Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

miércoles, 16 de junio de 2010

Libro de Valine 28

Elivyän se había dedicado a limpiar las heridas de Eolion, sobre todo un profundo corte en la parte trasera de la cabeza. Había improvisado un vendaje con un jirón de su camisa; supongo que bien apretado había conseguido parar, al menos de momento, la hemorragia. Realmente no sé bien cómo lo hizo, pero consiguió que la herida dejara de sangrar o al menos que lo hiciera más despacio. Acomodó la cabeza de la elfa sobre una de las bolsas y saltó a mi lado empuñando su arco. Mientras que nosotros gritábamos dando saltos y agitando las manos sobre nuestras cabezas con el fin de llamar la tención de los grifos, Selil volvió a trepar hasta el saliente de roca, obviamente pensaba emplear la misma táctica que había utilizado para acabar con el grifo anterior, pero ahora era diferente. Me pregunté que habría planeado esa mujer para hacerse con el control del animal.

El grifo más joven se lanzó en picado contra nosotros; o bien no vio a Selil o pasó de ella para atacarnos directamente a nosotros. Elivyän cargó el arco y lanzó una de sus flechas que impacto en el grifo atravesando una de sus poderosas garras. El animal lanzó un grito agudo, se desvió hacia un saliente en las rocas de la pared opuesta del acantilado y se entretuvo durante un rato intentando deshacerse de la flecha. El alfa lanzó un par de gritos estridentes llamando a su compañero, pero el otro estaba demasiado ocupado intentando sin éxito desprender la flecha de su pata. Dio un par de vueltas más sobrevolándonos y se lanzó en picado. El elfo lo esperaba con el arco tensado. Me preparé para asestar un golpe con mi espada en cuanto lo tuviera a tiro. La vampiresa permanecía inmóvil en el saliente de la roca, de no haber sabido que se encontraba allí ni siquiera me habría dado cuenta de su presencia. En su descenso el grifo se acercó al saliente y Selil saltó sobre él como lo hubiera hecho un depredador que acecha a su presa. El grifo intentó zafarse de ella con algunos movimientos bruscos, pero parecía que la elfa se hubiera fundido a su espalda. Mientras el animal luchaba por quitársela de encima ella se afianzó a su cuello asestándole puñaladas con su pequeña daga.

Volaba derecho hacia nosotros, intentando una y otra vez enganchar a Selil con el pico. Se hallaba a pocos metros de nosotros, Elivyän lanzó una de sus flechas que se clavó en el pecho del animal que intentó esquivarnos, pero no calculó bien la distancia y pasó casi rozándonos. Aproveché la oportunidad para descargar un golpe con mi espada que impacto en una de sus patas traseras, el animal giró sobre sí mismo y arremetió de nuevo contra nosotros, en ese momento Selil le clavó la daga en uno de los ojos, ya sin la visión de ese ojo pareció perder el control y comenzó a precipitarse hacia el abismo. Selil no se soltó de su cuello y comenzó a caer también. Le grité que saltara, pero ella estaba como en trance, el frenesí que provoca la sangre en los vampiros. A pesar de ser sangre de un animal creo que a ella le estaba afectando en ese momento. Oímos los gritos del grifo cada vez más apagados y más lejanos. Elivyän y yo nos quedamos inmóviles y en silencio durante un rato, intentado escuchar algún sonido que nos dijera que Selil había saltado a tiempo, pero no fue así. Un momento después pudimos escuchar como el cuerpo del grifo se estrellaba contra, probablemente, el suelo.

Me senté despacio, completamente abatido, aún no podía creer que hubiéramos perdido a Selil. Miré hacia Eolion, seguía inconsciente, sus heridas parecían haber dejado de sangrar. Yo no era un entendido en curas y ese tipo de cosas, pero sabía que se debatía entre la vida y la muerte, y al caer la vampiresa habían aumentado considerablemente sus posibilidades de perecer antes de llegar a Telvêrnia.

- ¿Qué vamos a hacer ahora? –me preguntó el elfo sin levantar la vista del suelo, tan abatido como lo estaba yo.

- No lo sé. ¿Crees que Eolion lo conseguirá sin Selil?

