrucción y muerte en ambos bandos, pero sin duda la peor parte se la llevarían los vampiros, en este momento eran un grupo más reducido y menos preparado.

Rolan abandono la estancia dando un portazo tras de él, era obvio que la información del arcano no le había complacido en absoluto. No estaba seguro de si debía seguirle o seguir agazapado en aquel oscuro rincón, pero la idea de compartir esa pequeña estancia con el hechicero no me agradaba demasiado. Me puse en pie y me dirigí hacia el pasillo evitando el contacto con aquel extraño ser.

El pasillo estaba desierto, estaba dispuesto a volver sobre mis pasos cuando de repente y sin saber de dónde había salido tenia ante mí a la pequeña Varië, un escalofrío recorrió mi espalda, ella lo noto y esbozo una sonrisa burlona, complacida sin duda con mi reacción. Me pidió que la siguiera, seguí sus pasos como un cachorro asustado intentando no mostrar demasiado la ansiedad que me consumía. Ella caminaba despacio, alargando a propósito mi agonía, estoy seguro de que disfrutó todos y cada uno de los segundos que tardamos en llegar ante una de las puertas que flanqueaban los lados del pasillo.

martes, 8 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 25.

Salí de aquella casa consciente de que debía retomar mi viaje sin demorar un día más, la guerra entre vampiros y licántropos no era mi guerra, al menos no era el momento de entrar en una confrontación, aunque he de admitir que la posibilidad de tener un poco de acción se me hacía muy atrayente. Por otro lado, si abandonaba a Rolan en esta ocasión, más me valía no volver a cruzarme con él. Tampoco me agradaba la idea de dejar que los míos cayeran entre las fauces de aquella manada.

Alcance a Rolan entrando en las cloacas, avanzamos sin mirarnos, sumidos en nuestros propios pensamientos, hasta llegar a su residencia. Las puertas se cerraron detrás de nosotros y pude oír como se cerraban los cerrojos detrás de nosotros. En ese momento fui consciente de que aquel viejo vampiro, con aires de suficiencia, estaba realmente preocupado por el futuro de su progenie.

Le seguí por los corredores, al llegar al zaguán redondeado, se desvió por la puerta de la izquierda, fui tras él en la certeza de que en cualquier momento no me dejaría seguirle, pero no fue así, recorrimos aquel largo pasillo salpicado de pequeñas pero gruesas puertas de cuarterones hasta que se detuvo delante de una de ella, se giro hacia mí y me miro por su expresión supe que estaba dudando si dejarme entrar, luego miro hacia la puerta y con un gesto de la cabeza me indico que entrara.

Empuje la puerta que cedió dócil sin ofrecer la menor resistencia, entre y él me siguió. La pequeña habitación estaba bastante oscura, iluminada por decenas de velas colocadas sin orden en cada uno de los rincones que quedaban libres en los pesados aparadores. Al fondo una vieja librería se extendía de una pared a otra cubriendo todo el frontal, rebosaba de pesados libros de diferentes tamaños y grosores, y acumulaban tanto polvo que parecían incluso más antiguos que el propio Rolan. Me sorprendió que no hubiera tapices, era la única estancia en la que había estado que no tenia esos viejos tapices raidos vistiendo sus paredes.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 24.

La escuche hablar sin prestar demasiada atención, mi desanimo crecía por momentos, esta no era mi lucha y no podía posponer mi regreso a Assen por más tiempo, si no llegaba a tiempo Dru se casaría con ese hombre con el que ahora compartía su existencia, y conociéndola sabía que si lo hacia la habría perdido para siempre. Además necesitaba alimentarme, mire de soslayo la mujer seguía hablando mientras gesticulaba con las manos. Rolan la miraba con ese gesto gélido de su rostro en el que es imposible saber que estará pensando, por un momento llegue a pensar que daría un paso hacia ella y le atravesaría el cuello con sus colmillos si así hacia que se callara. Pero no fue así. Empecé a inquietarme, Rolan capto mi estado de ánimo y corto la palabrería de la mujer con un gesto. –Nos haremos cargo de ese problema siempre que te mantengas al margen – ella abrió la boca para protestar pero se contuvo provocando en su semblante un gesto un tanto grotesco. Finalmente asintió.

Volvimos hacia la ciudad sobre nuestros pasos el camino sin duda se me hizo más corto, el ansia me consumía, necesitaba alimentarme. Al salir del bosque, las primeras casas de la ciudad empezaban a dibujarse. Estaba en tensión, todo mi cuerpo reaccionaba al mismo tiempo, mis ojos adquirieron un tono rojizo, olfatee buscando una presa. Me pare en seco al percibir los latidos acompasados de un corazón, sin duda humano, gire y frente a mi quedaba una ventana ligeramente entreabierta, me acerque con gran sigilo y mire dentro de la casa.

Una mujer dormía plácidamente, sin imaginar si quiera lo que se venía encima, di un salto ágil y aterrice dentro de su dormitorio sin hacer el menor ruido. Me acerque a ella y un segundo después estaba muerta. No sentí remordimiento alguno, soy un vampiro, esta es mi vida.

martes, 1 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 23.

Nos adentramos en el bosque que lindaba por el norte con la ciudad, Rolan se detuvo por un momento como dudando en qué dirección deberíamos seguir, pero reanudo la marcha a la misma velocidad que habíamos mantenido durante todo el recorrido. Entre la espesura del bosque pude divisar un claro, la tenue luz de luna dibujaba los contornos de al menos cuatro figuras, fuimos aminorando la marcha hasta entrar en el claro, nos quedamos clavados en el borde, en ese momento las figuras se reagruparon en el centro, observe a Rolan por el rabillo del ojo, intentado adivinar cuál sería su siguiente paso.


Una de las figuras se acerco a nosotros custodiada por las otras tres, por su porte y su contoneo al andar me di cuenta de que se trataba de una mujer. Al llegar casi a nuestra posición se detuvo, nos saludo para centrar su interés inmediatamente en Rolan. Mire con desconfianza a mi alrededor, comprobando que no hubiera alguien más escondido entre las sombras del bosque, tras comprobar que estábamos solos centre mi atención en los tres tipos que la acompañaban, intentando valorar cuales serian nuestras posibilidades en el caso de una confrontación. Eran tipos fuertes, pero no más que nosotros, aunque para nuestra desgracia nos doblaban en número, si se producía un enfrentamiento era muy probable que saliéramos mal parados.


Me saco de mi abstracción la mano de la mujer que había extendido hacia mí con el claro propósito de que se la besara, tome su mano y sin apartar la vista de sus ojos se la bese dedicándole una seductora sonrisa, ella devolvió el gesto sonriendo también, entonces centre mi atención en la conversación que mantenían ella y Rolan, al parecer eran aliados, eso me tranquilizo bastante. La mujer nos pedía ayuda, los licántropos con los que me cruce en el bosque habían entrado en su territorio, era una manada grande y devastadora, ya habían liquidado a varios de sus esbirros. Parecía desesperada.