Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 25 de enero de 2010

Para ti mi Poeta Cubano.

Quisiera hoy dedicarle esta entrada a mi poeta, ya os hablé de él hace un tiempo. Pero ahora quiero dedicarle un trocito de mi pasión en agradecimiento por sus desvelos y sobre todo por su cariño.

Llegué a la Isla de Pedro por casualidad, me pasé un rato leyendo sus poesías y me llegaron al corazón, recuerdo que en una de ellas hablaba de la musa del poeta. No me acuerdo del comentario pero sí que le firme: tu musa. Creo que a él le hizo gracia la firma y ahí comenzó nuestra amistad, una amistad que se ha ido fortaleciendo con el tiempo llegando a convertirse en un profundo cariño.

Pedro me ha dedicado varias poesías en este tiempo. A mí me gustaría saber escribir, expresar mis sentimientos tan bien como lo hace él, pero para eso es preciso tener un don, un don que yo no poseo. Sin embargo quiero agradecerle de alguna manera su cariño y he pensado que la mejor manera es publicando en mi blog uno de sus poemas. Un pequeño homenaje para un gran hombre.

He elegido una poesía que no sólo me pareció preciosa sino que me emocionó profundamente, esta dedicada a las mujeres maltratadas y en especial a una que para mí es la más importante, mi madre.

Gracias Pedro por ser como eres, por estar ahí siempre que te necesito y por esta hermosa poesía. Mil besos.




Mujer
                                                                      que has sufrido
insolentes amagos
y púrpuras tatuados
sin pedirlo
en tu rostro.

Que has probado
el salitre
de tu propia
sangre
en el labio violado
por mísero puño.

Cuyo escudo
de entonces
fueron sólo las manos
—palomas voladas
en raudo aleteo—.

Mujer
que volaste
haciéndote
al aire
dejando
atrás
el espectro
de efímeras
promesas.

Mujer
enorme
y gloriosa
del tamaño
de un planeta.

Tus brazos
se hicieron recios
al bregar de la contienda
dando siempre
de tu centro
la energía y la nobleza
que fue infundiendo
en tus hijos
un sentido de grandeza
para la madre
que amante
y sin alarde o vergüenza
demuestra
que los ovarios
son cojones
de tigresa.

miércoles, 20 de enero de 2010

Libro de Valine 5

Me empujó suavemente hasta que me quedé sentado en el filo de la cama, se aparto de mí unos pasos como si temiera que en cualquier momento la abrazara sin dejarla hablar. Y la verdad es que estaba en lo cierto, si no lo había hecho ya es porque me había pillado con la guardia baja y con tan solo una toalla para cubrirme.

Paseaba nerviosa como si no supiera cómo empezar o que decir, de cuando en cuando me miraba por el rabillo del ojo, yo estaba expectante, y aterrorizado con la posibilidad de que ella no quisiera volver a verme, pero me mantuve callado y aparentemente tranquilo. De repente se paró ante mí, me miró directamente a los ojos, la sangre se me congeló en las venas, me miro con aire solemne y comenzó a hablar bastante rápido –no puedes amarme Valine, no quiero hacerte daño, eres el hombre más bueno que he conocido en mi larga existencia, y yo soy cruel y despiadada, soy un vampiro. –la mire incrédulo, seguía hablando intentado convencerme de que amarla sería una equivocación por mi parte, porque no podía asegurarme que su sed no fuera más fuerte que ella y llegara a desangrarme, sentía miedo de herirme pero en su larga retorica cometió un grave error, dijo que me amaba, no pude oír nada mas, en mi mente resonaba una y otra vez, me amaba.

