Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Libro de Valine 57

Subimos los dos tramos de escalera, avanzamos por el estrecho pasillo tan solo iluminado por una pequeña lámpara de aceite que debía estar a punto de agotarse. Esperé a que Arhavir entrara en su dormitorio, empujé la puerta y entré en el mío.
Me dejé caer en el butacón para quitarme las botas. No me había dado cuenta de lo cansado que estaba hasta ese momento. Me recosté un momento apoyando la espalda en el respaldo y me fijé en que los apliques de velas estaban apagados, en su lugar iluminaba la alcoba un pequeño candil con una luz muy tenue. Me quité las botas intentando alejar de mi mente el sueño de la noche anterior, me costó bastante pero conseguí concentrarme en otras cosas. Me metí entre las sábanas, apagué el candil y cerré los ojos con la esperanza de dormir del tirón toda la noche.
Pero no fue así, a pesar de lo cansado que estaba me costó conciliar el sueño. Pasé un buen rato con los ojos cerrados dando vueltas en la cama, intentando dejar la mente en blanco, intentando no pensar en nada, pero las idas y venidas de los demás clientes  a lo largo del pasillo lo hicieron bastante complicado hasta bien entrada la noche. Al final, el cansancio me venció y conseguí quedarme dormido.
Me desperté un rato después, no sé exactamente cuánto había dormido, pero no había sido suficiente porque seguía tan cansado como cuando me metí en la cama. Una pareja, que sin duda había bebido más de la cuenta, avanzaba por el pasillo hacia su dormitorio dando tumbos. Sonó un golpe brusco contra la puerta. He de reconocer que me faltó poco para salir al pasillo y llamarles la atención pero estaba demasiado cansado y decidí dejarlo pasar. Me enrollé con la manta de un tirón y me giré hacia la ventana, cerré los ojos maldiciendo bajito e intenté volver a dormirme.
Había conseguido relajarme y estaba a punto de volver a quedarme dormido cuando algo golpeó mi cama tal y como había pasado la noche anterior. No me moví. Sopesé la posibilidad de que fuera una rata, pero lo descarté inmediatamente: el golpe había sido demasiado fuerte. Contuve la respiración un momento y apreté los ojos con la esperanza de que solo hubiera sido mi imaginación jugándome una mala pasada. Agucé el oído sin mover un solo músculo, no se oía nada. Me mantuve un rato inmóvil liado entre las ropas de la cama con los ojos cerrados. Me fui relajando según pasaban los minutos, sin duda había sido mi propia mente la que me había confundido.  Volví a quedarme dormido y soñé. No pude recordar que había soñado pero me desperté de madrugada con una gran sensación de paz que he de reconocer que hacía años que no sentía.
Me quedé tumbado en la cama con los ojos cerrados. Era demasiado temprano y supuse que tanto Elivyän como Eolion se habrían retirado tarde y por lo tanto tardarían al menos un par de horas en levantarse. Cerré de nuevo los ojos, esta vez no tenía intención de dormir pero me resultaba más fácil dejar volar la imaginación con ellos cerrados. Como solía sucederme cada vez que tenia un momento de sosiego mi mente evocó el recuerdo de Drusila, la imaginé sentada junto al ventanal de mi alcoba; parada junto a la laguna del jardín rodeada con su larga melena ondeando al viento; evoqué su sonrisa, sus pálidos labios y no pude por menos que sonreír al recordar la canción de Nara.
De nuevo sentí un golpe a los pies de mi cama pero en esta ocasión abrí los ojos e incluso me incorporé, pero no había nadie. Me quedé un rato sentado en la cama esperando por si se repetía pero no fue así. Me levanté sin prisa, abrí ligeramente la ventana. Faltaba poco para el amanecer, en el horizonte mas allá de los tejados de la ciudad recortando el perfil de las montañas, el cielo parecía querer teñirse de colores anaranjados.
Volví a meterme en la cama, entonces me di cuenta de que la luz del alba había inundado mi alcoba de tal manera que la hebilla de mi cinto, mi espada y en general todos los objetos metálicos parecían brillar por sí mismos, como si fueran de plata recién pulida. La luz se intensificó y la ventana se cerró de golpe. Me sobresalté y de un respingo me puse de rodillas sobre la cama. La luz azulada parecía danzar de un lado a otro iluminando cada rincón por el que pasaba, incluso pasó sobre mí obligándome a inclinarme un par de veces. Se detuvo a los pies de la cama, para ese momento me había levantado y estaba parado de pie junto al lecho. Aquella luminiscencia comenzó a crepitar, parecía estar partiéndose en cientos de luces menores que se agitaban sin control a gran velocidad sin alejarse del foco de luz. Después de un rato pareció ir tomando forma, se transformó lentamente tomando forma femenina. Me miró a los ojos y me estremecí.
No podía moverme del sitio, estaba paralizado, pero no sentía temor. Tampoco estaba inmovilizado por algún tipo de magia, mas bien se debía a la enorme curiosidad y el asombro que había despertado en mí aquella extraña visión. La mujer desvió la mirada hacia sus manos en las que portaba algo, aunque con el resplandor no podía apreciar con claridad lo que era. Tampoco dije nada, espere a que fuera ella la que hablara, pero se mantuvo callada hasta que las luces comenzaron a moverse lentamente. Fue entonces cuando la escuche por primera vez: susurró mi nombre, y su voz sonaba como  una dulce melodía.
No había dejado de mirarla un solo segundo, su rostro no había cambiado en ningún momento, ningún gesto, ni bueno ni malo. Tampoco la vi mover los labios en ningún momento pero… podía escuchar cada una de sus palabras con claridad. Volvió a repetir mi nombre, yo quería contestar pero estaba demasiado impresionado para articular una sola palabra. Y entonces, como una revelación, tuve claro que se trataba de una enviada de la Dama Luna. Volvió a pronunciar mi nombre y me habló:


