Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

viernes, 30 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 49.

Conseguí a duras penas mantener la compostura, decidí que no era el momento de abrir la misiva y guardé el pergamino en el bolsillo interior de mi levita. Miré a Selil, observaba al tipo con el que un rato antes charlaba mostrándose sensual y provocadora, con un gesto de hastío dibujado en su rostro, sin duda sus negociaciones habían concluido. Dudé un momento entre acercarme a ellos o esperar a que aquel incauto terminara de molestarla, algo que sin duda podría costarle la vida. No había decidido aún qué hacer cuando la puerta del local se abrió con tal fuerza que golpeó contra la pared, instintivamente nos pusimos en guardia. Selil se lo quitó de en medio de un empujón, y éste cayó pesadamente al suelo provocando a su vez la caída de un par de banquetas contiguas. Segundos después la tenía a mi lado.

Un grupo de unos nueve individuos irrumpió estrepitosamente en la entrada del local, avancé unos pasos hasta el centro de una de las pistas de baile con Selil pegada a mí como una sombra, calculé las posibilidades que tendríamos de salir victoriosos en el caso de plantearse una contienda, sin duda aquel nutrido grupo de matones no tenía muchas posibilidades en un enfrentamiento contra dos vampiros –pensé- o quizá era lo que quería pensar en ese momento. El grupo se abrió en dos columnas, enfundada en una oscura capa, encapuchada y con el rostro cubierto avanzó con paso lento la silueta de una mujer menuda. En ese momento Selil adelantó unos pasos hacia ella adoptando en cada zancada una actitud amenazante. Las miradas de ambas mujeres se encontraron, el rostro de Selil permanecía inalterable, el de la otra mujer no pude verlo ya que tan solo mostraba sus ojos, que a pesar de ser muy hermosos, entre que poseían un tono tan claro que era difícil diferenciar el iris del resto, una cicatriz que surcaba su ceja izquierda en diagonal, rozándole el ojo y haciendo que éste se viera más rasgado que su gemelo, le conferían una mirada amenazante y cruel.

Fue entonces cuando pude reconocerla, se la conocía entre la calaña como K, era la cabecilla de una banda de salteadores que asolaban la región. Una mujer fría y calculadora que había pasado de ser una simple ratera de tres al cuarto a capitanear todo un ejército de asesinos despiadados. La tensión entre ambas mujeres iba creciendo por momentos, uno de los secuaces de K se acercó hasta ella situándose justo detrás, avancé hasta Selil quedándome un paso por detrás de ella. El elfo me lanzó una mirada amenazadora, sin duda se trataba de Vildur, un drow renegado y servil que hacía años que la seguía como un perro fiel. Me llamó la atención el hecho de que ambos lucieran una cicatriz parecida, su tez oscura de un gris ceniciento, su melena blanca y aquella mirada plena de crueldad y fiereza, le otorgaban un aspecto bastante perverso. Ante aquella mirada fruncí el ceño mostrando los colmillos en señal de clara hostilidad. No pareció intimidar demasiado al drow que pese a saberse inferior sin duda contaba con el apoyo de su cuadrilla.


- No recuerdo haberos invitado a esta fiesta… -Selil sonrió, cruzándose de brazos.


- Siento discrepar, querida… pero tienes algo que me pertenecía y a lo que no estoy dispuesta a renunciar –repuso la pelirroja en tono altivo.


- Cariño… puede que no lleve corona, pero yo soy la verdadera reina de todo esto. Todo lo que entra en el reino me pertenece legítimamente, a no ser que algún valiente ose discutírmelo… -Selil paseó la vista por todos los integrantes de la banda y esbozó una sonrisa, mostrando los colmillos- en cuyo caso tendría que estar dispuesto a rebatirlo con su propia vida. ¿Alguien quiere jugar?

K sonrió de medio lado y, a pesar de ser mortal, en un rápido movimiento se había agachado hasta extraer una daga que reposaba en el interior de su bota y se la lanzó, alcanzándole en el pecho. Hubo un momento de silencio. K amplió la sonrisa y todas las miradas se centraron en Selil… que irrumpió en una sonora carcajada mientras arrancaba la daga de su pecho.


- ¿Esto es lo mejor que sabes hacer, “querida”? –dijo, imitando su tono de voz.


Entonces, con la misma daga manchada de su propia sangre realizó un movimiento casi imperceptible y uno de los súbditos de K se desplomó en el suelo; la daga se había clavado en el centro del corazón.

martes, 27 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 48.


No era extraño que Selil no tuviera a nadie apostado en la puerta de su local, dado que había adquirido cierta fama de despiadada, convirtiéndola en una mujer bastante temida en ciertos círculos de la sociedad de Assen, concretamente entre la clase de gente que frecuentaba estos lugares.

Empujé la puerta y ésta cedió sin ofrecer resistencia. La puerta se cerró tras de mí, tardé unos segundos en acomodar la vista a las luces que iluminaban el interior del aquel antro, había estado allí cientos de veces, aún así no dejaba de sorprenderme cada vez que volvía a traspasar el umbral. La entrada estaba iluminada tan sólo por luces de diferentes colores que se proyectaban desde el salón. Los muros de la entrada estaban decorados con unos símbolos que reconocí nada más verlos, una cobra enroscada en una rosa negra: el emblema del Oscuro. Había tapado las ventanas con gruesos cortinajes que impedían el paso de la menor claridad, avancé unos pasos para situarme a la entrada del salón.

Aquél sitio resultaba acogedor, a pesar de estar un tanto recargado, Selil le había conferido un estilo bastante peculiar. Dos pequeñas pistas de baile rodeadas de sofás con forma de media luna dividían el espacio en dos zonas claramente diferenciadas, el resto del suelo había sido cubierto por alfombras de distintos colores. Una estatua de Selil se hallaba ubicada justo en mitad del salón. Situados en algunos puntos estratégicos del recinto, unos incensarios humeaban incesantes despidiendo una fragancia ligera que inundaba el local con aromas a musgo de roble y lavanda, con ligeros toques de canela y nuez moscada.

