Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

viernes, 29 de julio de 2011

Libro de Valine 51

Para cuando dimos con ella ya había oscurecido. Un cartelón de madera bastante deslucido por las inclemencias del tiempo en el que rezaba “Ulfberht” debajo de la silueta de una espada vikinga,  iluminado tan solo por una pequeña lámpara de aceite, anunciaba la ubicación de la posada. Desde la plaza podíamos escuchar la animación que reinaba dentro. Elivyän empujó la puerta. Dentro el ambiente estaba bastante cargado. El olor que desprendía el  humo de tabaco, mezclado con el de la comida e incluso el olor a transpiración, me desagradaron.  Pero tenía que reconocer que no éramos los más indicados para poner pegas teniendo en cuenta que nosotros mismos contribuiríamos a incrementar el hedor después de un viaje tan largo. Miré al elfo que avanzaba decidido hacia el mostrador en el que el posadero, un hombre bastante corpulento, charlaba animadamente con un par de parroquianos mientras les servía unas jarras de cerveza. Opté por dejar que Elivyän se encargara de las habitaciones y me dirigí hacia una de las mesas que estaban dispuestas para la cena. Eolion y Arhavir me siguieron, nos sentamos y esperamos a que el elfo se nos uniera.

-   ¿Vais a cenar? –Una voz aguda sonó a mi espalda.
-   ¿Es posible? –Pregunté al tiempo que me giraba.
-   Por supuesto, caballero –contestó sonriendo amablemente. Era una mujer de mediana edad bastante entrada en carnes. Llevaba el pelo recogido en un moño trenzado, un generoso escote que dejaba buena parte de su anatomía al descubierto; un corpiño anudado por delante que hacia juego con su falda en tonos oscuros y un mandil que cubría casi todo el contorno de su amplia cintura- ¿Acompañaréis la cena con vino o con cerveza?
-   Una frasca de vino y una jarra de agua para el muchacho –Arhavir hizo un amago de protesta, pero recapacitó a tiempo-. Trae también una hogaza de pan.

La mujer volvió a sonreír y se alejó hacia la barra sorteando las mesas con total maestría, parecía casi imposible que pudiera pasar entre ellas sin llegar siquiera a rozarlas. Supe más tarde que era la mujer del posadero. Elivyän se nos unió al mismo tiempo que la posadera nos servía una especie de potaje de alubias con arroz y tropezones de atún, que según nos dijo era el plato típico de la ciudad, la frasca de vino y la hogaza de pan crujiente. Aproveché la charla animada de mis compañeros de viaje para evadirme por un momento y, como solía pasarme en cuanto que conseguía desconectar de la realidad, mi corazón volaba hasta Drusila. Me pregunté que estaría haciendo ella en aquel momento. Si como yo, aprovecharía cualquier momento libre para evocar mi recuerdo o si por el contrario me habría olvidado apartándome de ella definitivamente. La idea me hizo estremecer, moví la cabeza intentando alejarla de mi mente. Pero Eolion ya lo había notado.

-   ¿Estás bien?
-   Sólo estoy cansado, necesito coger una cama y dormir doce horas seguidas –respondí con una media sonrisa intentando con ella que la elfa se quedara conforme.
-   No veo el momento de meterme entre las sábanas… bien acompañado –añadió Elivyän con una sonrisa pícara mientras con los ojos me hacía señas para que mirara hacia una joven que se sentaba en una mesa frente a él y que no había parado de sonreírle durante la cena. Le devolví la sonrisa.
-   Más vale que descanses, no quiero demorar la partida más de lo necesario. Mañana compraremos los víveres que nos sean necesarios y después partiremos hacia Assen –puso cara de fastidio y apuró el vino que le quedaba en el vaso.
-   En ese caso, me retiro a mis aposentos. Tomad –nos repartió a cada uno una llave de la que colgaba un pedacito de medara con un numero grabado a fuego-. Buenas noches.

Los demás aprovechamos para retirarnos también, la habitación que ocupaba Eolion estaba junto a la mía, las del elfo y el muchacho estaban situadas al final del pasillo, una frente a la otra. Esperé a que hubieran entrado en sus respectivos dormitorios y después entré también en el mío.

Me quedé parado junto a la puerta mirando la cama, tenía la sensación de que hacía años que no dormía en un colchón bien mullido. Aquella cama con sus sábanas estiradas sin una sola arruga era toda una tentación. Miré a mi alrededor, flanqueando la cama tan sólo dos mesitas gemelas de madera tachonada. En la pared, un par de cuartas por encima de las mesitas, dos apliques con velas eran toda la iluminación que poseía la estancia. En el suelo de madera una alfombra de piel de vaca bien curtida, un banco de madera junto a la pared y un pequeño armario frente a la cama. No era una alcoba lujosa, pero si confortable. Junto a la puerta de entrada, otra puerta daba acceso a un cuartito en el que había una tina de metal bruñido y un lavabo que me recordó al que había en casa de la anciana. Me senté en el banco y no había terminado de quitarme las botas cuando alguien tocó a la puerta.