Me levanté despacio y me dirigí hacia ella, se quedo callada sin apartar de mi la vista ni un segundo con la mirada curiosa esperando mi reacción, se puso un poco tensa cuando vio que me acercaba a la mesilla y cogía uno de mis cukris, me acerque mirándola a los ojos con todo el amor que se reflejaba en ellos, ella no separo la mirada del cuchillo, extendí la mano que tenia libre hacia ella y di un corte profundo en la palma, la sangre comenzó a salir despacio, me dedico una mirada fugaz con expresión de incredulidad y volvió a mirar hipnóticamente la sangre que brotaba de la herida. Bebe le dije mirándola a los ojos, sus ojos me miraron suplicantes, la vi luchar consigo misma para no ceder a sus instintos pero al final sucumbió y bebió de mi herida, con el ansia y el frenesí que le provoco la lucha interior y la sangre ardiente entro en una especie de trance, la cogí por el aire antes de que callera al suelo y la deposite sobre mi cama con sumo cuidado. Me recosté a su lado y la abrace mientras ella parecía debatirse aturdida, la atraje hacia mí y acaricie su mejilla despacio pasando suavemente la yema de mis dedos por su rostro marmóreo.

Al cabo de un rato pareció tranquilizarse, acoplo su cuerpo al mío sin mediar una sola palabra, yo seguía acariciando su rostro mientras entre susurros la decía cuanto la amaba, no me importaba correr el riesgo, no me importaba que fuera una vampiresa, no me importaba que su cuerpo estuviera helado, el mío la infundiría el calor que ella necesitaba para estar cómoda, me había enamorado de ella, era la primera persona que me importaba en la vida, daría por ella hasta la última gota de mi sangre sin dudarlo un solo segundo, ella se apretaba mas contra mí en cada murmullo, baje la mano acariciando su cuello y después por su brazo sin dejar de susurrarle palabras de amor, tiré de su vestido dejando al descubierto sus hombros y los besé con ternura, mientras mis manos hábiles desabrochaban su ropa, con un movimiento ágil y silencioso se despojo de la ropa sin que apenas me diera tiempo de darme cuenta, exploré cada centímetro de su cuerpo, al mismo tiempo que sentía como sus gélidas manos recorrían el mío, en el momento en que la poseí solo pude acercar mi boca a su oído y susurrarle, te quiero. El sueño se fue apoderando de mis sentidos lentamente, deslicé una de mis manos alrededor de su cintura y la atraje hacia mí apretándola suavemente contra mi pecho, atesorándola en mi abrazo como el bien más preciado que jamás hubiera podido adquirir. Sin darme cuenta me fui quedando dormido.

sábado, 16 de enero de 2010

Mi Pasión Oscura.


Ésta noche cuando he entrado en el blog, me he dado cuenta de que casualmente han coincidido los cien seguidores con las catorce mil visitas, y teniendo en cuenta que no había celebrado las cien entradas del libro con el que os llevo dando la lata unos cuantos meses (desde febrero concretamente xD), he pensado que podría hacer algo parecido a lo que hizo mi amigos Pedro y Dama Blanca en su blog.

Me gustaría mucho celebrar con todos mis seguidores este momento y así poder agradeceros vuestra amistad, por eso he decidido crear… no diría un premio, porque no me considero indicada para dar premios, pero si un regalo con un pedacito de mi corazón, que represente mi gratitud y mi amistad.

He pensado que la mejor manera de que quede el recuerdo es hacerlo con el nombre de mi blog, que también es el nombre de mi libro. Espero que os guste. Besos a todos.

No voy a nombrar a ninguno porque sois cien, y me pasaría horas poniendo enlaces, pero es para todos vosotros. Gracias por estar ahí.


lunes, 11 de enero de 2010

Libro de Valine 4

Estaba exhausto y debí quedarme dormido; abrí los ojos, incrédulo, la pesadilla que me había perseguido durante tantos años por primera vez no había acudido a mí aquella noche. Tardé un par de segundos en comprender dónde estaba… me incorporé y busqué a Drusila hasta donde me alcanzaba la vista; la llamé, pero no contestó. De un salto me levanté del improvisado lecho donde habíamos pasado la noche y me vestí con apremio. La busqué por la cueva y después por los alrededores. Me dejé caer desolado a los pies de uno de aquellos tremendos árboles: se había ido, ni siquiera me había despertado. Me invadió una sensación de tristeza que no me dejaba apenas respirar… cuando conseguí sobreponerme regresé a casa.

