Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 21 de mayo de 2012

Libro de Valine 59

Elivyän se acercó despacio. No apartó la mirada de Eolion mientras ella se alejaba sin volverse a mirarnos ni una sola vez,  me dio un par de golpes amistosos sobre el hombro y aprovechó para empujarme ligeramente.


-     Es hora de ponerse en camino.

Tenia razón, había llegado el momento de seguir adelante y así lo hicimos. Bajamos por el camino empedrado que descendía desde las puertas del sur de la ciudad hasta el valle del Albar. El cielo estaba parcialmente encapotado por oscuros nubarrones que barruntaban tormenta, corría una ligera brisa fresca con aroma a tierra mojada y de cuando en cuando podía escucharse el sonido apagado de algún trueno lejano.

Avanzamos hacia la orilla, donde se formaba un pequeño remanso de aguas tan claras que podía verse con claridad el lecho del rio, de orillas de fina y blanca arena.
Unos metros mas abajo, un puente de piedra de tres arcos lo cruzaba hasta el otro lado del camino internándose en el espeso bosque. Junto a la pequeña playa se extendía una zona de hierba baja en la que varias familias de medianos habían acampado formando una media luna con sus carretas. A juzgar por el campamento que tenían montando, debían de llevar allí varios días, quizá más de una dekhana.
Era temprano, pero aun así, el campamento bullía de vida. Las mujeres más mayores estaban reunidas junto al fuego, charlaban animadas mientras preparaban el desayuno. Según pude observar había huevos, tortas de maíz, tocino frito y dos cantarillas de leche de cabra. Las más jóvenes se encargaban de los niños, de alimentar y ordeñar las cabras y de recoger los huevos de la media docena de gallinas que transportaban en una pequeña carreta que habían convertido en jaula. Los hombres por su parte se encargaban de las mulas, de la caza y por supuesto, de negociar con los viajeros que pudieran cruzarse en su camino.
Me sorprendió bastante encontrar una caravana de medianos en la que además hubiera mujeres y niños, aunque si bien era cierto que las familias medianas tenían tendencia a ser nómadas, siempre había pensado que los aventureros medianos acostumbraban a dejar sus familias atrás; abandonar sus aldeas y echarse al camino en busca de aventuras.
Quizá por su tamaño de no más de tres pies de altura y su peso entre 30 y 35 kg, esta raza había desarrollado la capacidad de llevarse bien con todas las demás, aunque su espíritu aventurero les llevara a buscar aventuras casi siempre en solitario. Oportunistas, listos y competentes. Preferian los problemas antes que el aburrimiento,  motivo por el cual el resto de las razas suele mirarlos con desconfianza, aunque a su manera suelen ser gente honrada.
Se dice que no conocen el miedo y poseen una notoria curiosidad. También que les gusta disfrutar de los placeres y de las riquezas, que gastan con la misma alegría con que las ganan. Los medianos tienen fama de coleccionistas, les gusta reunir todo tipo de objetos, cuanto mas raros y antiguos, mejor. Esta práctica les hace poseer objetos muy valiosos, desde insignificantes materiales para tramperos o abalorios con supuestos poderes,  hasta las armas más extravagantes y poderosas de todo el reino, que utilizan para comerciar sacando el mayor provecho de ellas.

Como era de esperar, según nos acercábamos al campamento uno de los medianos se acercó a nosotros. Instintivamente llevé la mano hasta los cierres de mi mochila, di un tirón suave de las correas de cuero para comprobar que estaban bien cerradas y aun así tiré suavemente de ella hasta colocármela debajo del brazo.  El mediano, que avanzaba hacia nosotros con una sonrisa afable dibujada en su rostro, no cambio el gesto; tan solo desvió por un segundo la mirada hacia mi bolsa y un destello de picardía casi imperceptible asomó a sus ojos. Tendió su mano hacia Elivyän, después saludó a Arhavir y por ultimo a mí.