- No, no lo creo. Esa maldita mujer no nos dijo cuál era su plan, ¿cómo pensaba llegar a la ciudad más deprisa? –me preguntó sin poner mucho entusiasmo.

- Creo que la idea era utilizar al grifo como transporte.

- ¿En serio? –esta vez levantó la cabeza para mirarme- Pues como no pensara vampirizarlo no lo entiendo, porque las puñaladas que le daba no eran precisamente convincentes –soltó una risilla torciendo la boca.

- Tienes razón –en ese momento nos echamos a reír los dos, creo que era una risa mas de desesperación que de otra cosa- Sssh… ¿has oído eso?

Estaba seguro de haber oído algo, hubiera jurado que se trataba de rocas desprendiéndose, pero no podía estar seguro. Intenté poner más atención. Le hice un gesto al elfo tocándome la oreja para indicarle que prestara atención. Me acuclillé y tomé la espada. Suponía que habíamos acabado con los grifos, pero no podía estar seguro de que no hubiera más, muchos más. Elivyän se agazapó junto a Eolion, puso la mano sobre su frente y luego me miró con cara de preocupación. En ese momento escuchamos un ruido y la cabeza del grifo cayó entre nosotros, que saltamos hacia atrás sobresaltados. Un segundo después la mano de Selil asomó sujetándose al borde de la piedra. Corrimos hacia ella para ayudarla a subir, pero antes de que hubiéramos llegado había subido de un salto y se hallaba parada ante nosotros con los brazos en jarras y una expresión de superioridad asomando a su rostro.

- ¿Selil? –pregunté para convencerme a mí mismo de que no era una especie de visión, una mala pasada de mi subconsciente.

- ¿Acaso esperabais a alguien más?

- No esperábamos a nadie –contestó Elivyän haciendo especial énfasis al pronunciar “nadie”.

- Si, lo suponía… ya estoy muerta, no lo olvidéis –afirmó con tono sarcástico-. Necesitábamos la cabeza, sin ella no conseguiremos nuestro transporte.

- ¿Cuál es tu plan? No entiendo que te propones hacer con esa cabeza –miré hacia ella, le faltaba uno de los ojos, tenía el pico abierto y las plumas ensangrentadas, de hecho aún chorreaba sangre.

- Este trofeo –dijo mientras cogía la cabeza del suelo- nos valdrá para persuadir a los demás grifos de que no nos ataquen. Además, yo he matado a su dominante, ahora yo soy el alfa –el elfo y yo nos miramos sin llegar a entender a donde quería llegar-. Alguien tendrá que quedarse con Eolion mientras conseguimos llegar hasta los nidos.

- ¿Los nidos? ¿De qué estás hablando? ¿Te has vuelto loca? –preguntó Elivyän casi gritando.

- No te preocupes princesita, tú te quedarás aquí cuidando de ella –señaló a la elfa-, iremos nosotros.

El elfo hizo intención de protestar pero creo que ya había dejado por imposible la disputa con Selil, no cabía ninguna duda de que no la podía ni ver, claro que indiscutiblemente el sentimiento era recíproco.

Limpiamos como pudimos nuestras ropas, con un trapo húmedo nos quitamos la sangre de la cara y de las manos y nos pusimos en camino. Los nidos no estaban demasiado lejos, probablemente los grifos nos habían atacado al acercarnos a la zona donde anidaban sus hembras; defendían sus crías. Según nos íbamos acercando el olor se iba haciendo más insoportable, para Selil era más sencillo, simplemente dejo de respirar. Los gritos de los polluelos llamando a sus progenitores resultaban más estridentes incluso que los que habíamos oído un rato antes durante la batalla. Algunos grifos sobrevolaban en círculos, las hembras se hallaban junto a los nidos, custodiando los huevos y los pollos que habían eclosionado ya. Selil había clavado la cabeza ensangrentada en el pico de su alabarda y avanzaba con paso firme hacia los nidos, yo la seguía despacio unos pasos por detrás con la espada en la mano, no tenía tanta confianza como ella en que funcionara su artimaña.

