Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 30 de marzo de 2009

Libro de Marcus - 9.

Veronique se mostró complaciente, en sus ojos centellaba un brillo rojizo, como un rubí en una mina de carbón, en cuanto se convenció de que ella había pasado a ser la líder de aquel clan, sus intenciones cambiarón, recostada a mi lado, sus manos comenzaron a explorar mi cuerpo con la maestría que le concedía su larga existencia. Dejé que mi cuerpo tomara la iniciativa y me rendí a los placeres que ella me ofrecía.

Desde que me separe de Drusila no había vuelto a besar unos labios, no había vuelto a acariciar una piel suave y tersa, mi cuerpo reacciono como un resorte, cuando quise darme cuenta, mis manos recorrían ágiles y ansiosas los rincones mas profundos de su ser, mis labios recorrían su cuerpo colmándola de besos apasionados, el deseo de poseer a esa hermosa mujer era el único pensamiento que llenaba mi mente.

La hice mía durante el resto de esa larga noche, al amanecer nuestros cuerpos yacían desnudos uno junto al otro, con la mirada perdida en algún punto, me di cuenta de que no me dejaría sin mas, ella ya había decidido quien ocuparía el lugar de Daris. La mire de soslayo, esperando que no se diera cuenta, sonreía satisfecha, sus ojos brillaban con mas intensidad si cabe, giro su rostro hacia mi y musito sin perder la sonrisa – Empieza nuestro momento, querido mío –

Desde ese instante mi mente comenzó a trabajar desenfrenada, no había sido una buena idea quedarme aquella noche, debí haber imaginado lo que vendría después de la conversación, pero estaba exhausto, la euforia de haber dado muerte a mi enemigo me nublo la mente, dejándome así, indefenso ante las armas de una mujer hermosa.
Pasé mucho rato observándola, en la completa convicción de que ella estaba inmersa en sus propias divagaciones. Veronique era realmente hermosa, menuda y delgada, elegante a la par que seductora, su larga melena rojiza enmarcaba una cara de líneas suaves, sus ojos esmeralda con ese chisporroteo del color de la sangre que se adivinaba tan solo, le conferían una belleza un tanto exótica. Sabedora de su potencial, Veronique sabia como utilizar sus encantos para encandilar a un hombre.

Alargue la mano y rocé suavemente su pecho desnudo, una sonrisa se dibujo en sus labios carnosos, acaricié sus pechos pasando suavemente la yema de los dedos por sus pezones, en ese momento ella se giro hacia mi, - ¿No estas satisfecho querido? – Sonreí y sin proferir palabra me incliné sobre ella para besarla, mis manos volvieron a recorrer sus curvas, esta vez con tranquilidad, despacio y casi sin rozarla, noté como su cuerpo respondía a mis caricias, aproveché el momento para susurrarle al oído – Sabes que no me quedare contigo verdad preciosa? – Para ese momento sus manos exploraban con deseo mi cuerpo, sus labios dibujaron una amplia sonrisa y con un salto ágil la tuve sobre mi cuerpo en cuestión de segundos, susurrando me dijo – No hablaremos de eso ahora - selló mi boca con la suya sin darme tiempo a prorrumpir ninguna queja.

3 comentarios:

  1. Sabes que no me quedare contigo verdad preciosa?, es la frase de la noche en fuga...Ella atrapa entre sus piernas la noche girando sobre si misma, dispuesta a saltar hacia el día, hacia un adios tenue, pero adios al fin....

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  2. Cuanta sensualidad! Fino erotismo en tus palabras! Me gusto mucho

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