Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

sábado, 8 de enero de 2011

Libro de Valine 33

- ¿La entrada hacia dónde? –pregunté con un hilo de voz casi imperceptible. No quería que se notara desasosiego en mi tono, la ansiedad que había despertado en mí la incertidumbre y por supuesto la curiosidad por saber que habría al otro lado de aquella entrada.

- Aún no estás preparado para atravesar el umbral, lo que puedes encontrar al otro lado te será revelado en su debido momento.

Aquella respuesta me desconcertó mucho más y por supuesto aumentó en gran medida mi curiosidad, pero decidí dejar el tema a un lado por el momento. El hada parecía haber dado por concluido nuestro pequeño encuentro. Alzó el vuelo un par de centímetros por encima de mi rodilla, miró hacia el grupo de hadas que revoloteaban jugueteando con los cabellos de mi acompañante y antes de que pudiéramos reaccionar el grupo se alejaba hacia la maraña de luces que conformaban lo que en un principio me recordó a un cielo oscuro repleto de brillantes estrellas. Me volví hacia el elfo que en ese momento estaba entretenido en destrenzar su larga melena.

- ¿Has oído lo que ha dicho el hada sobre la entrada?

Asintió con la cabeza sin dejar de renegar entre dientes. Sin duda las ánjanas se habían entretenido un buen rato con su pelo, no pude evitar sonreír mientras él se afanaba en deshacer la gran cantidad de trenzas que las pequeñas le habían dejado como recuerdo.

- ¿Conocías la existencia de esa entrada? –pregunté mientras alzaba la vista hacia la constelación de luces que se dibujaba en el techo de la cueva.

- Había oído contar a los ancianos algunas historias sobre la entrada que custodian las hadas, pero siempre pensé que no eran más que cuentos para niños.

- ¿Qué contaban los ancianos?

Meditó un momento que se me hizo interminable. He de admitir que la curiosidad que se había despertado en mi era mayor de lo que estaba dispuesto a admitir. Miré fijamente al elfo y le hice un gesto con la cara animándole a hablar, pude ver como sonreía y estoy seguro de que alargó el momento de contestar sólo por el placer de hacerme esperar.

- Algunos decían que era la entrada al inframundo, otros que tan solo era un portal para pasar a otro plano –se detuvo un momento para enfatizar sus palabras- … pero la historia que más nos gustaba escuchar era la que contaba la anciana, ella decía que custodiaban la entrada hacia el reino de Kemen, y que allí moraba la Esencia de la Tierra. Decían, además, que a los mortales que habían conseguido verla, se les había mostrado con la presencia de una dama muy bella.

- El reino de Kemen –repetí mecánicamente mientras mi mente volaba imaginando como podría ser aquella dama.

- Quizá cuando hables con la anciana tengas la ocasión de preguntarle por el reino de Kemen.

Asentí; sin duda lo haría. No dejaría pasar la oportunidad de preguntarle por Kemen, aquella misteriosa esencia que se mostraba con forma de mujer, además quería saber porque el hada había dicho que aún no estaba preparado.

¿Qué había querido decir con esa afirmación? ¿Qué tenía que hacer para estarlo? En ese momento me juré a mi mismo que volvería a aquella cueva y que atravesaría el umbral de aquella entrada. Ahora ya era imposible seguir adelante sin conocer a Kemen, la misteriosa Dama esencia misma de la tierra.

Me dejé caer de nuevo sobre mi mochila esperando pacientemente a que amainara la tormenta. No podía dejar de pensar en cómo sería aquella misteriosa mujer, qué habría detrás de la entrada, cómo sería el reino de Kemen. Sin apenas darme cuenta mi mente había volado hacia el rostro de otra mujer, aquella que entró en mi vida tan misteriosamente como lo hacía ahora Kemen: Vhala.

3 comentarios:

  1. No podía comenzar mejor este año, repleto de ilusiones y expectativas, tras un largo lapso de ausencia literaria, con otra de estas magistrales publicaciones, después de tantos días deseando saber qué revelarían las anjánas en esta mágica narración que nos has brindado.

    Pero, por supuesto, como no podía ser de otra manera, igual que estaba deseando conocer como continuaba la historia, ya sabía que me ibas a dejar con las ganas de nuevo... no sólo por el hecho de introducir un nuevo lugar y una nueva y enigmática mujer, que forma parte de tu mitología fantástica particular, sino porque cuando parecía que ibas a retomar la historia de la vampiresa Vhala... me haces volver a esperar.

    ¿Estás convencida de que es Elivyän realmente el que disfruta haciendo esperar? Creo que ese rasgo del cuentacuentos elfo ha sido adquirido de otra persona en concreto, aunque eso es lo que me encanta de tus escritos, que cada uno de ellos tiene tu impronta imaginativa... y parte de tu propia personalidad ;)

    Es fascinante, como siempre, tu forma de plasmar meditante la descripción situaciones, historias, personajes y lugares, en apenas espacio de publicación y con tantísima intensidad. Es ello lo que provoca mi dependencia hacia tus letras... y no sólo hacia ellas ;)

    Ya estoy deseando cruzar ese umbral, pero mucho me temo que... me volverás a hacer esperar jajaja

    Pero esta espera, sin duda, merece la pena :)

    Como la merece seguir leyéndote en este nuevo año y siempre, porque eres increíble.

    Besos de un fiel lector, que jamás exagera en sus opiniones, ni está influenciado por lo que siente en su corazón.

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  2. Qué ganas tenía de leer la continuación!! Lo bueno se hace esperar y lo tuyo siempre es muy bueno :)

    Espero que hayas pasado unas buenas fiestas.

    Feliz año!!

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  3. Paso a saludarte y a desearte un 2011 mucho más pleno y feliz que lo que pudo haber sido 2010. Que todos tus deseos y tus metas se hagan realidad. Ser escritora, ya lo eres. Ahora sólo resta que no descansen ni el cerebro creativo ni el brazo que ejecuta. Excelente, Musa. Mucha y muy buena salud, ante todo. Besitos cubanos para ti y para JD.

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