Un rayo de luna blanca

en una noche sin luna,

en las manos de la dama

brillaba la luz más pura.



Forjando con su pureza

la esperanza  y  el deseo,

de todos los hombres

de corazón puro y bueno.



Un trocito de su alma

te entrego en este momento,

con una sola advertencia

de esta daga que te ofrezco.



Se prudente por tu bien

una vez que la despiertes,

porque corazón que toca

se torna en ascuas ardientes



Inundando con su luz

la más oscura  ponzoña,

de esos oscuros seres

que nos proyectan su sombra.



En tus manos queda ahora

el destino de los hombres,

usa el filo que te entrego

Ankhalinâr” es su nombre.

Abrí los labios con la intención de hablar con ella. Quería saber que debía hacer con aquella daga, que esperaba la Dama que hiciera y por qué hacia recaer sobre mí el destino de los hombres. Pero no me dio opción, según terminó de hablar las luces comenzaron a girar de nuevo a gran velocidad y la figura del ser se fue difuminando hasta formar un tenue foco de luz que salió de mi alcoba por donde había entrado.

Dejé la daga sobre la cama y me senté inclinado hacia delante con la cabeza entre las manos. Cerré los ojos con la esperanza de que al abrirlos todo hubiera sido un sueño, de la misma manera que me había sucedido la noche anterior. No quería creer lo que estaba pasando, me resistía a levantar la cabeza. Luché un rato conmigo mismo y me pareció que habían pasado tan solo unos minutos, pero cuando levanté la vista ya era de día. La busque con la mirada y ahí estaba, sobre la manta de mi cama recordándome cada una de las palabras que me había dicho aquel ser de luz.

La cogí pensando que seria muy pesada, pero para mi sorpresa era liviana y manejable.  La empuñadura estaba labrada, había una torre sobre una base de lo que parecían las cabezas de cuatro dragones de hueso; sobre los dragones dominaba un dragón broncíneo. La parte alta de la torre se cerraba como una garra de dragón que parecía sujetar una bola de cristal ambarino: una citrina. El filo de la daga parecía de plata, aunque según la movieras, en ocasiones parecía de cristal. Lo que mas llamaba la atención de aquél arma era que brillaba...  Tanto como la misma luna.

5 comentarios:

  1. Me alegra leerte de nuevo, Alma.
    Se te echaba de menos.
    Pero veo que vuelves con la misma o más fuerza que antes, eso es bueno, muy bueno.
    Un abrazo

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  2. Venga recomendada por EldanY, y bueno, creo que tiene razón en todo lo que dijo, así que me quedaré un ratillo por tu blog. Un besazo.

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  3. Tengo que felicitaros escibis muy bien,, me encanta lo que leo en este blog,,,, pero creo que tardaré en ponerme al día!!! Un beso.

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  4. Hola guapa, creo que tardaré bastante en ponerme al día, y más ahora que no tengo mucho tiempo, pero te iré leyendo jejejeje. Vi tu comentario en mi blog, bueno, en uno de los blogs jejeje, te recomiendo que mires mejor el otro, porque justo en el que entraste, son las cosas que hago para el cole, y al menos que seas profe o tengas peques... No creo te sirva para mucho, aunque algunos cuentecillos estén interesantes jejejeje.

    Te dejo dirección... http://tamaravillanueva.blogspot.com/

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  5. Hola es la primera vez que te leo y realmente me quede maravillada con tu narrativa, hay que ser muy creativa o realmente un canal que es lo que creo que eres, felicitaciones y gracias por compartirlo

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