Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Libro de Marcus - 56.


Se acercó a la chimenea, cogió las tenazas de hierro forjado, se acuclilló junto a la lumbre para colocar uno de los troncos que había caído hacia un lado consumiéndose sin llama, una vez que lo hubo colocado sobre los otros, dejó la herramienta a un lado y tomó entre sus manos un fuelle de maderas nobles y piel de oveja para azuzar el fuego. Siempre me llamó la atención el gusto obsesivo que tenía Emaleth con el fuego en el hogar. Comenzó a hablar sin volverse a mirarme, como si yo no estuviera allí y hablara con Raven. El cuervo se acercó hasta el filo del palo más cercano a ella, creo que realmente existía tal conexión entre ellos que el córvido sabia cuando la vampiresa hablaba con él.

-Tú y yo estamos malditos Raven, amigo mío… estamos condenados y no sólo a la eternidad.

Fue entonces cuando resolví formar parte de la conversación que sin duda Emaleth estaba evitando mantener conmigo. Me incorporé en el asiento apoyando los codos en las rodillas, mientras ella había dejado el fuelle a un lado del hogar y estaba acariciando al cuervo con el dorso de la mano, me miró fijamente esperando mi reacción. Esperé paciente a que estuviera preparada para contarme lo que estaba pasando, aunque en mi interior la curiosidad se iba haciendo cada vez más fuerte.

- Supongo que sabrás que hace ya casi un año desde que volví a despertar –hizo una pausa esperando mi respuesta.
- Lo sé, Valkiria me lo contó en alguna ocasión pero no me dio detalles, tan sólo que Selil te trajo de vuelta con magia negra –contesté mientras asentía con la cabeza. Me miró esbozando una sonrisa amarga.
- Así es, ella me trajo de regreso. Mentiría si te dijera que fui consciente de donde estaba o de lo que sentí mientras estuve allí –seguía acariciando al cuervo distraídamente mientras hablaba conmigo– pero de algo si estoy segura Marcus, tan segura como estoy de que tú y yo estamos hablando de ello ahora mismo. Hay algo dentro de mí, algo que según van pasando los días me controla cada vez más, algo que me consume –tiró de uno de sus guantes de encaje negro y me mostro el antebrazo; lo examiné con cuidado-. Al principio –prosiguió con su relato– tan sólo era una mancha, algo informe, borroso, una mancha que más que doler molestaba, pero poco a poco ha ido perfilándose, tomando forma… y según la mancha se va definiendo noto como el mal que me consume crece dentro de mí, toma fuerza en mi interior y día a día lo voy viendo más claro –giró la cara hacia el cuervo y le dedicó una sonrisa abatida–, este símbolo representa a un cuervo con las alas desplegadas, es aquél que se te llevó amigo mío –su melodiosa voz pareció quebrarse al pronunciar las últimas palabras.

Me quedé un tanto aturdido, no supe que decir ni que hacer en ese momento, sentía la necesidad de tranquilizarla, pero las palabras huyeron de mi boca, sólo pude mirarla perplejo. ¿Cómo era posible que Emaleth portara algo tan terrible en su interior? Algo que la consumía lentamente, ¿pero que podía ser? ¿Por qué Selil no lo había previsto? Tantas y tantas dudas me invadían en ese momento que no pude articular ni una sola palabra. Emaleth notó mi turbación y continuó hablando.

- Desde que ese cuervo apareció en mi muñeca he ido experimentando cosas cada vez más extrañas, cosas que nunca antes de El Despertar me habían sucedido. Lo he estado ignorando cuanto he podido, pero sé que, más bien temprano que tarde, tendré que afrontar la realidad. Tendré que marcharme… hasta que consiga averiguar qué es esto que porto, o al menos, consiga dominarlo. Lo entiendes, ¿verdad, Marcus? –me instó intentado que volviera a centrarme en la conversación y pudiera abandonar, al menos de momento, la conmoción que me había supuesto enterarme de aquella espantosa noticia.
- Vas a marcharte entonces –balbucí en un tono de voz que sonó un poco grotesco.
- Así es, he de hacerlo. Pero tú puedes quedarte en mi casa todo el tiempo que necesites, puedes disponer de mi casa como si fuera la tuya, toma –extendió la mano para ofrecerme la llave del caserón.
- Te lo agradezco Emaleth, supongo que sabes el motivo que me trae de vuelta –dije mientras la cogía.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Libro de Marcus - 55.

