Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

jueves, 2 de abril de 2009

Libro de Marcus - 10.

Me deje llevar por el deseo, aunque esta vez entre mis brazos solo podía sentir a Drusila, mientras besaba sus labios con una pasión creciente, baje mi mano y acaricie su pecho deleitándome en el placer que me proporcionaba sentir su firmeza, baje los labios despacio por su garganta y hundí profundamente los colmillos en ella, la oí proferir un alarido de placer mientras sentía sus piernas atenazar mi cintura, la poseí en una mezcla de pasión y desesperación embistiendo con fuerza hasta que los estertores provocados por el orgasmo dejaron nuestros cuerpos inertes.

El tiempo pasaba y a pesar de la vida placentera que disfrutaba junto a Veronique, mi corazón sollozaba cada segundo del día, añorando el momento de volver con Drusila, en la incertidumbre de no saber si ella llegaría a perdonarme algún día.

Una mañana al entrar en la sala, me esperaba una grata sorpresa, Valkiria, una vieja amiga de Assen, el pueblo que nos brindo los mejores momentos en nuestra vida en común, en donde hace muchos años compre una casa para Drusila, la casa en la que nos entregamos el uno al otro, donde vivimos nuestro amor con mayor intensidad.

Valkiria estaba de paso, huyendo de la ira de su Dios, al que había traicionado y que ahora la perseguía buscando venganza, ni siquiera el poder de su abuelo, uno de los antiguos mas poderos, o el cariño que por ella sentía su sacerdotisa predilecta habían conseguido persuadir a ese Dios de su venganza. Solo se quedo una noche, pero antes de irse me dijo que Dru había vuelto a Assen, y que iba a casarse.

Casarse, esa palabra resonaba en mi mente una y otra vez, atravesándome como una lanza emponzoñada, el dolor intenso que me provocaba me despedazaba, me sumí en una profunda depresión que me llevo a dejar de alimentarme, a pesar de que Veronique me proporcionaba vírgenes hermosas y llenas de vida.

Al fin Veronique se dio cuenta de que todo había terminado entre ella y yo, decidió dejarme marchar, con la promesa de volver de cuando en cuando a visitar su lecho, promesa que en ese mismo instante me vi forzado a cumplir, ya que esa pequeña viciosa sabia como despertar mis instintos mas bajos. Sus caricias, su manera de contonearse sobre mi, encendían la pasión convirtiéndome en una fiera que se ciega en saciar sus instintos.

2 comentarios:

  1. Los instintos conducen a la noche de saberse debil frente a la piel, recuerdo y cuello de Drusila. Drusila es una droga dificil de olvidar. Cada sangre tiene su gusto, como cada boca su perfume, pero el de ella es sublime. Pechos firmes y cintura cómoda son dos pedazos del recuerdo que vuelven como cuchillos en las noches de soledad...

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  2. Nunca permanece nada tan arraigado como el primer amor... Se ve que incluso entre los vampiros.

    Sigo, Susurros... Esta historia, según se suceden los capítulos, se vuelve aún más interesante y sensual.

    Besos.

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