Selil se hallaba al fondo, junto a la barra. Una sonrisa maliciosa se dibujaba en sus labios mientras charlaba animadamente con un hombre, sin duda ejercía su poder de seducción a favor de su negocio. Toda aquella parafernalia se había montado con la sola intención de dar salida a sus productos especiales, como gustaba llamarlos, que no eran otra cosa que bebidas exóticas traídas desde los puntos más recónditos del reino y algunos tipos de hierbas y polvos alucinógenos. Algunas bastante inofensivas que se añadían al tabaco de pipa, otras se tomaban en infusión. Éstas últimas podían incluso matarte si te pasabas en su justa medida. Decidí esperar a que acabaran las negociaciones para hablar con ella, me dirigí hacia la barra y me senté en uno de los taburetes, me volví distraído hacia las chicas que danzaban en la pista de baile, sus ropas apenas tapaban algunas partes de su cuerpo, sonreí al ver la cara de aquel monje que sentado en una pequeña mesa babeaba con la lujuria dibujada en sus ojos.

La puerta del local se abrió repentinamente, volví la mirada hacia la entrada en un acto reflejo, en ese momento cruzaba la puerta una misteriosa mujer envuelta en una capa de terciopelo negro, se quedo parada un instante, parecía buscar a alguien. Comenzó a caminar hacia mí con paso lento pero decidido, intente descubrir el rostro que se ocultaba bajo aquella capucha. Se detuvo ante mí, inclino la cabeza a modo de saludo y extendió la mano para entregarme un pergamino lacrado. Miré a la mujer esperando que dijera algo, pero se alejo sin decir una sola palabra. Me volví hacia Selil, por su expresión me di cuenta de que había reconocido a la mujer, su sonrisa se había borrado del rostro dando paso a un gesto de contrariedad. Miré el sobre, había escrita una sola palabra que me paralizó por completo durante unos segundos. Pasé la yema del dedo despacio por encima acariciando cada una de las letras, una tremenda inquietud se apoderó de mí al ver escrito: “Drusila”.

sábado, 24 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 47.

Según pasaban las horas, que se me estaban haciendo interminables, me fui relajando, apoye la espalda contra la pared del barco y deje que los recuerdos que me oprimían el pecho emergieran de algún oscuro lugar en mi mente donde residían desde hacia tanto tiempo. Volví a los tiempos en los que mi única preocupación era contemplar la belleza serena de Dru, perderme en la profundidad de sus ojos de un azul intenso. Sentir que era mía, que nada en el mundo podría arrebatármela era una sensación casi irreal. No se han inventado las palabras que puedan expresar lo que sentía al besar sus labios, al estrecharla contra mi pecho en un abrazo que nos fundía convirtiéndonos en un solo ser.

Me sobresaltaron unos pasos que sonaron sobre mi cabeza sacándome repentinamente de mi abstracción, reaccioné instintivamente, de un salto me incorporé y adopté una posición de ataque, agucé el oído intentando reconocer de donde y a quien podrían pertenecer aquellas pisadas, espere cauto al abrigo de las sombras. Los pasos recorrían el pasillo de los camarotes deteniéndose de vez en cuando. Me acerque a la trampilla que daba acceso a la bodega con la esperanza de oír algún ruido, algo que me diera una pista de quien podría andar con total impunidad por el barco de Arien. Cuando escuché como los pasos se alejaban decidí que había llegado el momento de salir de allí y enfrentarme a quien quiera que fuera el dueño de aquellas pisadas.

Salí al corredor que comunicaba los camarotes con el pequeño salón, estaba vacío. Dudé por un momento si dirigirme hacia la alcoba donde había dejado a la muchacha semi-incosciente o cruzar la estancia y salir del barco. Mientras me decidía una de las puertas se abrió despacio y ante mis ojos apareció Arien, semidesnuda, con el cabello revuelto y la cara bastante pálida, me dedico una dulce sonrisa al pasar junto a mí, ni una sola palabra broto de sus dulces labios. Me di cuenta en ese momento de que había decidido borrar de su memoria los momentos que habíamos compartido unas horas antes. Decidido cruce el salón, para esa hora ya habia anochecido, la luna asomaba tímidamente entre los espesos nubarrones que cubrían gran parte del cielo. Me pregunte donde se encontraría Selil, una idea cruzo mi mente a la velocidad del rayo, ella tenía un garito en los suburbios, quizá se habría refugiado allí.

Atravesé el puerto, enfilé las estrechas calles que me conducirían directamente a los suburbios, Las calles de Assen se fueron tornado progresivamente en callejones oscuros y neblinosos, debido probablemente a la proximidad de las zonas más húmedas de la región. Pasé por delante de la prisión, esperaba encontrar un par de guardias apostados en la puerta, pero no fue así, sonreí ante la idea de que incluso a los aguerridos guardias les infundía respeto la noche en aquellos oscuros callejones. Tomé un callejón sin salida que se abría paso entre dos hileras de casas destartaladas que amenazaban con venirse abajo en cualquier momento, el garito se encontraba al otro lado del recodo. A pesar del sitio que Selil había elegido para ubicar su antro, había colocado un cartel al lado de la puerta, las luces de las antorchas dejaban distinguir claramente su nombre “OPIUM”.

viernes, 23 de octubre de 2009

Jugando con Manu.




Esta vez voy a jugar con Manu, he de reconocer que me he reído mucho mientras hacia este juego, algunas respuestas se pueden considerar incluso coherentes xD.

Se supone que tengo que nominar a alguien pero he pensado que como es un juego bastante divertido os voy a invitar a todos los que me leéis a participar, así no reiremos todos ;)

Las reglas para los que decidáis hacerlo son:

- Abre toda la música de tu ordenador en el reproductor que sueles utilizar.
- Activa el modo de reproducción aleatoria.
- En orden, el titulo de cada canción que vaya saliendo será la respuesta a cada pregunta.



Estas son mis respuestas.

1. ¿Cómo me ve el mundo?
Are you gonna be my girl? (¿Quieres ser mi chica?) – Jet Lag

2. ¿Tendré una vida feliz?
Es hora de marchar – Mägo de Oz (¬¬)

3. ¿Qué piensan mis amig@s de mí?
Dust in the Wind (Polvo en el Viento jaja soy un incordio) - Kansas

4. ¿Alguien me desea secretamente?
Forever (Para siempre) - Stratovarius

5. ¿Cómo puedo hacerme feliz?
Duerme conmigo – Marea (con mi gordito jaja)

6. ¿Qué debo hacer con mi vida?
Cada dos minutos – Despistaos, La Fuga y Mara (qué entretenida voy a estar jaja)

7. ¿Tendré hijos?
I Want to Know What Love Is (Quiero saber lo que es el amor) – Foreigner (por lo menos lo voy a intentar xD)

8. ¿Cuál sería un buen consejo para mí?
Send Me An Angel (Envíame un ángel) – Scorpions (me parece bien jajaja)