Empujé la puerta y ésta se abrió de par en par dando acceso a un habitáculo oscuro, en el suelo. En mitad de la habitación había dibujado un pentagrama en el centro del cual se hallaba un ataúd de madera de cerezo brillante, sobre la tapa tenia tallado un escudo que supuse que se trataba del emblema de su familia, el interior de seda abullonada en tono marfil y los herrajes de un metal dorado relucía como si fueran de oro. En cada punta del pentagrama suspendidos en el aire, unos cristales con talla de diamante emitían una tenue luz en tono verdoso, incluso juraría que emitían un leve tintineo apenas audible. En la pared del fondo de la habitación colgaba un tapiz con una escena de una audición de música, en el lado izquierdo del tapiz una muchacha tocando el violín mientras en el lado opuesto un grupo de tres o cuatro personas escuchaban embelesados. En el lado derecho de la estancia había una gran chimenea, por algún motivo a ella le gustaba el fuego, el chisporroteo y el crepitar de las llamas, me pregunté si por ese motivo estaría encendida también la chimenea de la antesala.

Parada ante el hogar con el violín en una de sus manos y el arco en la otra se hallaba Emaleth, sin duda era una mujer muy bella, su cabello negro como la noche caía lacio hasta la cintura y lo había adornado a un lado de la cabeza con una rosa negra que acentuaba más si cabe su belleza. En sus ojos verdes se reflejaban tonos naranjas que proyectaba el fuego de la chimenea otorgándoles un brillo mágico, pero a pesar de ello reflejaban una profunda tristeza, aunque para ser sincero no recordaba haber visto otra cosa que no fuera pesar en aquellos ojos. Llevaba puesto un corpiño de encaje con un amplio escote que dejaba al descubierto su mortecina piel y una falda de volantes que caían vaporosos hasta el suelo, adornaba sus manos con unos mitones de encaje negro haciendo juego con el resto de su atuendo. Me miró y una triste sonrisa se dibujó en sus finos labios, extendió la mano con la que sostenía el arco del violín y con un gesto de sus dedos me indicó que me acercara a ella.

Avancé unos pasos hacia ella, después de cerrar la puerta tras de mí. En ese momento me percaté de que a uno de los lados de la chimenea, en una percha para aves, había un cuervo que me observaba escrutando cada uno de mis movimientos. Emaleth miro hacia el pájaro siguiendo la trayectoria de mi mirada y luego se volvió de nuevo hacia mí.

- ¿Recuerdas a Raven, querido Marcus? Sin duda él si te recuerda a ti –una sonrisa sincera se dibujó en su hermoso rostro.
- Sí, lo recuerdo –mi voz se me antojó un tanto irónica, aunque nunca me gustó ese animal no había sido mi intención en ningún momento referirme a él con ironía.

Se dirigió hacia uno de los sillones que se situaban justo enfrente de la gran chimenea y soltó allí su violín, me miró fijamente a los ojos y me tendió la mano en un gesto amistoso. Me acerqué hasta ella y tomé su mano, la atraje con suavidad hacia mí y la besé en la frente. El pájaro se agitó, moviéndose nervioso de un lado a otro del palo, profiriendo ese graznido desagradable que emiten los cuervos. Señaló a uno de los sillones y con su voz melodiosa me invitó a sentarme. Solté su mano y me acomodé en uno de ellos. Clavé mi mirada en la suya y sin más preámbulos le pregunté ¿Qué está pasando Emaleth?

