Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 4 de julio de 2011

Libro de Valine 48

Cabalgamos durante dos días entre los árboles que en ocasiones parecían doblarse con la sola intención de cortarnos el paso; en algunos tramos incluso teníamos que bajar de las monturas. Al atardecer del tercer día, divisamos un ramal del bosque bastante despejado. Nos pareció un buen sitio para descansar: la hierba no era muy alta y había además una gran piedra casi plana en la que podríamos encender una hoguera sin temor a provocar un incendio. No nos dimos cuenta de que en el claro se habían refugiado para pasar la noche un anciano al que acompañaba un muchacho, que bien podría ser su nieto, ya que no contaría con más de 18 años. El anciano estaba sentado de espaldas al camino, ni siquiera movió la cabeza para mirar quien se acercaba; sin embargo el chico se puso rápidamente en pie.
-    Siéntate, no pierdas la concentración, Arhavir. No aprenderás nunca, muchacho  -gruñó el viejo malhumorado. Acto seguido, se dirigió a nosotros sin mover un solo musculo de su agostado cuerpo- Acercáos, forasteros. 
Dejamos los caballos a un lado y nos acercamos. Habían encendido un pequeño fuego que les servía más para calentarse que para cocinar lo que fuera que hubieran comido. Lo cierto es que en ese momento, ante ellos, sobre un paño de tela oscura, solo quedaba un poco de queso bastante seco y un pedazo de mojama, dos tortas de manteca y una bota de vino que se veía bastante consumida.
-    Disculpad la descortesía de mi aprendiz, aún no ha aprendido a diferenciar entre amigos o enemigos. Es demasiado joven.
-    No os preocupéis, no nos ha molestado –miré al  joven que sonreía de oreja a oreja como si la cosa no fuera con él; no pude evitar sonreír- podemos ofreceros algo de comida, hemos tenido suerte con la caza esta mañana –Eolion me miró con el ceño fruncido, me encogí de hombros sonriendo en respuesta a su mirada desaprobatoria. Ella siempre decía que no había suerte sino maña cuando uno salía a cazar. Sin duda ella era la mejor arquera que había conocido hasta el momento.
-    No nos vendría mal comer caliente, amigo
Me contestó sin levantar la mirada. Nos indicó con un gesto que nos sentáramos junto al fuego. Elivyän saco un buen trozo de carne que había envuelto en un lienzo blanco y se dispuso a prepararlo. El chico se acercó a él, le ofreció un puchero de barro y algunas patatas. Entre los dos tenían el guiso cociendo antes de que nos diéramos cuenta.
-    ¿Vais por casualidad hacia Assen?
-    Allí vamos –dije mientras asentía- ¿Vosotros también?
-    Si, así es –miró hacia el muchacho y lo señaló con un leve gesto de cabeza-. No puedo hacerme cargo del chico –su gesto se tornó sombrío-. Su padre lo dejó a mi cuidado poco antes de morir, pero mis huesos están viejos y doloridos; y él, ya lo ves, está pleno de vitalidad –asentí mirando al chico-. Es un buen chico, pero es muy joven y muy inexperto, además.
-    Tampoco se puede pedir más, ¿cuántos años tiene?
-    Diecisiete ha cumplido hace tres días, demasiado para un viejo como yo.
Miré al muchacho: no paraba de moverse, iba de un lado para otro como si se le fuera a acabar la vida. En pocos minutos había pasado de acariciar a los caballos, a probar como iba el guiso; después, casi a la carrera, había seguido a Eolion que estaba concentrada en tirar las tabas y de ella había vuelto hasta el elfo. En su carrera estuvo a punto de volcar el puchero en varias ocasiones.
-    ¿Qué piensas hacer con él?
-    Entregárselo a su tía. El padre, antes de morir, me habló de una hermana de la madre que tiene una granja en Assen. Allí el muchacho podría ser útil.
-    No parece un chico corriente ¿le has comunicado tus intenciones?
-    Tienes razón,  no es un muchacho corriente… la magia circula por sus venas. Es un hechicero y podría llegar a ser muy poderoso, si fuera algo más disciplinado.
-    Es muy joven, ¿no deberías darle algo más de tiempo?