-   Saludos caballeros –dijo, sonriendo mientras me oprimía la mano.
Me sorprendió la fuerza con la que apretaba mi mano, supongo que esperaba menos presión de una mano casi tan pequeña como la de un niño. Saludé con una leve inclinación de la cabeza al tiempo que apretaba la bolsa contra mi cuerpo. No sabía si era cierto, pero los medianos tenían fama de ser muy hábiles con las manos en cuanto a “tomar prestados” los objetos ajenos.

-   Hemos visto el campamento cuando bajábamos de la ciudad. Nos preguntábamos si tendrías alguna mercancía que pueda interesarnos –el mediano miró hacia Elivyän al tiempo que soltaba mi mano.

-   Sin duda podremos llegar a un acuerdo; siempre es agradable tener con quien comerciar,  mucho más si es con caballeros como vosotros –los ojillos del mediano se iluminaron al contemplar la abultada bolsa que el elfo sostenía sobre su mano-… Pero antes de hablar de negocios, permitidme que os ofrezca un buen vaso de leche recién ordeñada y si gustáis compartiremos también las viandas. Seguidme.

-   Os estamos agradecidos por vuestra generosidad –contestó el elfo mientras seguíamos al mediano unos pasos por detrás.

-   Mi nombre es  Frogrin, de la familia Hinkíley –dijo con orgullo mientras avanzábamos hacia una improvisada mesa en la que se habían acomodado los demás medianos del campamento, que charlaban animadamente mientras compartían el desayuno.

-   Yo soy Elivyän de la familia Ancaitar, él es Valine de la familia Kelter y el muchacho es Arhavir  de la familia… bueno, lo cierto es que no se si tiene familia –dijo mientras miraba al muchacho, encogiendo los hombros. Luego se giró hacia mí con una sonrisa pícara dibujada en su rostro. Sólo pude mirar hacia otro lado para que el joven elfo no me viera sonreír.
Llegamos hasta la mesa y ocupamos los sitios que quedaban libres. A mi derecha se sentó Arhavir, a Elivyän le toco sentarse frente a mi, junto a Frogrin y otro joven que se identificó como Sorin. A mi izquierda había un anciano que durante el comienzo del desayuno no soltó una sola palabra, pero cuando ya empezaba a pensar que debía de estar sordo o mudo, me miró a los ojos y después de un rato de escrutar con parsimonia mi rostro por fin se dirigió a mí.
-   Puede que engañes a mis hijos o a mis nietos, pero yo soy muy anciano y he vivido mucho, he recorrido casi todo el reino, luchando, bebiendo, compartiendo aventuras, e incluso mujeres con muchos guerreros. A mí no me engañas muchacho. Sé muy bien lo que eres.
Me sorprendió el comentario del anciano, supongo que durante el tiempo que se mantuvo callado lo que hizo fue analizarnos a cada uno de nosotros. No sabía a qué se refería con lo de engañar a su familia, no pretendía engañar a nadie. Pero tampoco le iba a contar a un grupo de desconocidos quién era yo, o lo que se esperaba de mí. Por otro lado, podría ser que el anciano tan solo desvariase y yo empezara a estar un poco paranoico.
-   ¿A qué te refieres, anciano?

-   A que no eres un humano corriente. Eres muy joven, pero en tus ojos se adivina que ya has vivido mucho más de lo que deberías. Hay pesar y muchas dudas en ellos.
-   ¿Cuántos años tienes, Roidri?

-   Cumpliré 137 años la próxima dekhana –contestó el anciano-; demasiados incluso para mi raza, aunque algunos medianos han llegado a cumplir los 150 –dijo mientras estiraba su espalda en el intento de adoptar una pose solemne con la que impresionarme.

-   Pareces más joven –me mostré sorprendido y él se relajó orgulloso de sí mismo, sonriendo como un niño con un juguete nuevo.

-   Me gustas, muchacho –me regaló una sonrisa falta de algunas piezas dentales-, ¿quieres saber algo, Valine de la familia Kelter? –No me dio tiempo a responder- Hace muchos años, cuando yo era tan sólo un muchacho de tu edad, no contaría con más de 23 o 24 años… –se detuvo para dar un sorbo de su taza de leche- conocí a una mujer muy hermosa.
En ese momento me di cuenta de que aquel anciano se disponía a contarme su vida, pero no me pareció prudente cortarle. Así pues me harté de paciencia y me acomodé para escuchar su relato.