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Libro de Marcus - 54.

Las horas se me hicieron interminables; seguía tendido sobre aquella cama con la estancia en penumbras, y aunque me sentía vacio y roto por dentro, no pude evitar rebuscar en lo más profundo de mi memoria los recuerdos de aquel día en el que Drusila despertó ante mí, abrazando su nueva forma de vida, si es que puede llamarse así.

Me hallaba perdido en mis recuerdos cuando escuché un violín, la música sonaba muy tenue. Me senté en la cama de un salto y agucé el oído intentado ubicar de donde procedía la melodía. Salté de la cama y me acerqué hasta la puerta, la abrí ligeramente y aún así el violín sonaba lejano. Sin duda Emaleth había vuelto pero ¿Cuándo? No habrían pasado más de seis horas desde que Tasadar me dejo entrar en el caserón, por lo tanto el sol aún se alzaría amenazador para cualquier vampiro.

Decidí que a pesar de la advertencia de Tasadar de que no anduviera por el caserón, había llegado el momento de salir de aquella estancia y aventurarme por aquellos oscuros pasillos con el fin de descubrir el motivo por el cual aquel vampiro me había mentido sobre el paradero de Emaleth. Salí a la galería, que como el resto de la casa se hallaba en penumbras, las luces de algunos candiles iluminaban tímidamente los largos corredores que dividían la casa en tres zonas bien diferenciadas. Llegué a la escalera y me detuve para comprobar que ningún ruido provenía del piso de abajo, al menos ningún ruido cerca de la escalera. Una vieja escalera de madera que si no fuera por la alfombra que la cubría sujeta con unas varillas doradas en cada ángulo de los escalones, habría crujido alertando a cualquiera de mi presencia, no podía permitir que me descubrieran hasta haber llegado a la melodiosa sintonía y a su hacedora. Bajé los escalones uno por uno, poniendo en ello todo el sigilo del que era capaz y por fin llegué al piso bajo: delante de mí, la puerta que daba acceso a la mansión se alzaba imponente como si de un enorme vigilante se tratara. La chimenea estaba encendida, me pregunté para qué la habrían encendido unos seres tan fríos como el hielo. A uno de los lados de esa chimenea había un loro, en el que no había reparado antes. El animal no hacía otra cosa que comer pipas, justo hasta el momento en que me vio, que cambio las pipas por unos gritos ensordecedores. Me paralicé al oír los gritos del dichoso pájaro, recorrí con la mirada la antesala buscando algún sitio donde ocultarme, cuando percibí casi por el rabillo del ojo una puerta oculta tras un biombo de madera labrada; aceleré el paso hasta aquella salida que para mi sorpresa no estaba cerrada con llave, empujé y la puerta cedió dócil sin ofrecer ningún tipo de resistencia. Atravesé la puerta y la cerré tras de mí.

Aquella portilla daba acceso a una especie de túnel de piedra, las piedras rezumaban cierta humedad que otorgaba un olor peculiar a la estrecha galería que se extendía hasta perderse en la oscuridad. Avancé por el oscuro y húmedo pasillo hasta que este se abría en una especie de zaguán al que daban tres puertas. El sonido del violín se escuchaba nítido, provenía de detrás de una de ellas. Me acerqué, puse la mano sobre el pomo y dudé durante un rato si abrir o dar media vuelta y volver al dormitorio. Me dispuse a girar el pomo cuando de repente la hermosa melodía se detuvo, pude escuchar la voz de una mujer diciéndome: Pasa Marcus.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Premios al Blog

Quisiera agradecer a Miedoso y a Dama Blanca por acordarse de mi blog para hacerme entrega de estos premios, le pido disculpas por no haberlo posteado antes.

Miedoso decidió asustarme y la verdad es que me ha gustado su manera peculiar de hacerlo, os invito a pasar por su blog ㋛۞¤ ๋•★ ♣ ♠El Portal♠ ♣ ★๋•¤۞㋛ es un gran blog.
Gracias Miedoso.