9. ¿Cómo seré recordad@?
Angel – Aerosmith (si es que la que vale…)

10. ¿Cúal es mi canción para bailar? de vida.
Use Your Illusion (Usa tu ilusión) – Guns N’ Roses (está bien, pondré mucha ilusión en bailar)

11. ¿Cuál es mi tema actual?
Shy (Tímida) – Sonata Arctica (:$)

12. ¿Cuál piensan los otros que es mi tema actual?
Xana - Avalanch

13. ¿Qué canción pondrán en mi funeral?
Lija y Terciopelo – Marea (espero que al menos no queméis mi ataúd jaja)

14. ¿Qué tipo de hombre/mujer me gusta?
Lose You Tonight (perderte esta noche) – HIM (vamos lo que se dice un rollo rapidito jajaja)

15. ¿Cómo es mi vida amorosa?
Resurrection (Resurrección) – HIM (ya era hora u.u)

16. ¿Mis sueños son...?
Is This Love (Es este amor) – Whitesnake (es que soy muy romántica xD)

17. ¿Mi muerte será...?
Beautiful (Preciosa) – HIM (menos mal, porque lo que es el entierro va a ser de pena xDDD)

18.¿Este año será...?
Tears in Heaven (Lágrimas en el Cielo) – Eric Clapton (pero serán de alegría!! :D que ya tengo bastante con el entierro u_u)(sí, que escuchéis Marea en mi entierro me ha llegado al alma)

19. ¿Mi mente es...?
Let The Bodies Hit The Floor (Deja los cuerpos caer al suelo) – Drowning Pool (soy una psicópata^^)

20.- ¿Cuál es mi destino?
Mirror Mirror (Espejo, espejo) – Blind Guardian (espejito, espejito mágico, ¿cuál será mi destino? xD)

miércoles, 21 de octubre de 2009

Jugando con Dama Blanca. Again.



Agradezco a Dama Blanca el premio Señorita Literaria (no sé de dónde habrá sacado lo de literaria). Este premio sólo es para chicas, así que todas las chicas que me visitéis a que os llevéis este premio porque sería muy injusto dejarme alguna en el tintero.



Y este otro premio, también de manos de Dama Blanca (gracias guarrona), viene con un juego muy divertido 8-) (sí, divertidísimo). Consiste en explicar 7 rarezas que suelas hacer o que formen parte de tu personalidad. Y aunque dicen que soy rarita yo me veo de lo más normal jaja.

Ahí van mis rarezas:

1.- Yo pienso que soy muy valiente, pero Dama Blanca dice que soy una paranoica jaja y todo esto viene porque un día que se quedó a dormir en mi casa, estábamos acostadas y yo a las 4 de la mañana de repente me pareció escuchar un ruido en el salón y dije... ya está, han entrado a robar. Así que todo convencida me levanté de la cama, fui al cuarto de mi hermana y le cogí una katana que tiene colgada jajaja y salí agazapada por el pasillo escondiéndome en las sombras. Me quedé parada mirando el salón a oscuras y cuando me di cuenta, giro la cabeza y ahí estaba Dama Blanca detrás de mi, agazapada también, con esta cara: '_' y de repente me dijo:
DB: -pero... ¿qué coño haces a estas horas, imbécil?
SM: -estoy persiguiendo a un ladrón.
DB: -no creo que haya ningún ladrón, pero... por lo menos podías dejar de clavarte la katana a ti misma, ¿no?
Y me di cuenta de que me la estaba clavando en la pierna :) menos mal que no estaba afilada jajaja y aquí concluyen las fantásticas aventuras de Légolas y Aragorn, alias Dama Blanca y Susurros Mortales.

2.- Tengo mi versíón particular de los cuentos y villancicos de toda la vida. Como no me acuerdo de ninguno me los invento, así que una navidad estaba enseñándole a mi hermano pequeño un villancico y le canté lo siguiente:

La virgen se está lavando
con un poquito jabón
ya no me acuerdo de máaas,
naaanananananaáaaa.

Y también una vez le conté un cuento que decía así:

*Contando el cuento del lobo y los 7 cabritos* [...]entonces, el lobo llamó a la puerta y la cabrita pequeña que era una espabilá' le dijo a las hermanas:
-No abráis, que es el hijoputa del lobo que viene a comernos.
Y el lobo gritó:
-¡ABRID! ¡QUE EN VEZ DE SER UNOS CABRITOS SOIS UNOS CABRONES!

Jajaja así que ya no me dejan contar cuentos a los niños :(

3.- Me quedo en trance mirando los dibujitos de colores que hacen los fondos del reproductor de windows mientras escucho música. La gente me habla y no me entero, ando perdida por mi imaginación. Y no, no fumo porros.

4.- No me gusta que me hagan fotos, ni salir en ellas, ni las web-cam... ni todas esas cosas. Al contrario de Dama Blanca, que continuamente coge cámaras para hacerse auto-fotos. Ella es fotogénica, pero yo salgo fatal. Además no sé dónde he oído que te roban el alma. xD

5.- Colecciono peluches, tengo de todos los tamaños y colores, de Ice Age, de Los Simpson, de Scooby Doo, de Disney, de los Osos Amorosos, de Barrio Sésamo... pero mi favorito es Homer, que es genial =)

6.- Soy el cliente estrella de la tienda de videojuegos GAME. Tengo tres copias del NWN, dos copias de cada juego de Los Sims, incluidos los de accesorios, por si se me rompe alguno y ya no lo encuentro más ú_ù
Además, cuando me enteré de que iban a salir los Sims 3 llamé para que me apuntaran en la lista de espera, y tuvieron que abrirla sólo para mí porque llamé un año antes de que saliera el juego. Sí, un año, literalmente, no es una exageración jajaja
Cuando vayáis por el GAME de Villalba, veréis mi foto en grande en la puerta de la tienda, con un mensaje que dice: SHE IS OUR FUTURE. I WANT YOU.
Ya tengo encargado el Dragon Age, la expansión de Los Sims 3 Trotamundos y uno para Dama Blanca porque a mí me hacen descuento y a ella no jajaja

1...2...3...4...5...6...y...
7.- Quien piense que soy rara, que le den por el ojete. Jajajaja

Les paso el testigo a:

Virginia
Lacru
Dana
Kimet
Doloralfa
Fher
Darth Nihilus
Polidori
El Miedoso
Alma Oscura/Vampiro Oscuro

Espero que os lo paséis bien y que os gusten los premios.
Mordisquitos en la cara. Jaja.

domingo, 18 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 46.