-    No es tiempo lo que me sobra, amigo –en su tono pude percibir un punto de amargura-, ya no tengo fuerzas para tomar un nuevo discípulo, estoy muy enfermo y este viaje posiblemente acabe por mermar definitivamente mis fuerzas; no creo ni que pueda regresar a Telvêrnia.
-    Yo podría llevarle hasta Assen, si tienes a bien dejarlo a mi cargo –miré al chico, que seguía de un lado para otro como una cabra loca y, según lo estaba diciendo, tuve la absoluta certeza de que me arrepentiría de haberlo dicho.
-    Estaría en deuda contigo eternamente –tosió llevándose un pañuelo a la boca-, aunque en este caso no durará mucho la eternidad –intentó sonreír, pero su gesto fue más bien una mueca de dolor.
-    No tienes que preocuparte por eso, déjalo bajo mi protección y me encargaré de entregárselo a la hermana de su madre sano y salvo.
No había terminado de decirlo cuando el muchacho se acercó a nosotros con un par de escudillas llenas de patatas con carne que olían a gloria. Eolion se sentó junto a mí con su ración en una mano y unos trozos de pan en la otra. Tendió la mano hacia mí, cogí un par de trozos y le ofrecí uno al anciano. Cogió el pan mientras me lo agradecía con la mirada, ya que tenía la boca llena.
-    No puedo pagarte por su manutención, como ves no poseo bienes que poder ofrecerte a cambio del favor que me haces. Pero te haré entrega de un objeto que para mí es muy valioso.
-    No es necesario que me pagues, anciano. Hemos de cazar para conseguir sustento, no será mucho más esfuerzo cazar para cuatro.
-    Aun así, sería una manera de pagarte el favor que me haces. Me gustaría que aceptaras este anillo –se sacó el anillo del dedo, tomó una de mis manos y lo depositó sobre ella obligándome a cerrarla-. Pertenece a mi familia desde tiempos inmemoriales. Ahora es tuyo.
-    No puedo aceptarlo –abrí la mano para contemplarlo con más detalle. Tenía la forma de un dragón enroscado que sujetaba entre sus fauces una turmalina negra tallada con la forma de un corazón. Se conservaba en perfecto estado, de no haber sabido que era tan antiguo habría pensado incluso que estaría recién labrado. Extendí la mano hacia él para devolvérselo, pero me paró a mitad de camino.
-    No lo rechaces, no me queda demasiado tiempo, amigo, y no se me ocurre nada mejor en que invertirlo –no pude negarme ante su insistencia, creo que incluso lo habría tomado a mal. Mientras me colocaba el anillo en el dedo meñique, el mago siguió hablando-. Es un anillo de protección. La piedra es una turmalina negra, transforma y purifica el entorno donde se encuentra creando un escudo protector en conjunción con el calor tu cuerpo, absorbe la energía negativa y la transforma llegando incluso a sanar las heridas. Además, si oprimes durante unos segundos la piedra, se abrirá. Escúchame bien y no lo olvides, porque solo tendrás una oportunidad de utilizar el objeto que contiene el anillo y habrás de utilizarlo solo en el caso de que tu vida esté a punto de expirar.
-    ¿Quieres decir que solo me protegerá a mí? ¿No podría utilizarla con otra persona? –pareció sorprenderle la pregunta.
-    Solo protegerá una vida, es tu decisión si esa vida será la tuya o la de otro.
-    ¿Cómo funciona?
-    Solo tienes que abrir el anillo dirigiendo su poder hacia el moribundo –me miró a los ojos, como queriendo corroborar que había entendido lo que me acababa de decir.
-    Te agradezco el regalo, aunque realmente no sé si me estás haciendo un favor o todo lo contrario –le sonreí mientas acariciaba la piedra suavemente.
Terminamos de comer en silencio. Durante ese espacio de tiempo no puede quitarme de la cabeza el anillo. Si tenía el poder de salvar una vida, ¿por qué el anciano no lo había utilizado para salvar la suya? Que según sus propias palabras no prometía ser mucho más larga. Había oído decir a los monjes que la magia era peligrosa, y me preocupaba lo que pudiera pasar a consecuencia de la utilización de un conjuro tan potente.


1 comentario:

  1. Un Blog muy especial, te sigo, espero q t pases y t qedes x:

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    Bss de color Violeta...

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