El premio blog Fantasía me llega de otro gran blog Fábrica de Sueños de la mano de Dama Blanca que me sigue desde el principio, no sé si porque le gusta mi blog o porque es de mi familia, casi mejor no le pregunto xD.

Gracias Dama Blanca.


Este premio tiene sus reglas que son:

1-Mencionar y enlazar a quien lo concedió
2-Explicar de qué se trata el premio.
3-Elegir y enlazar cinco blogs para continuar el premio
4-Anotar las reglas.
5-El diseño y reglas del premio son inalterables.

El premio se trata del reconocimiento a esos blogs y temática que nos transportan a una sana fantasía que como dijo el escritor J.R.R Tolkien" La fantasía es una actividad humana natural, que no destruye ni ofende la razón; al contrario, cuando más aguda y clara es la razón más capaz será de producir buenas fantasías, lo cual es muy positivo e incluso irónico".

Por último quisiera añadir que me gustaría poder entregar este premio a todos los que me seguís, pero solo pueden ser cinco los elegidos, espero que nadie se lo tome a mal porque realmente lo tengo muy difícil para decidir. Esta vez le voy a pasar el testigo a:

- Maldoror - Melodías de Clavicordio

- John W. - POLIDORI

- Fher - La Liturgia de las Despedidas

- Miguel Angel - Doloralfa

- Voivoda Vlad Dracul - Drácula

Este premio me llego ayer, pero lo voy a incluir en esta entrada, ya que va de premios. Viene de Mis cosas son tus cosas, el blog de Manu. El premio se llama “El Blog más Chulo”, todos los blogs que he visitado tienen cosas chulas, así que me gustaría que lo tomarais como un homenaje, pero como me va a ser imposible nombraros a todos, nombrare a algunos y los demás por favor no lo toméis a mal, aunque vuestro blog no salga en la lista el premio es igualmente para vosotros también.


- Fábrica de Sueños

- Criaturas de la Noche...

- Las Palabras Insolentes

- Melodías Clavicórdicas

- Claro de Luna

- DESDE MI CEMENTERIO

- ● Mirror Of The Darkness ●

- POLIDORI

- PALABRAS AL ABISMO...

- La Liturgia de las Despedidas

- La dama de los vampiros

- DOLORALFA

- ㋛۞¤ ๋•★ ♣ ♠El Portal♠ ♣ ★๋•¤۞㋛

- El rincon de mari

- P É T A L O S D E N O C H E

- Testamento de un padre soltero

- Noelia Pensando

- STELLA

- El Susurrador de medianoche

- ACEPTARSE A UNO MISMO

- EL OSCURO Y POLVORIENTO DESVÁN DE MI MEMORIA

- REBELDE

- Déjá vu

- Mi Mundo Interior

- Vuelo de Hada

- Aurora Boreal

Para finalizar, recordaros que los que no estéis en esta lista, igualmente podéis recoger el premio si lo deseáis. Besitos a todos.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Libro de Marcus - 53.


Arrugué el pergamino con una mano mientras con la otra propinaba un puñetazo contra el escritorio, un dolor punzante me atravesó la mano subiendo por el brazo casi hasta el hombro al tiempo que escuché un chasquido; sin duda algo se había roto. Pero ni siquiera ese dolor pudo apartar de mi mente la angustia que me había provocado la carta de Drusila, de alguna manera me había partido en dos, me sentía despedazado, roto. No sé cuantas horas pasé sentado ante aquel escritorio con la cabeza entre las manos sumido en una profunda tristeza, en la desesperación más absoluta. No podía apartar de mi mente su hermoso rostro, sus ojos llenos de amor clavados en los míos, sonriendo eternamente. Una y otra vez me maldije a mi mismo por haberla abandonado cuando realmente hubiera dado mi vida por ella sin dudarlo un solo segundo de mi ya larga existencia.