Salí al pasillo, nunca había estado en esa parte del barco, una de las puertas que daban al pequeño corredor estaba entreabierta, me asomé sin llegar a entrar, era una pequeña cocina recargada de muebles altos y bajos, sobre el hornillo había un cazo con leche que aún humeaba. Seguí caminando hasta el fondo del pasillo, una puerta de madera recia ocupaba casi todo el frontal. Toqué varias veces con los nudillos, nadie contestó al otro lado, dudé un segundo pero finalmente empujé la puerta que cedió suavemente sin oponer resistencia. El camarote estaba en penumbras, una enorme cama con dosel se erguía majestuosa en mitad del dormitorio, los gruesos cortinajes cubrían los ojos de buey impidiendo que la luz del sol entrara en el receptáculo, detrás de un biombo pude observar una puerta más pequeña que supuse se trataría del aseo.

Me acerqué a la cama, Arien dormía profundamente, su melena negra parecía flotar entre los almohadones, una media sonrisa se dibujaba en su rostro, por un momento pensé que se hacía la dormida pero el acompasado movimiento de su pecho me decía lo contrario. Podía sentir su calor desde lejos, el sonido de su corazón y el olor de aquella mujer estaban despertando en mí sentimientos de lujuria. Intenté alejarme de la cama pero mi voluntad ya no me obedecía, mis pies parecían pegados al suelo. Ella se giró hacia un lado y al moverse su espalda quedó al descubierto, no sé en qué momento dejé de verla a ella para pasar a ver a Drusila, me senté a los pies de su lecho, introduje la mano por debajo de las sabanas y acaricié una de sus piernas subiendo despacio por el muslo. Arien dio un respingo, supongo que impulsada por mis manos heladas sobre su cálida piel. Me miró asustada sin atreverse a pronunciar una sola palabra. De un salto me situé a su lado, en cuestión de segundos la tenía entre mis brazos. Besé sus labios que cedieron a la presión entreabriéndose, su respiración me embriagó por completo, mis manos parecieron cobrar vida propia, recorrían su cuerpo deleitándose en cada caricia. La despojé de la poca ropa que llevaba encima y la hice mía, para ese momento ella estaba completamente entregada, el deseo y el ansia me dominaron por completo. Clavé los colmillos en su cálido cuello y bebí su sangre. En ese momento me di cuenta de que no era Drusila, la sangre caliente de Arien corría por mi garganta provocándome una sensación de intenso placer.

Me aparté de ella y lamí la herida. La muchacha estaba inconsciente, la dejé recostada sobre los almohadones y abandoné el camarote cerrando tras de mí. Bajé a la bodega y me agazapé en uno de sus rincones más oscuros, al cobijo de unas cajas de comida, decidí esperar a que llegara la noche y abandonar aquél barco. Sabía que cuando Eolion supiera lo que había pasado vendría a por mí y me haría pagar lo que le había hecho a su hermana.

jueves, 15 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 45.

Llegamos a Assen bien entrada la noche, las calles desiertas y mal iluminadas proyectaban sombras que nos ofrecían las posibilidades necesarias para pasar desapercibidos, sabíamos que el pueblo estaba bien vigilado por los guardias que rondaban de noche y de día, desde el enfrentamiento que la llevó a su total destrucción, en el que Selil había comandado las tropas del asedio. Nos detuvimos en uno de los callejones, a lo lejos se escuchaban los sonidos provocados por el cambio de guardia. Nos encaminamos hacia la cala con la esperanza de que el barco de Arien estuviera fondeado allí. Me alegró comprobar que así era. Arien nos cobijó en su barco, era la hermana menor de Eolion, nunca comprendí bien que la impulsaba a mantener la admiración que sentía por Selil, pero en ese momento me alegré de que fuera así. Selil debería mantenerse oculta al menos hasta que yo comprobara como estaban los ánimos en Assen.

Aún faltaban unas horas hasta el amanecer, dejé instalada a Selil y volví a las calles de Assen. Atravesé el pueblo, sus calles vacías en cierto modo me proporcionaba la serenidad que hasta ese momento no me había dado cuenta de que anhelaba. Tomé la calle que enfilaba hacia el norte, al pasar por las cercanías del templo escuché lo que a todas luces era una reunión, sus voces llegaban apagadas por la distancia. Sonreí al comprobar que las costumbres de aquél pequeño pueblo no habían variado y la comunidad vampírica seguía reuniéndose noche tras noche junto al templo.

Abandoné la aldea internándome en el bosque, evité caminar por el sendero que lo atravesaba, a estas horas era más que probable encontrarme con Drusila. Si sus hábitos de caza no habían variado, le gustaba hacerlo en las últimas horas de la noche, casi al despuntar el alba, cuando los labriegos se dirigen a sus campos. Me acerqué hasta el límite de la finca y observé desde la distancia. Las luces de la casa titilaban tenues, sin apenas alumbrar un palmo a su alrededor. Esas luces encendidas me decían que Drusila no estaba en la casa. Busqué una posición desde la que pudiera divisar la entrada y me acomodé para esperar su regreso, necesitaba verla, aún en la distancia y tan sólo por un instante. Mi espera no fue larga, al cabo de un rato Drusila atravesó una pequeña puerta que comunicaba el jardín con el bosque. La miré, deslumbrado por su belleza; me paralicé al comprobar que el amor que sentía por ella no solo no había disminuido ni un ápice, al contrario era incluso más profundo e intenso. Sentí la necesidad apremiante de estrecharla en mis brazos, de apretarla contra mi pecho y volver a susurrarle cuanto la amaba, pero me contuve, ella ahora mantenía una relación con otro hombre. ¿Cabía la posibilidad de que hubiera dejado de amarme? Sacudí la cabeza en un intento de alejar de mi mente ese pensamiento y regresé veloz al embarcadero.

Las luces del alba comenzaban a teñir el cielo con tonos violáceos que anunciaban amenazadores la inminente salida del sol cuando cerré tras de mí la puerta que daba acceso al barco. La sala del barco estaba vacía. La estancia no era muy grande, Arien la había amueblado con un gusto exquisito; supuse que la mayoría de los objetos valiosos que adornaban la librería que había adosada contra una de las paredes laterales, eran objetos de dudosa procedencia. No se había podido probar nada contra Arien, pero la guardia la vigilaba por su fama de picara, timadora de mano larga y guante blanco. Me pregunté donde se habrían metido Selil y el resto de las mujeres…

martes, 13 de octubre de 2009

Jugando con Dama Blanca

Selil me pasa el juego que tiene tela para devolverme la pelota, es verdad que se lo pase por el msn pero me lo habian pasado a mi antes. Vamos que yo no me lo he inventado xD.

