Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

domingo, 17 de abril de 2011

Libro de Valine 35

  
Mientras recogía mis cosas me di cuenta de que Elivyän me había mirado en varias ocasiones con una ligera preocupación dibujada en su rostro, pero preferí hacer como que no lo había notado. Me encontraba bastante mal como para que el elfo me asediara con preguntas. Una vez estuvimos preparados, retomamos el camino. Durante los primeros metros no llegamos a cruzar una sola palabra, si bien es cierto que mi compañero hizo ademán de preguntar en varias ocasiones, pero por algún motivo decidió dejarlo pasar. Según íbamos avanzando, me iba encontrando cada vez peor: los escalofríos se sucedían con mayor brevedad y cada vez eran más intensos. Un dolor lacerante me atravesaba el cuerpo desde la espalda, a la altura de los omóplatos, hasta el pecho, como dos espadas ardientes atravesando mi cuerpo de lado a lado. Sentía como me abandonaban las fuerzas con cada paso que daba. Llegó un momento en que todo me daba vueltas y me detuve un momento pensando que caería por el acantilado. Fue en ese instante cuando todo se tornó negro a mí alrededor y perdí la consciencia. Supe después que había pasado varios días inconsciente, febril y delirante, luchando por mi propia vida.

Miré a mi alrededor, entre tanta oscuridad pude contemplar con total nitidez los ojos de Drusila que me miraban melancólicos, llenos de tristeza. Una gota de sangre se deslizó desde ellos hasta la comisura de sus labios. Ella saboreó la gota de sangre y después se humedeció los labios pasando suavemente la lengua. Quise avanzar hacia ella, pero algo me mantenía sujeto, como si me hubiera quedado pegado al suelo. Intenté llamarla, pero de mis labios sólo salía un lamento. Extendí los brazos hacia ella y ella imitó mi gesto al tiempo que se alejaba de mí. Intenté correr tras ella de nuevo y fue entonces cuando me di cuenta de que unas sombras me mantenían firmemente pegado al suelo. Podía sentir sus manos que dañaban mi cuerpo con tan sólo rozarlo. Escudriñé en la oscuridad al escuchar un llanto, el llanto de un niño que entre sollozos llamaba a su madre. Un poco más allá, a unos metros del niño, estaban mis padres. Mi madre lloraba mientras me dejaba en los brazos de un monje regordete de mofletes rosados. De repente todo se desvaneció. De entre la oscuridad surgió un dragón, un poderoso dragón broncíneo. Pude sentir su ira, su sed de venganza. A sus pies los cuerpos sin vida de dos dragones que iban transformándose en un hombre y una mujer, mis padres. Cuando intenté acercarme a ellos se fueron disipando y en mitad de la niebla de nuevo estaba ella, pidiéndome con la mirada que no la dejara ir, pero yo seguía pegado al suelo intentando zafarme de las sombras oscuras que por algún motivo que no llegaba a comprender me lastimaban quemando mi piel como si portaran ascuas candentes mientras me susurraban incesantemente: “Acata tu destino, hijo de Termen”. Entre esas susurrantes voces destacaba una que reconocí al instante. Su voz, suave, insinuante, sensual y dulce: “Despierta, cariño. Abre los ojos, ven a mí”.

Abrí los ojos despacio. Tardé un rato en acostumbrarme a la penumbra que reinaba en aquella alcoba. No sabía dónde estaba. Observé cada rincón de la estancia intentando reconocer alguno de los enseres. Me hallaba tumbado en una cama tosca de madera de pino sin tallar, sobre un colchón de lana poco mullido. Sus sábanas, aunque algo ajadas, estaban impolutas; sin duda habían sido cambiadas con regularidad. Como cobertor, una bien curtida piel de oso que en ese momento abrigaba demasiado. Frente a la cama un armario de dos puertas que, por cierto, no parecían encajar demasiado bien, y junto al armario una mecedora desgastada por el uso de la que colgaba un echarpe tejido a mano. A uno de los lados de la cama un ventanuco que parecía estar entornado, cubierto por unas gruesas cortinas de un material que no sabría precisar, dejaba entrar algo de brisa. Pero desde la cama no podía saber si era de noche o de día. Al otro lado del armario se encontraba la puerta que supuse daría acceso a un cuarto de estar, ya que podía escuchar susurros de varias personas al otro lado. Intenté incorporarme, pero estaba exhausto. Alcé la voz para gritar:

- ¡Drusila!





8 comentarios:

  1. Puedo respirar sosegado, después de volver a tener tu literatura en mis brazos, acariciando mi mirada como sólo tú sabes hacerlo... porque considerando el tiempo que ha transcurrido desde la última vez que habías continuado la novela, ya estaba empezando a acostumbrarme a no leerte. Y eso no debe ocurrir, nadie puede habituarse a no disfrutar de esta maravillosa historia, a la que, con esta publicación, has vuelto a embellecer.

    Porque esa efímera agonía de Valine, esa terrible y acuciante situación que vive al comienzo de tu pasaje, lo ha transportado, directamente, hacia ese pasado que nos vas mostrando, en pequeñas dosis, pero que nos descubre la profunda riqueza del personaje. Y, además, porque no decirlo, en mi caso también me ha revelado que ciertos nombres imaginarios de reciente creación tienen cabida en tu novela. ¡Que Termen me fulmine si estoy mintiendo!

    Pero, sin lugar a dudas, lo que ha conseguido evocar mayores emociones en mí, es el hecho de que Valine haya vuelto a ver a Drusila, después de tantas publicaciones... en su sueño. Pues, para algunos de nosotros, a veces son únicamente los sueños los que nos permiten sentir cercano a ese ser amado, que la terrible circunstancia mantiene lejos y sólo soñando podemos alcanzarlo. En este caso, el pobre Valine ha tenido que sufrir aún más, pues su onírica enamorada se distanciaba de él. Hasta en la imaginación es malevólica... hay que ver.

    Malevólica Drusila y la autora que la inspira y recrea, porque no contenta con haber tardado una eternidad en volver a publicar, ahora, encima, acabas la publicación en un instante de clímax emocional.

    Más vale que pronto podamos averiguar lo que ocurre, o me veré obligado a "trepar hacia tu ventana" ;)

    Besos oníricos de un anciano soñador para ti, que puede que a poco sepan... hasta que te pueda despertar con uno de verdad.

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  2. Siempre es un placer pasar por tu casa,
    disculpa la ausencia,
    deseo pases unas felices fiestas
    de semana santa.
    un abrazo.

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  3. Fantástico *w*!!
    Realmente me gustó ^w^!!!

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  4. Que ganas tenía de leer la continuación, pero nunca encuentro el momento... necesito vacaciones! jeje.

    Un saludo!

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  5. me encanta...soy nueva aki en el blog y encontre el tuyo y me encanta...cuidate

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  6. Ciao! Te visite para dicir "Gracias" por tu comentario y por ser seguidora nueva. Es un honor. Desculpa mi espanol. But your site is so fascinating! Awesome job. Otra ves, gracias mi amiga!

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  7. Tal vez me leerían más, pero me es mucho más fácil, y cómodo esribirla aparte

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  8. Muchas gracias por vuestros comentarios. Volga, no sabía a qué te referías hasta que he pasado por tu blog, la verdad es que he estado fuera un par de días y mi madre ha estado... digamos cotilleando por mi blog. Yo también lo escribo aparte pero luego lo publico en el blog, claro que cada uno es libre de hacerlo como más le guste.

    Un beso para todos.

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