La vivienda me pareció inmensa y vacía, y aún así me ahogaba dentro de ella. El miedo que hasta ahora había sentido al recodar mis pesadillas me parecía una nimiedad al lado del temor que sentía de no volver a verla, de no tenerla de nuevo entre mis brazos, de no poder acariciar su cuerpo gélido pero a la vez ardiente de deseo. Me dejé caer en uno de los butacones sumido en mi desesperación, cerré los ojos para evocar con vehemencia cada uno de sus rasgos con la esperanza de grabarla a fuego en mi mente. Sus enormes ojos claros mirándome embelesada, sus labios finos ardiendo en el deseo de fundirse con los míos, su hermosa melena oscura cayendo por su espalda contrastando con el tono marmóreo de su piel suave, su cuerpo de diosa vibrando con cada una de mis caricias; no podía perderla, me juré a mi mismo no descansar hasta haberla encontrado.

Me levanté tirando de mi cuerpo y subí como pude hasta mi alcoba con la intención de cambiarme de ropa y salir a buscarla. Me senté en el borde de la cama sin saber muy bien qué estaba haciendo, un sabor amargo inundaba mi garganta y tenía un nudo que no me dejaba tragar… por un momento pensé que iba a ahogarme. Me dejé caer en la cama y no sé en qué momento perdí la consciencia.

Me desperté sobresaltado: la horrible pesadilla había regresado pero ahora además sentía un vacio profundo en mi alma, como si me hubieran arrancado el corazón de cuajo. En mi sueño no entendía el motivo por el que me sentía así, pero al despertar era consciente del dolor y el vacío que provocaba en mí la certeza de no volver a ver a Drusila. Me senté en la cama y me quedé mirando hacia el cielo oscuro y cubierto de estrellas. Dejé volar mi mente evocando cada minuto que la había tenido en mis brazos y de nuevo una inmensa tristeza se apoderó de todo mi cuerpo.

Me levanté y me encaminé hacia el cuarto de baño; pasé un rato dedicado a mi aseo personal, me metí en la ducha y dejé que el agua que corría casi fría cayera por mi cuerpo mientras cerraba los ojos en un intento inútil de evadirme de mis propios pensamientos. Regresé a mi dormitorio con una toalla enroscada a la cintura para vestirme y salir en su busca, pero me quedé petrificado al entrar en mi alcoba. Estaba allí, tan quieta como una estatua, mirándome con sus ojos en un gesto que me pareció inexpresivo; me quedé paralizado. Por un segundo pensé que lo estaba imaginando y no sabía si acercarme y besarla o restregarme los ojos. Pareció darse cuenta de mi asombro y su boca se curvo en una sonrisa dulce y seductora, tendió su mano hacia mí y me dijo – Ven, tenemos que hablar – Me acerqué despacio hasta ella sin saber muy bien cómo comportarme.

jueves, 7 de enero de 2010

Libro de Valine 3

Me acerqué despacio para no asustarla… se puso alerta al comprender que me acercaba a ella; en un movimiento ágil (que me recordó a un felino a punto de saltar sobre su presa) se puso a la defensiva. Decidí que lo mejor era hablarle para que se tranquilizara. – ¿se encuentra bien señorita? –se quedó mirándome sin articular palabra. Me observaba como si fuera la primera persona que veía en su vida, estaba empapada, y parecía que la sangre se le había bajado a los pies: su cara estaba tan pálida que parecía sobrenatural. Dio un paso hacia atrás y se tambaleó; yo di un paso hacia ella y la sujeté antes de que cayera al suelo. La atraje hacia mi cuerpo con la intención de transmitirle algo de calor, ella se abrazo a mí y pego su cara a mi pecho, alzó la vista hacia mí y susurró -Eres tan cálido.

Su voz dulce y sensual me aturdió, tanto que tuve que bromear para que no notara el efecto que me había provocado. Pasé la mano por su cabeza y me di cuenta de que su larga melena estaba chorreando, quizá ese era el motivo de que estuviera tan fría. La tomé con delicadeza en mis brazos y me senté en un rincón acurrucándola contra mi pecho. La temperatura de mi cuerpo era unos cuantos grados superior a la de cualquier humano, debido probablemente a la sangre de mi casta que corría por mis venas.