1.- Cuéntanos una fantasía y con quién lo realizarías.
Escaparme unos días con él a algún lugar alejado, disfrutar de cada segundo que estuviéramos juntos. Amarnos hasta caer rendidos y despertar entre sus brazos. Y la persona seria un chico que me encanta pero que vive lejos de mí.


2.- Cuéntanos una situación comprometida, divertida, que te avergonzara,
etc.
Una vez llevé a mi perro al veterinario, y le mordió en la mano. Y en lugar de regañarle puse voz de mimos y le dije “no seas malo gordito, no le muerdas, se buenecito” cuando mire al veterinario, me estaba mirando flipao à ._.U

3.- Un amor prohibido con detalles escabrosos.
No es exactamente prohibido, pero es complicado por la distancia. Es un chico que me encanta y con el que me gustaría llegar a tener algo mas a pesar de que esta lejos.

4.- Cómo sería tu amante perfecto/a.
Me gustaría que fuera cariñoso, dulce, romántico, divertido, que no solo fuera mi amante, también mi amigo, mi cómplice, mi apoyo. Con el que pudiera compartirlo todo sin tabúes.

5.- Confiésanos tus zonas erógenas.
El cuello, los hombros y la espalda.

6.- Qué te resulta más sensual de tu amante.
La mirada, las manos y los labios.

7.- Una canción para hacer el amor.
Whitesnake – Give Me All Your Love Tonight

8.- Un lugar para hacer el amor.
En un jacuzzi, una bañera gigante. Resumiendo, en el agua.

9.- ¿Alguna comida o bebida afrodisíaca?
Fresas con chocolate.

10.- ¿Con qué blogger tendrías un affair?
Con Fher que además de ser muy guapo es genial.

Les voy a pasar el testigo a unos cuantos, pero como es un juego desde aqui os invito a los que no esteis y os apetezca jugar a que os animeis xD.

Virginia
Abismo
Arwen
Dana
Lacru

Y ahora los chicos que se mojen tambien xD

Fher
Pedro
Polidori
Eluge
Tyrael

Libro de Marcus - 44.

Artanis llegó al filo de la madrugada siguiente, su rostro aún manteniéndose joven, revelaba el enorme sufrimiento de aquel viejo vampiro, parecía que los siglos que llevaba vividos le hubieran caído de golpe sobre sus espaldas. Rolan acomodó un dormitorio cerca del salón donde reposaba el féretro de su única nieta.

Decidí que había llegado el momento de hacer acto de presencia en el velatorio, recorrí los pasillos que conducían hasta aquella sala que si antes me parecían húmedos y mugrientos, ahora se habían tornado lúgubres, el dolor que sentía oprimiéndome el pecho se acentuaba a medida que me iba acercando al salón. Me paré frente a la puerta dudando si traspasar el umbral o salir corriendo para refugiarme en los brazos de Drusila. En ese momento me pregunté si alguien se habría acordado de comunicarle la muerte de Val, eran muy amigas.

Giré el pomo y empujé con cuidado la puerta que cedió dándome paso a la sala, sin duda la decoración de aquella estancia había sido cubierta por telas negras en señal de duelo, probablemente Silmarien lo habría ordenado por cortesía con el antiguo. Mire a mi alrededor, además de haber cubierto los tapices con gruesas telas negras, habían llenado la estancia de velas que titilaban acrecentando las expresiones de dolor en el rostro de los presentes. El féretro se hallaba situado en mitad del recinto, Tyrael se hallaba de pie junto a él, una de sus manos reposaba sobre las de Val y con la otra le acariciaba el rostro, la mirada vacía perdida en algún lugar de sus pensamientos. A los pies del sarcófago habían colocado un par de sillones, en uno de ellos pude ver a Artanis, sentado hacia delante con la cabeza cubierta con las manos. No cambió de postura durante el tiempo que permanecí en el recinto. Selil andaba nerviosa de un lado a otro de la habitación, de vez en cuando se acercaba al ataúd, reprendía a Valkiria por seguir durmiendo, para regresar de inmediato a sus continuos paseos. Me acerqué a ella, Tyrael se puso algo tenso pero no se movió ni cambió la expresión de su cara, la besé en la frente y susurré entre dientes: adiós querida niña.

Tan pronto terminó el sepelio de Valkiria, reemprendimos el regreso a Assen, conseguí convencer a Selil de que me acompañara, estaba demasiado abatida y a pesar de no querer reconocerlo, el dolor y su mente trastornada podrían degenerar en llevarla a cometer alguna locura. Ya había perdido a una buena amiga y no estaba preparado para dejar marchar a otra. Nos pusimos en camino Selil que parecía haber perdido la poca cordura que le quedaba, Tyrael que seguía sin estar en este mundo, Camil y yo. Durante el viaje de regreso no me aparté de ella en ningún momento, a pesar de que aparentemente estaba bastante entera Selil se había sumido en un ostracismo que la mantenía alejada de la realidad, se negaba a admitir que Valkiria había muerto y las pocas veces que me dirigía la palabra, hablaba de ella como si nos acompañara en el viaje de retorno a casa.

viernes, 9 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 43.

No sé en qué momento del combate perdí de vista a Tyrael, le vi correr alarmado hacia la espesura del bosque, me preocupó la expresión alterada de su rostro, como si ante él hubiera aparecido su propio Dios. Supe después por uno de los acólitos de Rolan que lo que tuvo Tyrael fue una especie de visión: una loba enorme de pelaje grisáceo, lo que denotaba claramente su edad, saltaba sobre la espalda de Valkiria, sumiéndolas en una lucha encarnizada. La loba había asestado varias dentelladas a Valkiria, que en el fragor de la batalla había perdido la pequeña daga; obviamente el arco no le valía para mucho en aquél momento. La vampiresa se defendía como podía, pero ante las poderosas mandíbulas de la licántropo poco podía hacer. Valkiria se debilitaba por momentos, la pérdida masiva de sangre la estaba dejando sin fuerza. La loba arrugo el hocico mostrando sus colmillos mientras profería un gruñido aterrador. Saltó sobre Valkiria propinándole el último bocado… el cuello de Valkiria se quebró entre las fauces de aquella enorme bestia que al mismo tiempo atravesó su garganta arrebatándole definitivamente la vida. Cuando Tyrael llegó hasta ella ya era tarde, se abalanzó sobre la loba con la ira y el dolor pintado en sus ojos, la apartó del cuerpo de su amada y saltó sobre ella partiéndola el cuello… pero ya era tarde. Valkiria yacía inerte; en un intento vano de recuperarla se dio un corte en la muñeca y dejo caer su sangre sobre los labios de su amada mientras lloraba suplicando que no le abandonara.