No podía ni quería imaginar mi vida sin tenerla a mi lado, las ganas de seguir con mi existencia me abandonaban por momentos, llegando incluso a plantearme la posibilidad de salir al jardín y dejar que el sol acariciara mi rostro por última vez… acaricié esa idea durante bastante rato. Me acerqué a la ventana y corrí la gruesa cortina, en el horizonte se podía apreciar la claridad que apenas imperceptible iba tornando la oscuridad de la noche en una mañana que a pesar de amenazar con ser clara y soleada para mí era la más oscura y tenebrosa de toda mi vida.

Cerré las cortinas con tanta fuerza que la barra de madera que las sujetaba estuvo a punto de ceder y caer sobre mi cabeza. En ese momento el dolor y la desesperación dieron paso a la fortaleza que necesitaba para recuperar el amor de Drusila. No estaba dispuesto a abandonar la lucha, a quitarme de en medio y dejarle el camino libre a aquel semidragón, sin ofrecer la menor resistencia, como hubiera hecho un caballero que se sabe vencido. No era un caballero y no estaba dispuesto a perderla, no sin haber hablado antes con ella. Me acerqué al escritorio, tomé la pluma y extendí uno de los rollos de pergamino; comencé a escribir, tenía que medir las palabras porque sabía que de esas letras dependía mi futuro. Mojé la pluma en la tinta y dejé que mi corazón se encargara de hacer el resto, las palabras parecían brotar espontaneas de la pluma: A mi adorada Dru.

Guardé la carta en el bolsillo interior de mi levita y volví a dejarla sobre la chaise longue. Me dirigí hacia la cama y me dejé caer pesadamente en ella, tan sólo hacía un rato que había amanecido, me esperaba un día muy duro y muy largo. Tirado sobre aquel mullido colchón y con la vista fija en algún punto del techo, mi recuerdos decidieron afluir a mi mente. Una sonrisa amarga se dibujó en mis labios al recordar el momento en el que por primera vez pude contemplar la sonrisa dulce de mi pequeña Drusila.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Libro de Marcus - 52.

La casa se hallaba en la más completa penumbra, ni siquiera podía observarse el tenue reflejo de algún candelabro. Me detuve ante los escalones del viejo porche y miré a mi alrededor con la esperanza de encontrar algún lugar donde guarecerme de los rayos del sol, que ya empezaba a teñir el cielo con sus tonos entre rosáceos y violetas, convirtiéndose en una clara amenaza. Subí los cuatro escalones y atravesé el soportal hasta situarme delante del portón, llamé varias veces golpeando la puerta con el aldabón que colgaba justo en medio, agucé el oído con la esperanza de oír pasos acercándose. Después de unos segundos que se me hicieron interminables, la puerta crujió ante mí, la silueta de un hombre enfundado en una especie de túnica negra apareció al otro lado del umbral. Sin duda se trataba de uno de los compañeros de la vampiresa. Me miró de arriba abajo, se apartó para dejarme libre el paso y con un gesto de su mano me invitó a entrar.

- ¿Puedo saber quién sois? –preguntó con voz solemne.
- Me llamo Marcus, soy un viejo amigo de Emaleth pasaba por a….
- Emaleth no está en este momento –me cortó tan bruscamente que no pude terminar la frase.
- ¿No sabéis si tardará en regresar? –contesté y, a pesar de intentar que no se notara, el tono de mi voz sonó contrariado por los modales de aquél vampiro.
- Suele tardar varios días en regresar, pero te prepararé una estancia donde puedas acomodarte hasta su regreso. Soy Tasadar – inclino la cabeza a modo de saludo.