Estuvimos hablando mucho rato, una conversación insustancial, pero las horas se me pasaron en un vuelo. Había dejado de llover y sabía que se acercaba el momento de separarme de ella. La tenía entre mis brazos, apretada contra mi cuerpo, y parecía sentirse tan confortable entre ellos que se podía pensar que estaban hechos sólo para albergarla. Nunca hasta ese momento me había sentido tan bien con alguien, no es que no hubiera habido relaciones con mujeres en mi vida, pero ninguna de ellas me había hecho sentirme como lo hacía la mujer que tenía entre mis brazos.

Alzó la cabeza para mirarme con sus ojos enormes pero llenos de tristeza, no sé si en ellos se dibujaba el deseo o era lo que yo quería ver, pero acerqué mis labios a los suyos, que se acoplaron a los míos con la misma pasión que yo había puesto en ese beso. Noté un ligero escalofrío recorrer mi cuerpo al sentir su aliento en mi boca y la abracé con más fuerza, acercando su cuerpo aún más al mío. Mis manos actuaban como impulsadas por alguna fuerza fuera de mí y ella parecía haber entrado en un trance. Acaricié su cuerpo por encima de la ropa: un cuerpo perfecto que parecía dejarse moldear por mis manos. Paré por un instante para mirarla a los ojos, ella pasó sus brazos por mi cuello animándome a seguir, y volví a besarla poniendo en ese beso toda la pasión que recorría mi cuerpo. Sentí que ella se entregaba a mis caricias y la seguí amando hasta hacerla mía, en el momento en que nuestros cuerpos se fundieron en uno supe con total claridad que esa mujer se había convertido en la razón de mi existencia.

domingo, 3 de enero de 2010

Libro de Valine 2

Me acerqué a la ventana de mi alcoba, hacia ya varios años que vivía en Assen, no sé cómo llegue a este pueblo, desde que abandoné la abadía había recorrido muchas ciudades en busca de algunas respuestas, pero Assen me cautivo, sus gentes y su rutina me parecieron acogedoras en ese momento y me compré una hacienda, la casa principal era muy espaciosa, demasiado grande para una sola persona, pero resultaba muy acogedora, y el jardín posterior poseía un encanto que lo hacía casi mágico, la tarde estaba densa y gris, el viento había comenzado a soplar con fuerza y a lo lejos se escuchaban algunos truenos que amenazaban con descargar una fuerte tormenta, mi labios dibujaron una amarga sonrisa y me dispuse a salir a pasear por el bosque que se extendía amenazante alrededor de mi casa.

Me gustaba pasear por aquel bosque, me ofrecía la paz que mi alma buscaba desesperadamente, aunque tan solo durara lo que duraba el paseo, pero en ese rato mi alma volaba libre más allá de mi propio cuerpo, era incluso capaz de dejar mi mente en blanco por algunos segundos, me sabia solo y esa soledad me ayudaba a evadirme de mis temores, y de mi angustia, aunque nunca era capaz de desterrar también mi pena.

En mis cavilaciones me había alejado bastante y la lluvia comenzó a caer con fuerza, conocía ese bosque como la palma de mi mano, me encaminé hacia una cueva que tenía dos salidas una de ellas quedaba cerca del linde del bosque que daba con mi casa. Atravesé la cueva caminando despacio, quería darle tiempo a la tormenta para descargar toda su ira, y además me sentía a gusto dentro de las cuevas, en cierto sentido me parecía como andar por casa, el eco de la cueva hacia resonar los truenos, a lo lejos distinguía la otra entrada de la cueva que se iluminaba con cada nuevo rayo, me aproximaba despacio sabiendo que aún duraría bastante la tormenta.

Me había acercado bastante a la salida cuando uno de los rayos de la tormenta ilumino parcialmente el trozo de cueva de la entrada, en un rincón me pareció atisbar algo que se movía, me detuve cauteloso pensando que podría ser algún animal salvaje, pero aquella criatura no se volvió a mover, estaba tan quieta que parecía una estatua, incluso hubiera jurado que ni siquiera respiraba, en el siguiente relámpago pude ver que se trataba de una mujer, parecía asustada y estaba empapada.