 -   Su belleza obnubilaba; incluso los caballeros mas experimentados en el arte de la seducción, cayeron rendidos a sus encantos. Guerreros, condes, duques o marqueses e incluso príncipes. Era una mujer de piel tostada e intensos ojos verdes, trenzaba su larga melena dorada con pequeñas flores blancas. Vestía su hermoso cuerpo con las sedas más livianas bordadas con hilo de oro. Cuando caminaba parecía flotar sobre una nube. Era la mujer más bella que jamás habían contemplado mis ojos. Y como todos los hombres que tenían la dicha o la desdicha de cruzarse con ella, me enamoré nada más contemplarla.
Apuró la leche que quedaba en su taza y después la extendió hacia uno de los medianos que había sentado frente a nosotros. Dio un golpe con la taza sobre la mesa y el hombrecillo volvió a llenársela. Bebió un lago sorbo, carraspeó para aclarar su garganta y siguió hablando.
-   Aquella preciosa mujer se hacia llamar Norell de Valthiê, que en común significa venida del Norte, concretamente de Valthiê, en la cordillera Trosenhofh.
Se detuvo y me miró directamente a los ojos esperando una reacción por mi parte. No sé cómo conseguí controlarme, pero lo hice. Después de unos segundos observándome, decidió seguir con el relato.
-   Por aquel entonces yo era un joven de pocos recursos pero de corazón valiente y aventurero. Aquel día había salido al bosque que circundaba la ciudad de Joba, pues conocía un claro cercano con un río por el que ascendían los salmones en aquella época del año y resultaba fácil incluso para un joven y torpe mediano hacerse con una buena pieza que me diera de comer e incluso de cenar. En eso estaba cuando la vi aparecer entre los árboles. No podía dar crédito a lo que estaba contemplando.  Parecía un ser sobrenatural, como ya te he dicho antes. Parecía flotar por encima del suelo como si la misma tierra no quisiera manchar sus ropas. Se acercó a mí, sonriendo. En ese momento estaba seguro de estar soñando –bebió un trago de la leche y después se puso en pie-. Un segundo, tengo que aliviar mi anciano cuerpo. No te vayas, que vuelvo en un momento –se alejó caminando despacio, ayudado por un pequeño bastón de madera. Dejé de verlo tras unos espesos matorrales.

 
-   ¿Qué te cuenta el anciano? –Elivyän sonreía desde el otro lado de la mesa con cara de burla- Sí que le has caído bien… Ten cuidado, nunca se sabe de qué pie cojean –soltó una risotada estruendosa a la que muy a mi pesar respondí con cara de fastidio.

 
-   Aventuras amorosas –le contesté, intentando que el elfo no se diera cuenta de que me no me apetecía nada escuchar las historias del anciano. Sólo me faltaba aguantar los comentarios graciosos que vendrían después.
Elivyän me hizo un gesto con la cabeza, señalando hacia los matorrales: el anciano regresaba abrochando aún los botones de su pantalón. Hice un gesto de desagrado y él volvió a reír a carcajadas mientras se enfrascaba de nuevo en su negociación con Frogrin. El anciano volvió a sentarse en su silla. Carraspeó de nuevo.
 -   Uhmm… Sí, como te iba diciendo. Se acercó a mí, recogió con cuidado su falda y se sentó a mi lado sin mediar palabra. Paso un rato allí sentada junto a mí, mojándose los pies y dibujando pequeños círculos con ellos en el agua cristalina del río. Y por fin se dirigió a mí, su voz sonaba como una dulce melodía.