Cerró la puerta tras de mí, dio tres vueltas de llave y me hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera. La entrada al caserón era muy amplia, una gran alfombra cubría casi la totalidad de la estancia. A pesar de que fuera de la casa no se divisaba luz alguna, dentro se respiraba un ambiente agradable y acogedor, iluminado por algunos candelabros de cuatro velas que titilaban alumbrando la antesala. Los muebles bastante aparatosos eran de algún tipo de madera tirando a rojiza, los tiradores labrados pendían de los cajones. Las finas porcelanas que sin duda habría colocado Emaleth sobre esos muebles denotaban un gusto exquisito. Atravesamos el salón y subimos al segundo piso por una de las escaleras laterales, seguí a Tasadar en silencio. Ya en el piso superior avanzamos por un pasillo hasta que nos detuvimos frente a una de las puertas. Me mostró la habitación y se retiró, no sin antes advertirme de que no se podía deambular por la casa. Ya en la alcoba miré a mi alrededor, estaba seguro de que este era el ala de la casa que pertenecía a Emaleth. Habíamos pasado por uno de los aposentos que tenia la puerta entreabierta y al mirar pude ver el violín que usaba ella cuando tenía necesidad de dar rienda suelta a su creatividad. Una gran cama de aspecto majestuoso con dosel y cortinajes en tonos ocres presidia la estancia. Me acerqué a una de las mesitas que había a los lados de la cama y prendí las velas del candelabro. En la pared de la izquierda se hallaba el escritorio, sobre él pude observar un tintero y a su lado una pluma de ave perfectamente afilada, algunos royos de pergamino y una barra de lacre. A la derecha un cheslón tapizado con la misma tela de que estaban hechos los cortinajes y el cobertor de la cama.

Me quité la levita, cogí la misiva que me había enviado Drusila y la dejé caer sobre la butaca con cuidado de que quedara suficientemente estirada para no arrugarse demasiado. Rompí el sello de lacre, pasé un rato dándole vueltas al pergamino sin atreverme a desenrollarlo, estaba casi seguro de que no me gustaría lo que iba a leer, aunque tenía la esperanza de que fuera una cita o incluso que me dijera que volviera a su lado para no separarnos nunca más. Saqué fuerzas de flaqueza y comencé a abrir la carta lentamente, las primeras palabras empezaron a asomar tímidamente; Mi querido Marcus. Una extraña ansiedad se apodero de mí, comencé a desenrollar el pergamino tan rápido que casi lo rompo, y fue entonces cuando la desesperación se dibujo en mi rostro, no podía creer lo que estaba leyendo.

Hace tiempo que te fuiste,
te arrancaron de mi pecho,
el vacio que dejaste
no lo llenarán mil besos.

Ni otros brazos que me oprimen
en abrazo placentero,
ni esa mirada tan tuya,
ni el susurro de un Te quiero.

Cuando me cubra la noche
con su manto de silencio,
buscaré desesperada
el recuerdo de tus besos.

Cuando el sabor de la muerte
envuelva todo mi cuerpo,
con mi último suspiro
volveré a decir Te quiero.





martes, 10 de noviembre de 2009

Libro de Marcus - 51.

Me miró durante un segundo y a pesar de que su hermoso rostro no reflejaba ningún tipo de sentimiento, en sus ojos brillaba una chispita de orgullo a consecuencia de la victoria sobre su oponente. Paseó la mirada por el local, hizo un gesto de desagrado provocado por los desperfectos ocasionados en el salón y se dirigió hacia la zona reservada. Giré sobre mis talones y aparte de un puntapié uno de los cuerpos que yacían sobre la gruesa alfombra, me encaminé hacia la salida, no tenía muy claro hacia dónde dirigirme, necesitaba encontrar algún sitio que me ofreciera la suficiente intimidad para abrir la misiva de Drusila.

Pensé en tomar una habitación en la posada, pero lo descarté casi de inmediato, no era un buen sitio ya que me vería obligado a pasar por delante del ayuntamiento, ahora custodiado por los Paladines; esos hombres parecían poseer un don especial para detectar a los vampiros. Me paré un segundo ante la puerta con la mano apoyada sobre el pomo, por un momento dudé si debería de quedarme junto a Selil esa noche, pero tuve la certeza de que la gente de K no volvería durante un tiempo, y desde luego mucho menos esa noche.