No sé exactamente cuánto tiempo duro, ni cuántas vidas se perdieron durante el proceso, solo recuerdo que vi a Selil eufórica, con la cabeza del jefe de la manada en una de sus manos y la alabarda ensangrentada en la otra. Me acerque, me invadía la misma alegría que a ella, la batalla había concluido y seguíamos vivos. Busque a Valkiria pero no podía verla, me alcé entre los cuerpos ensangrentados que yacían inertes por todo el claro del bosque. Se me habría parado el corazón si aun latiera, cuando vi aparecer a Tyrael entre la bruma con el cuerpo de Valkiria en sus brazos, la cabeza colgaba dejando al viento su larga melena, uno de sus brazos caía sin vida chorreando sangre que goteaba por sus dedos dejando un reguero a su paso. Caí de rodillas al suelo, en ese momento pude escuchar un profundo lamento brotar del pecho de Selil como si algo dentro de ella se hubiera resquebrajado para siempre. Tyrael avanzaba con el cuerpo de Valkiria en los brazos y la mirada ausente, nunca supe que paso por su cabeza en aquel momento pero el dolor y la desesperación se reflejaban con total nitidez en su semblante.

No podía dar crédito a lo que estaba viendo, mis rodillas seguían pegadas al suelo y no era capaz de mover un solo musculo, el profundo lamento de Selil había cesado, quería mirar hacia ella para comprobar cómo se encontraba pero mis ojos eran incapaces de separarse del cuerpo sin vida de Val. Seguí a Tyrael con la mirada hasta que se detuvo en mitad del claro, se arrodillo en la hierba acunando su cuerpo. Me levante como pude, busque a Selil pero había desaparecido. Mire de nuevo al paladín, parecía completamente ido, con suma delicadeza le apartaba la melena ensangrentada, la besaba una y otra vez, pensé en acercarme e intentar consolarle de alguna manera, pero desistí, supuse que sería mejor dejarle despedirse de ella.

Regresamos al castillo, durante el regreso Tyrael no se aparto del cuerpo de Valkiria, tampoco dejaba que nadie se acercara a ella, solo accedió a que las otras vampiresas le limpiaran la sangre. Selil se comportaba como si Val siguiera con vida, incluso a veces y a pesar de las miradas de hostilidad de Tyrael, se acercaba y la hablaba, en ocasiones incluso la zarandeaba como queriendo despertarla de un profundo letargo. Ya en el castillo mientras las vampiresas de la estirpe de Rolan preparaban el cuerpo, el envió a sus mensajeros en busca de Artanis. Fue entonces cuando supimos que Valkiria esperaba un hijo, una criatura que no llegaría a nacer y que sin duda habría sido el orgullo de su madre. Recordé el momento en el que ella misma me conto que se había entregado a su paladín, naturalmente el embarazo era fruto de aquella unión.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 42.

Me adentré de nuevo en el claro enarbolando mi espada, preso de una furia incontenible, alcancé a ver el pelo rojo de Camil que destacaba entre la maraña de pelo espeso y oscuro de un grupo de lobos. Mientras corría hacia ella pude oír crujir los hueso del cuello de uno de los lobos al quebrase bajo sus manos, en un movimiento contundente y violento. Las enseñanzas y la práctica que había adquirido Camil durante los años que paso en la abadía habían dado sus frutos, convirtiéndola en un ser letal que no necesitaba más que sus propias manos para cercenar la vida de cualquier mortal. De un salto me situé junto a ella asestando un espadazo certero en el lomo del licántropo que le partió la columna en dos, sus aullidos lastimeros invadieron el bosque; una sonrisa de satisfacción se dibujó en el rostro de Camil. Hundí mi espada en el animal hasta que sus gritos cesaron.

Me paré un momento, devolviendo la sonrisa a Camil y en ese instante una oscura sombra empezó a cernirse sobre nosotros; instintivamente, ambos desviamos la mirada al cielo en el segundo justo para ver a uno de los licántropos a punto de caernos encima… empujé a Camil que cayó de espaldas, perdiéndose entre la espesura del bosque. Realicé una finta, girando sobre mí mismo e interpuse mi espadón entre ambos, atravesándole el corazón de modo que todo su cuerpo resbaló hacia la empuñadura, hasta tal punto que sus ojos se clavaron en los míos y sentí su aliento putrefacto en mi rostro. Di una fuerte embestida, alzando el arma con su cuerpo y bebí la sangre que caía, como una lluvia carmesí.

Miré alrededor para asegurarme de que Camil se encontraba bien y la encontré enzarzada en una reyerta con una hembra que parecía haber conseguido que ésta retrocediera, pero entonces, aún en movimiento, Camil alzó su brazo derecho al cielo, con una media sonrisa perfilando su rostro, y sus dedos comenzaron a cargarse de una energía rojiza. Saltó hacia la mujer-lobo y hundió la mano en su pecho; la sangre salpicaba su rostro de porcelana. Retiró el brazo con el puño cerrado, chorreando, y el cuerpo de la hembra cayó inerte. Se giró hacia mí con el triunfo cosido a sus ojos y me enseñó apenas un segundo lo que portaba su mano justo antes de llevárselo a la boca. Mientras Camil bebía la sangre del corazón de la hembra, la cabeza de un lobo enorme cayó en medio del claro. Miramos alrededor y, de repente, salida de la nada apareció Selil, cayendo sobre sus rodillas con una carcajada demente, hilarante, que declaraba su victoria.