-   Buenas noches caballero, ¿puedo pasar? -Era una chica de no más de veinte años. Iba cargada con un par de cubos de agua- Me envía Elivyän, mi señor –supongo que la aclaración vendría a consecuencia de mi cara de sorpresa.
-   Adelante –me hice a un lado y le dejé pasar.

Terminé de quitarme las botas mientras la chica llenaba la bañera. Tuvo que hacer varios viajes hasta que dio por concluida su tarea y se despidió deseándome dulces sueños. Me acerqué hasta la tina. El agua aún se movía suavemente como mecida por la brisa en una noche serena. Dejé caer la ropa al suelo y me deslicé dentro de la bañera hasta que el agua me rozó la barbilla. Cerré los ojos y aspiré el aroma de aquellas sales que la doncella había vertido en la bañera tiñendo el agua de un color azafranado y la espuma de un ámbar casi dorado. No sé si fue ese bálsamo o quizá la satisfacción que me estaba provocando el baño, pero lo cierto es que sin darme cuenta mi mente voló hasta  mi casa de Assen aquella noche en la que Vhala volvió de su cacería. Llegó a casa cubierta de sangre, tenía magulladuras y cortes poco profundos en los brazos y en los hombros, y un corte más profundo que le cruzaba la espalda de arriba abajo, desde la nuca hasta una de sus caderas.

-   ¿Qué te ha pasado? –Le pregunté mientras la seguía por los pasillos hasta el sótano, donde comenzó a quitarse la ropa ensangrentada.
-   No es asunto tuyo –contestó cortante.
-   Lo es mientras vivas en mi casa –me acerqué para ayudarla a desabrochar su vestido mientras esperaba una respuesta.
-   Es mejor que no lo sepas. De hecho, cuanto menos sepas sobre mí… mejor.
-   Déjate ya de rodeos, Vhala. He tenido mucha paciencia contigo. Necesito saber que está pasando y vas a contármelo todo –me miró sorprendida-, desde el principio. ¿Quién te atacó la noche en que te encontré malherida?

Se giró hacia mí, alzó una ceja mirándome retadora. Dejó deslizar su vestido hasta que quedó arrugado a sus pies y dio un paso hacia mí dejando atrás la ropa ensangrentada. La miré detenidamente y el deseo afloró a mi piel, pero me contuve. Pasé junto a ella y comencé a llenar la tina. Puse unos polvos que meses antes había comprado en el pueblo, según me dijo la sanadora servían para desinfectar las heridas. El agua se tiñó de un tono anaranjado, agité la mano sobre la superficie para que se mezclara bien con el agua.

-   Estoy esperando –me volví hacia ella y le tendí la mano. Una vez me la había cogido tiré de ella y la conduje hasta la bañera. Hizo un gesto de dolor al introducirse en ella.
-   Esto no era necesario, las heridas estarán curadas antes de que acabe de darme el baño, Valine.
-   No viene mal desinfectarlas de todas formas –acerqué una banqueta con el culo de cuero y me senté junto al baño- ¿Y bien?
-   De acuerdo. ¿Qué quieres saber? –Contestó malhumorada.
-   Todo. Empieza por contarme quién te dejó malherida y tirada en la cuneta. Fueron vampiros, ¿verdad?
-   Sí. Vampiros de otro clan. Para ser sincera, estoy sola.
-   ¿Qué implica exactamente esa afirmación?
-   Mataron al vampiro que me abrazó la misma noche en que desperté a esta nueva vida. Se supone que tu creador debe enseñarte a subsistir entre las criaturas de la noche… Ni siquiera tuve tiempo de enterarme a que clan pertenecía él. En este mundo si estás solo, no tienes posibilidades de sobrevivir.

Dio el baño por terminado y se levantó con la intención de abandonar la bañera. La miré un momento y, como había predicho, sus heridas estaban cerradas, aunque aún estaban ahí. Tomé una toalla y me acerqué. Ella extendió una de sus manos y tomó la mía tirando de mí hacia ella. Cuando quise darme cuenta, sus ágiles manos me habían despojado de la camisa y me acariciaba el pecho despacio. Deslizó suavemente la mano hacia mi cintura. Cerré los ojos. El agua me entró por la nariz, de un respingo me incorporé en la bañera, un poco más y me habría quedado dormido. Abandoné el cuartito tras secarme bien y me dejé caer en la cama. No recuerdo cuando me quedé dormido, pero diría que no habrían pasado más de dos o tres segundos.

2 comentarios:

  1. Hola :

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    Jimena San Martín

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  2. Hola Alma, en otro tiepo no me perdía ni una película de vampiros, y me siguen gustando, como beber una capa de cava, o fumarme un cigarrillo, o viajar por paíse exóticos, pero al ser monja me desprendí de todoas esas cosas, y vivo sin pena de no tenerlo.
    Así que te voy a seguir como pueda porque voy ahogada de trabajo en la comunidad y co tantos seguidore uff!! imposible llegar a todos.
    Me interesa la persona que hace su blog, porque es creativa por eso sigo a mis amigos, siempre hallo cosas que admirar en cada uno de vosotros.
    Te dejo mi ternura
    Sor.Cecilia

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