Los animales que sobrevolaban los nidos comenzaron a bajar hasta casi rozar nuestras cabezas, miraban con curiosidad la cabeza del grifo muerto. Los gritos de las hembras cesaron y para mi sorpresa siguieron limpiando y abrigando a sus pollos como si no estuviéramos. Avanzamos unos pasos más, en ese momento escuchamos un grito agudo sobre nuestras cabezas. Un grifo se había acercado a nosotros peligrosamente, me agaché instintivamente cuando lo vi avanzar en picado hacia nosotros, pero nos sobrepasó y aterrizó tan sólo a un par de metros de Selil. Era distinto a los demás, sus plumas variaban entre el blanco y el plata, sus ojos eran tan claros que parecían blancos y nos miraba amenazador. Selil siguió avanzando hacia él balanceando ligeramente la alabarda, la sangre salpico la cara del grifo que profirió un grito atronador. Selil estiró su mano hacia él, en ese momento el animal agachó la cabeza y se fue tumbando poco a poco, no podía creer lo que estaba viendo. Lo había conseguido.

5 comentarios:

  1. Por suerte, incluso cuando la ausencia de tus publicaciones se prolonga más días de los deseados, vuelves a aparecer, genial y certera, como es habitual, con un nuevo fragmento extenso y dilatado, como nos estás acostumbrando en las últimas entregas. ¡Y qué fragmento! La acción es trepidante y vertiginosa, se nota en cada frase, en cada expresión, en cada decisión, como los acontecimientos se precipitan cada vez con más velocidad; y esto sólo se consigue, con un pulso narrativo como el que tú mantienes :)

    El combate, como en anteriores publicaciones, fabulosamente bien descrito y detallado, creando esa sensación tan emocionante con la que nos envuelves siempre, que parece que somos nosotros mismos los que trabamos combate contra los temibles grifos. Siento lo que le ocurre a Eolion, no sólo por la posible pérdida del personaje, sino porque también me hubiera gustado verla en acción en esta situación.

    No obstante, está Selil... y ya veo que son palabras mayores, a pesar de la inquietud de los otros dos hombres, cuando la han visto caer al vacío con la bestia abatida. Pero estaba convencido de que regresaría con su trofeo, la cabeza del alfa, para así llevar a cabo su plan... un poco "descabellado" se podría pensar, pero efectivo, al fin y al cabo ;)

    Ahora sólo resta que sean lo suficientemente prestos como para montar ese argénteo grifo y llevar lo antes posible a Eolion a un lugar donde puedan salvarla. Estoy deseando poder leer ese majestuoso vuelo... que seguro que describes y argumentas magistralmente.

    Por cierto, ese detalle que tiene Elivyän... sugiriendo que los grifos se podrían "vampirizar" para montarlos... ¿cómo se le puede haber ocurrido semejante locura? En fin, sólo una mente caótica y lunática podría tener semejantes pensamientos jajaja

    Las imágenes, como siempre, impresionantes. Se nota y se valora muchísimo como te molestas en preparlas y colgarlas, junto a tus escritos. Sin duda, los embellecen todavía más si cabe.

    Y ahora... ¡a volar al pueblo!, ¿se encontrarán con la anciana? Tendremos que esperar para conocerlo...

    Besos, mi amada y malvada escritora, ¡que te has hecho de rogar para decirme que ibas a publicar! ;)

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  2. Querida mía, ¡alegría enorme tenerte por mi Isla! He estado últimamente envuelto con varios proyectos y no he tenido tiempo de hacer muchas visitas. Veo que sigues publicando y haciéndolo admirablemente, así que me contenta saber que debes sentirte mucho mejor y que tu cabecita hermosa produce cada vez más y mejores joyas literarias. Te abrazo y abrazo a través de ti a tu media naranja. Besitos cubanos.

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  3. Creo que ya te lo he dicho muchas veces, pero es que te lo tengo que decir otra vez, describes muy bien las cosas, haces parte al lector de tu obra. Lo peor? que quiero leer más!! :P

    Un saludo!

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  4. Susurros chica ya me tiens d regreso por aquí y como es normal es una maravillara leerte empiezo a ponerme al corriente chica os espero para que veas por ti lo que cambiare de i CLaro d luna
    bye bye besoss

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