Selil y yo corrimos en dirección al claro, en nuestra carrera evité pisar los cadáveres, rodeando algunos y saltando otros, Selil corría tan veloz que parecía no rozar el suelo, la vi pasar por encima de los cuerpos como si se tratara de desniveles en el suelo irregular del viejo bosque. Rolan, Varië, y Tyrael habían acorralado a un grupo de licántropos contra las piedras del risco, los miembros que quedaban de la diezmada manada se habían reagrupado en un intento claro de intentar sobrevivir. La mayoría eran hembras, no por eso menos peligrosas, agrupadas gruñían amenazantes. La pequeña Varië esperaba en posición de ataque la orden de Rolan para atacar, sus ojos chispeaban por la agitación que le provocaba dar muerte a otro ser, fuera el que fuera. Pero Selil trunco sus deseos, cuando nos hallábamos a pocos metros del grupo, salto sobre la manada, antes de aterrizar en el suelo ya había decapitado a dos de las hembras, para propinar un tercer golpe al único macho que aun quedaba con vida. La mediana contrariada con la irrupción de Selil tomo la iniciativa sin esperar las ordenes de Rolan y se lanzo sobre el licántropo más cercano, Tyrael y yo arremetimos también contra el resto de la manada, dando muerte a los pocos miembros que quedaban.

martes, 6 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 41.

Nos acercamos al claro haciendo uso del sigilo que nos caracteriza, sin apenas rozar el suelo, sin hacer el más mínimo ruido, sin embargo algunos de los jóvenes nos detectaron, sin duda su olfato era demasiado agudo. Sus aullidos se escucharon por todo el bosque poniendo en guardia al resto de la manada, que se lanzo feroz contra los nuestros, comenzando la batalla entre la espesura del bosque. Mire a Selil que blandía su arma con total maestría ante un lobo enorme de pelaje oscuro, que gruñía mostrando sus fauces ensangrentadas. Uno de los licántropos salto sobre mí, mi espada cayo de mi mano rodando hasta detenerse contra el tronco de uno de los arboles, di un paso atrás para calcular la distancia que me separaba de ella. Un dolor punzante me paralizo por un momento, el licántropo me había mordido clavando profundamente sus colmillos en mi muslo. Caí hacia atrás, en ese momento supe que no volvería a ver a Drusila, no me importaba morir pero no quería hacerlo sin volver a tenerla entre mis brazos aunque solo fuera un instante, las fauces del gran lobo se abrieron ante mi cara y en ese momento su sangre salpico mi cuerpo, la hoja reluciente de la alabarda de Selil le rebano el cuello con total precisión. Selil me sonrió, me tendió la mano y me ayudo a levantarme, sin mediar palabra regreso a gran velocidad a para unirse de nuevo a la incursión.

Mientras mi cuerpo se regeneraba intente valorar como se iba desarrollando la contienda, había sangre por todas partes, cuerpos mutilados se esparcían por el claro, tanto de un bando como del otro. Aun estaba un poco aturdido, no conseguía ver a Selil ni tampoco a Valkiria, los golpes, el crujir de huesos, los alaridos de dolor y el olor a sangre caliente se extendían por el bosque. Tomé de nuevo la espada y me lancé contra uno de los licántropos que agazapado en actitud de ataque estaba a punto de saltar sobre una vampiresa que rectaba por el suelo intentando eludir el ataque.

Al fondo junto a los grandes peñascos alcancé a ver a la mediana, subida sobre el lomo de uno de los lobos asestándole puñaladas en el cuello, el lobo gruñía y se retorcía en un intento de alcanzar a Varië, ella lo esquivaba con una agilidad fuera de lo común, quizá debido a su reducido tamaño, o tal vez por la embriaguez que sin duda la inundaba en ese momento. Me quedé paralizado por un breve instante al sentir en la nuca un soplo de aire caliente, un gruñido sordo sonó a mi espalda, en un segundo de distracción los lobos me habían cercado, busque a Selil con la mirada esperando que ella acudiera en mi auxilio, no pude verla. Escudriñe el bosque buscando una salida por la que poder escabullirme, no había posibilidad alguna de escape. Los licántropos mostraban sus fauces amenazadoras arrugando los hocicos, pensé que había llegado mi hora, cuando de repente, como salida de la nada, Selil pegó su espalda a la mía –¿me echabas de menos? –una sonora carcajada broto de su garganta, lanzo un grito amenazador y arremetió contra el lobo que tenía delante, me uní a ella atacando al que se había situado frente a mí. Una lluvia de flechas de fuego, saetearon al licántropo que había cerrado el círculo segundos antes, justo en el momento en que saltaba hacia nosotros, cayendo de costado mientras bramaba de dolor, Valkiria se acerco a él y le remato con una pequeña daga que llevaba atada al muslo. Me guiño un ojo en señal de complicidad y se alejo veloz cargado el arco mientras corría.

lunes, 5 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 40.

A pesar de viajar solo por las noches, recorrimos la distancia en tan solo tres días. El viaje se hizo tenso y pesado. Durante las horas de luz nos refugiábamos en alguna cueva, por suerte el camino que lleva de Sartil Null hasta Assen cuenta con bastantes, pero eran precisamente esas horas las más complicadas, si bien tanto Selil como Val evitaron cruzarse durante todo el trayecto. Al entrar en los dominios de Uriel Vigée-Lebrun algunos de sus vástagos nos estaban esperando para sumarse a la contienda, nos informaron de que la manada había aumentado su número de miembros, infectando a otros mortales a su paso por las aldeas. Nos condujeron hasta una caverna lo más cercana posible a la manada manteniendo la distancia suficiente para no ser detectados por cualquiera de ellos. Las horas que precedieron al combate se me hicieron bastante largas, me agazapé en un oscuro rincón intentando pasar desapercibido, observé a aquellos vampiros que se afanaban en preparar sus defensas.

Me detuve a contemplar a Selil, ella estaba tranquila, tumbada sobre unas pieles con sus manos bajo la cabeza y la mirada perdida, me pregunté que estaría pasando por su cabeza en aquel momento. Busqué con la mirada a Valkiria, instintivamente mire hacia el lado opuesto, estaba sentada afilando sus flechas. A escasos metros de ella Tyrael dudaba si acercarse o dejarlo pasar. Me pregunté cuántos de nosotros caeríamos en la reyerta. Me levanté y me acerqué a Tyrael, me arriesgaba a que no tomara bien lo que iba a decirle, pero a pesar de eso decidí arriesgarme, el dolor de Val había calado en lo más profundo de mi ser.

Me miró con desconfianza, desde la primera vez que vi al paladín no habríamos cruzado más de dos palabras. Saludé con una leve inclinación de la cabeza, él devolvió el saludo sin cambiar la expresión de su rostro. Pensaba empezar manteniendo una conversación frívola con él con la intención de romper un poco el hielo, pero no había tiempo para andarse con rodeos, le miré y le solté de sopetón que se acercara a Valkiria y solicitara su perdón, ¿que podía perder?, no obstante si alguno de los dos perdía la vida no habría más oportunidades. Se quedo pensativo por un instante, apoyo su espadón contra la roca y se encaminó hacia ella con paso firme.