-   ¿Puedo confiar en ti, hin Roidri?
-   Podéis, mi señora.
-   Hasta hace poco tiempo creí ser la última de mi estirpe. Pensaba que conmigo acabaría mi linaje, pero estaba equivocada. Hay otro descendiente y necesito encontrarlo. Tú eres mi última esperanza, hin Roidri.
-   ¿Cómo habéis sabido que soy un hin?
-   No sólo eres un hin. Puedo ver la señal de mi protector en tu frente.

-   En ese momento me vi reflejado en el agua del rio, no había ninguna señal en mi frente; ella alargó su mano hacia la misma y la rozó con el dedo índice, una runa dorada se iluminó durante el tiempo en que ella mantuvo la yema de su dedo sobre mi piel. Tuve la certeza absoluta de que yo era su hin –el anciano se quedo pensativo durante unos segundos que aproveché para preguntarle.

-   ¿Pudiste ayudarla?
-   No, lo cierto es que no. He dedicado mi vida a esa búsqueda sin ningún resultado, ni una simple pista que seguir. Y ahora, cuando mi larga existencia está a punto de concluir, los mismos Dioses lo han sentado a mi mesa –se volvió a mirarme y comprendí que se estaba refiriendo a mi. Esa certeza me dejó helado.

-   No te entiendo, Roidri. Estás equivocado si piensas que ese descendiente que buscas soy yo. Nunca había oído hablar de los hin, ni puedo ocuparme de tu promesa hacia aquella mujer. Además, como has dicho al principio, fue hace muchos años.

-   Cierto, pero ella sigue esperándote.

-   No puedo acudir en su busca, lo siento –me miró sin comprender mi negativa, asintió con gesto compungido, se levantó y abandonó la mesa. Le miré mientras se alejaba. Me habría gustado contarle el motivo por el que no podía ayudarle, pero era un desconocido para mí, y quizá toda esa historia sólo existiera en su mente. No vi la marca que aseguraba tener en la frente y no podía arriesgarme a contarle nada.
Arhavir y Elivyän seguían negociando y regateando con los medianos, que habían extendido sobre la mesa diversas armas: arcos, espadas, flechas y virotes; algunas trampas para osos, frasquitos de diferentes colores, vendas y polvos curativos y un sinfín de pequeñas cosas que no tenía ni idea de para qué servían. Me alejé de la mesa en dirección al rio, dándole vueltas a la conversación que acababa de mantener con el anciano. Nunca había oído hablar de los hin, ni siquiera a la anciana de Telvêrnia. Una duda me asaltó de repente. ¿Por qué me había hablado de las siete custodias y nunca nombro a Norell de Valthiê ni a los hin?

4 comentarios:

  1. ¿A qué estás esperando para escribir otro capítulo? ù.ú

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    1. No puedo creer que después de tantas publicaciones tenga un comentario, cuando lo he visto el corazón me ha dado un vuelco. No imaginas cual ha sido mi sorpresa al comprobar que el mensaje me lo había dejado uno de mis propios personajes xD. No creas que no me he dado cuenta del motivo y te lo agradezco, recuérdame luego que te de un besito ;)

      Con respecto a la próxima publicación, lo cierto es que ya esta escrita pero no he tenido tiempo de publicarla. Últimamente ando bastante liada con un proyecto en el que me ha metido cierta personita a la que no estoy mirando xD. Crear mundos desde cero con todo lo que ello conlleva y, aunque formamos un gran equipo los cuatro, ocupa bastante tiempo, bueno ya lo sabes por propia experiencia :)

      Gracias por dejarme un comentario, empezaba a pensar que este libro solo lo leo yo y como bien sabes estoy a punto de tirar la toalla. Besitos mi lúgubre Dama.

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  2. En estos tiempos que corren donde los libros que podemos comprar por la crisis son escasos, desde nuestro blog ha salido la iniciativa de compartir los nuestros totalmente gratis... Eres una de las personas con las que queremos compartirlo, esperamos que te pases a recoger el regalo.

    Un besazo.

    http://podemos-juntos.blogspot.com.es/2012/06/regalo-para-los-lectores-descarga.html

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    1. Muchas gracias por acordaros de mí. Hace tiempo que sigo a Dany y me encanta como escribe. Besos.

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