Giré el pomo y tiré de la puerta que se abrió sin ofrecer la más mínima resistencia, una bocanada de aire fresco inundó la entrada, no me había dado cuenta hasta ese momento de lo cargado que se hallaba el ambiente dentro del recinto, lo cierto es que lo agradecí. Salí al callejón, la antorcha que iluminaba el cartel con el nombre del garito se había apagado, la luna iluminaba tímidamente los callejones de los suburbios, las destartaladas casas adquirieron una imagen más ruinosa si cabe. En los arrabales raramente se podía llegar a ver el cielo dado que la bruma era demasiado espesa, pero aun así intuía que el sol no tardaría demasiado en salir. Tenía que decidir rápido donde dirigirme si no quería que me pillara sin haberme refugiado antes. Una imagen acudió a mi mente, una hermosa y dulce dama, que a pesar de ser una vampiresa era una mujer sensible dedicada a las artes y a la interpretación, Emaleth, mi querida y vieja amiga.

Recordé mientras caminaba por aquellas angostas callejas que Emaleth vivía en un viejo caserón no muy lejos de Assen, si apresuraba el paso me daría tiempo a llegar antes del amanecer. La última vez que la vi, me invitó a pasar unos días en su casa, recuerdo que vivía con otros dos vampiros que a mi juicio se rifaban sus favores. Si no recordaba mal uno de los vampiros que compartía la morada con ella se hacía llamar Tasadar, un arcano bastante antiguo, poseedor de una magia muy poderosa. Los hechiceros no sé realmente por qué motivo siempre me han producido cierto rechazo. En este caso, no sólo era rechazo, había llegado a mis oídos que admiraba a Drusila, motivo suficiente como para que me hiciera ponerme en guardia. Aceleré el paso y me encaminé hacia el caserón.

Abandoné los callejones de los suburbios para adentrarme en las calles de Assen que aún permanecían iluminadas por las farolas convenientemente situadas a poca distancia en ambos lados de la calle. Me encaminé hacia el sur, no estaba seguro de recordar el camino, pero sabía que en el camino que lleva hacia el sur había bastantes cuevas, en caso de no dar con la casa siempre podría refugiarme en alguna de ellas. Pasé por delante del templo, resultaba incluso chocante que el círculo de bancos situado en uno de sus laterales se encontrara completamente vacío, por algún extraño motivo se había convertido en el centro de reunión de la comunidad vampírica de Assen. Crucé el río por el viejo puente, tomé el camino que llevaba al bosque y me adentré en la espesura. Los árboles parecían apiñarse empeñados en no permitir el paso a los intrusos, la hojarasca de los viejos olmos se acumulaba bajo mis pies, el olor a tierra húmeda se mezclaba con el aroma de las jaras, el romero y los matorrales dispersos de lavanda, a lo lejos casi imperceptible podía oírse el correr tranquilo de las aguas de algún pequeño riachuelo. A esas horas cuando el amanecer comenzaba a despuntar, el bosque se despertaba en un sinfín de trinos, y pequeños ruidos que si bien podrían pasar desapercibidos por el oído de cualquier ser mortal, para nosotros eran bastante nítidos. El sendero se abrió en un gran claro y la silueta de un caserón grande y oscuro se dibujó ante mis ojos. Respiré aliviado: había encontrado la casa.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Libro de Marcus - 50.

Algunas de las personas que frecuentaban el lugar habían permanecido atentas a la disputa hasta ese momento, pero abandonaron el local a un gesto de Selil. K alzó una mano al frente y en ese momento sus súbditos tomaron posiciones estratégicas, rodeándonos. Estudié las posibilidades que teníamos partiendo desde la base de que Selil, de todas todas, iría a por K lo cual me obligaba a estar pendiente de los movimientos de Vildur, que sin duda atacaría a la vampiresa en defensa de su líder. La pelirroja torció el gesto cuando aquel hombre se desplomó ante sus ojos. Ambas mujeres se retaban con la mirada, aunque en el rostro de Selil seguía dibujada una sonrisa burlona.