Para cuando salimos de la cueva ya había anochecido, la luna llena iluminaba con su tenue luz los rincones más oscuros de aquel espeso bosque. La manada se hallaba descansando en una ladera que se cerraba en media circunferencia contra las rocas del risco, dejando un espacio abierto para el ataque que no ofrecía demasiadas posibilidades de escape. Rolan había dispuesto dos grupos que atacarían por los flancos al unísono, momento que aprovecharíamos para asestar el golpe infalible que acabaría con los más fuertes de la manada.

sábado, 3 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 39.

Volví hasta la cama, me dejé caer pesadamente sobre ella, la espera me hastiaba. No pude evitar rememorar la historia que Val acababa de narrarme. Me pregunté si provocar un encuentro entre ellas podría conducir a una reconciliación entre ambas, deseché la idea tan rápido como había surgido, lo más probable era que mi cabeza acabara rodando por el suelo. El pomo de mi puerta giró y la puerta se abrió, en cuestión segundos estuve de pie junto a los pies de la cama. Al otro lado de la puerta vislumbré la pequeña figura de Varië, a pesar de su reducido tamaño esa mediana me alteraba, su fama de cruel sanguinaria entre los de su naturaleza la precedía. Clavo sus ojos de un púrpura intenso en los míos, para musitar tan solo unas palabras –Es la hora –un escalofrió me recorrió la espalda, pero me sentí aliviado, finalmente había llegado el momento.

La seguí por los corredores, en el camino se nos unieron Selil y sus acólitos, entre los que se encontraba también el paladín, esperé no encontrar por aquellos corredores a Valkiria porque en ese caso era probable que el enfrentamiento se hubiera producido en aquel lugar y no en los bosques contra los licántropos.

La mediana nos condujo hasta un salón bastante grande, como el resto de las dependencias de los sótanos del castillo en los que Rolan había habitado su morada, se encontraba en un estado lamentable, sus paredes mugrientas estaban recubiertas por tapices ajados y polvorientos, en un intento vano de cubrir la humedad que rezumaba de aquellas antiguas piedras. Los suelos desgastados por el paso del tiempo habían sido cubiertos con gruesas alfombras, en el centro de la sala se hallaba una gran mesa de madera maciza rodeada de sillas a juego, sus patas finamente talladas, emulaban las de algún tipo de fiera, probablemente las garras de un dragón. Presidiendo la mesa se encontraba Rolan, a su derecha estaba sentada Valkiria que mantenía la cabeza alta con la mirada fija en algún punto del salón.

Cuando Selil diviso a Valkiria, todos sus músculos se tensaron, apretó los puños con tal fuerza que pensé que le brotaría la sangre al clavarse sus propias uñas en las palmas de las manos. Mire de soslayo a Tyrael, miraba a Valkiria como si hubiera visto una aparición y esa visión le hubiera convertido en una estatua. Rolan nos invito a sentarnos, así a Selil por la muñeca y tire con suavidad de ella hacia la mesa, avanzo como una autómata sin apartar los ojos de Valkiria, pude sentir a través de su piel la lucha que Selil mantenía consigo misma. Tomó asiento, yo me senté a su lado sin soltarle la mano que acariciaba despacio en un intento de sosegar sus ánimos. Rolan nos informo de los avances de la manada hacia el sur, a dos días a lo sumo de Assen, estas tierras estaban bajo el dominio de otro vampiro, no podíamos actuar sin arriesgarnos a provocar una guerra entre clanes. Rolan había enviado a sus emisarios a tratar el asunto y estos ya estaban de regreso con el acuerdo autorizando la incursión. Se discutieron algunos puntos que aun no estaban demasiado claros y sin más dilación nos pusimos en camino.

jueves, 1 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 38.

Me sonrió con dulzura, no era consciente de la expresión que debía dibujar mi rostro hasta que ella se detuvo a mirarme. Me sentí incomodo por mi torpeza, se supone que estaba allí para escucharla e intentar animarla, y era ella la que me sonreía con ternura. Aparté la mirada un poco avergonzado por mi manera de proceder, ella se dio cuenta y sin mediar palabra prosiguió con su historia.

Durante un tiempo Tyrael acudía a la puerta del castillo de Nadril, con la esperanza quizá de reencontrarse algún día con ella en aquel lugar, donde la amó por última vez. En su desesperación por recupera a Valkiria, cuyo profundo amor le había llevado a renegar de su dios, a enfrentarse a muerte contra Akh’nash’vagma, Tyrael acudió a Selil. Valkiria no estaba segura de cómo o que motivo le llevo a pedirle a Selil que lo convirtiera, pero cuando ella acudió a la cripta a buscarla, deseando abrazar a su hermana, un dolor punzante y agudo le atravesó el corazón como si de una lanza se tratara. Selil había convertido a su paladín, el lazo que ahora unía a las dos personas que más amaba en el mundo era incluso más fuerte que el que la había unido a ella con cualquiera de los dos. La conversación que mantuvo con Selil la hirió profundamente, ella prácticamente le escupió las palabras a la cara.

- El me pidió que lo hiciera, que le convirtiera en un ser inmortal.

Esa noche Valkiria fue suya, se entrego a él por primera vez, sin limitaciones, sin rencor, dio rienda suelta a su pasión y al amor que llenaba por completo su gélido corazón. Después desapareció de sus vidas. Me reconoció que muy a su pesar no había podido superar aun el dolor de saber que Tyrael la había traicionado con su propia hermana. Me senté junto a ella y pase el brazo por encima de sus hombros.

- ¿Te encuentras bien Val? –asintió apoyando su cabeza en mi hombro, le acaricie el pelo y la bese en la frente. Permanecimos en silencio durante un buen rato, hasta que ella se levanto, cogió el arco que había dejado sobre la cama, y se giro hacia mí.
- Sera mejor que vaya a ver a Rolan, me mando llamar y llevo horas en tu dormitorio, no está bien hacer esperar tanto al anfitrión, menos cuando sabemos que no tiene demasiada paciencia.

Sonreí de mala gana y la acompañe a la puerta, se paró un segundo delante del umbral y se giro hacia mí para darme las gracias por haberla escuchado, pero no la deje hablar, selle sus labios con un beso suave apenas rozándolos con los míos. La vi alejarse por el pasillo caminando despacio, no pude evitar sentir lástima por las dos, aquellas chiquillas alegres de hacia tantos años habían quedado atrás para siempre.