- Aún estás a tiempo de devolverme el cargamento, Selil. Esto no tiene por qué acabar mal –sugirió K-, siempre hemos respetado los límites, no tenemos por qué saltárnoslos ahora.
- ¿Era eso una especie de chiste? –Selil arqueó una ceja y esbozó una media sonrisa.

El drow puso la mano sobre una daga que llevaba atada al muslo; decidí hacer como que no lo había visto, no quería ponerles sobre aviso… llegado el momento me convenía que no supiera que él sería mi principal objetivo. K paseaba la uña de su dedo índice por la cicatriz de su ojo. La tensión entre ambas crecía por momentos. Miré a Selil por el rabillo del ojo, mantenía su posición con los brazos cruzados, su mirada serena y su media sonrisa maliciosa. Pero sin embargo la conocía bien, intentaría con su pose altanera, amedrantar a la mujer que la observaba intentado descubrir alguna señal en su rostro que manifestara las intenciones de su oponente. Era obvio que no deseaba que el enfrentamiento se produjera dentro de su local. De la misma manera supe que no habría modo de parar lo que estaba a punto de dar comienzo. K debía de estar muy desesperada por la pérdida de aquel cargamento para enfrentarse a nosotros, a pesar de contar con un nutrido grupo de hombres armados hasta los dientes, ninguna de las armas que portaban podría considerarse una amenaza real contra un vampiro. Me pregunté si llevaría escondido algún as bajo la manga.

-Si no me entregas lo que por derecho me pertenece me veré obligada a recuperarlo por la fuerza, no es lo que deseo pero no me estás dando otra opción -K levantó la voz instando a Selil a cumplir sus deseos.
-No estoy dispuesta a hacer concesiones -en ese momento Selil empuñó su alabarda pasándola a tan solo unos centímetros del rostro de la pelirroja que instintivamente dio un salto hacia atrás armándose a su vez con sendos estoques.

En ese momento Vildur avanzó hacia Selil a grandes zancadas, le corté el paso asestándole un golpe en la mandíbula que le desestabilizó haciéndole caer al suelo, se incorporó de un salto y se encaró conmigo, había conseguido distraerle de su objetivo. Como había previsto, los demás hombres de K se dividieron, pude ver a Selil saltar sobre uno de ellos y beber su sangre hasta dejarlo inerte tendido sobre las alfombras que revestían el suelo del local. Los ojos de la vampiresa brillaban a consecuencia del frenesí provocado por la sangre humana, sus movimientos se tornaron más agiles y precisos, en cuestión de segundos acabó con la vida de varios de sus oponentes. Aprovechando el ataque de sus hombres K había modificado su posición e intentaba atacar a Selil por la espalda. Aprovechó un descuido para saltar sobre la vampiresa, pero mi mortal amiga parecía tener un sexto sentido, sin cambiar de posición hizo girar su alabarda en un movimiento circular alrededor de su cuerpo y la alabarda que parecía danzar en el aire paso rozando el cuerpo de la muchacha propinándole un corte de lado a lado del torso, K se desplomó sobre el piso sangrando abundantemente. El drow dejo de atacarme para correr a auxiliar a la mujer que en ese momento sólo emitía un quejido suave, su sangre había empapado la alfombra, se estaba muriendo. Él la levantó con sumo cuidado y salió del local con la mujer en los brazos, los forajidos que habían conseguido escapar de las manos de Selil le siguieron perdiéndose entre las sombras de la noche. Selil sonreía pletórica, me miró y se encogió de hombros.

-Alégrate querido Marcus, por suerte no seremos nosotros los que tengamos que limpiar todo esto -su risa resonó por todo el local, paso un dedo por el filo de la alabarda llevándoselo después a la boca.