Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 26 de abril de 2010

Libro de Valine 16

No habíamos cruzado ni una sola palabra desde que abandonamos el claro, Eolion parecía concentrada en todos y cada uno de los sonidos que provenían de la espesura del bosque. No parecía estar tensa, por lo que supuse que los diversos sonidos que llegaban apagados hasta nosotros eran los habituales de un bosque durante las horas de la noche. Lo cierto es que tampoco me preocupaba demasiado, esa noche me sentía capaz de acabar yo solo con todo un ejército de asaltantes o con un grupo no muy numeroso de vampiros. Quizá fue la compañía de la elfa, o tal vez la oscuridad que nos rodeaba… no sé realmente qué fue lo que me motivó ese estado de ánimo. La observé durante mucho rato, a pesar de estar alerta se la veía caminar relajada.

Aproveché su silencio para evocar los recuerdos vividos la noche anterior en mis aposentos. Por un momento pude volver a sentir el cuerpo de Drusila entre mis brazos, su gélida piel calmaba el calor de la mía ofreciéndome cierto alivio. Sus manos acariciando mi cuerpo, las mías explorando el suyo como si quisiera grabar en mi mente cada rincón de su cuerpo para poder recordarla con total nitidez en momentos como este. Me preguntaba que estaría haciendo en ese momento, ¿dónde estaría? La había dejado en mi hacienda, pero estaba seguro de que habría regresado a la seguridad de su hogar, a las paredes que la mantenían a salvo durante las horas en las que el sol asoma por el horizonte. Aunque tal vez a esas horas se hallara buscando su sustento, ese era un tema que prefería evitar, no quería ver a la mujer que amaba como a una asesina cruel. 

Conocía bien a los vampiros, los había tratado en numerosas ocasiones durante el tiempo que viví con una de ellos. Fue al principio, unos días después de llegar a Assen, cuando se cruzó en mi camino esa mujer una noche en la que como tantas otras caminaba solo por el bosque que circundaba mi hacienda, cerca de la cueva donde tiempo después conocí a Drusila.  En aquel momento no imaginé que se tratara de una criatura de la noche, tan solo vi una mujer desvalida tirada a un lado del camino con las vestiduras rasgadas y cubierta de sangre. Aceleré el paso para acercarme a ella, la sangre que cubría sus ropas y su rostro no era suya, pero aun así la mujer se debatía entre la vida y la muerte. Al tomarla entre mis brazos roce su rostro con los labios, un frío estremecedor me recorrió el cuerpo. Me acerqué hasta el río que corría tranquilamente unos metros hacia el interior del bosque y le mojé la cara con la intención de que recobrara el conocimiento. La mujer abrió ligeramente los ojos, tenía la mirada apagada y perdida, no conseguía centrar la mirada en ningún punto. Le pregunté qué había pasado, ¿quién la había atacado hasta dejarla en tan lamentable estado? Ella sólo balbuceó algunas palabras que no pude entender. Aún ahora no sé qué me impulsó a llevármela a casa, supongo que el mal estado en el que se encontraba. Pasaban los días y la mujer en lugar de recuperarse empeoraba por momentos. Se retorcía de dolor, sus gemidos lastimeros se podían escuchar por toda la hacienda. No sabía qué hacer con ella y busqué ayuda. Fue entonces cuando supe de su verdadera naturaleza, la curandera de Assen salió corriendo despavorida mientras susurraba algún tipo de plegaria. La di alcance en el portón del jardín. Me miró con el pánico dibujado en su rostro, una sola palabra salió de sus labios: “Vampiro”.

Me quedé paralizado por un momento, esa palabra retumbaba en mi mente como una cruel sentencia: vampiro. ¿Estaba ayudando a un vampiro? ¿Quería salvarle la vida a una de las criaturas más letales sobre la tierra? ¿Debería dejarla seguir sufriendo esos terribles dolores? ¿Y si lo hacía no estaría siendo tan cruel como ella? Me hallaba ante un terrible dilema, debía decidir y debía hacerlo con bastante premura, ya que la vida de aquella chica estaba a punto de apagarse entre terribles dolores. Subí la escalera mientras mantenía una dura batalla conmigo mismo. Entré en el dormitorio y me acerqué hasta la cama. La observé con cautela: la sanadora tenía razón. Era un vampiro, y sin duda ese profundo dolor no era otra cosa que hambre.

5 comentarios:

  1. Cuando el amor de tu vida, esa persona que quieres con todo tu corazón, por la cual estás dispuesta a absolutamente todo, no está a tu lado, y has de continuar con el habitual trasiego vital, sé con experiencia, porque ocurre en mi cotidianidad, que no puedes dejar de pensar en ella, de invocarla en tus pensamientos, de visualizar en tu memoria, de preguntarte qué es lo que hará, cómo se sentirá y cuánto quedará para que vuelva a producirse un encuentro, quizá el definitivo y duradero.

    Y es en esta evocación cuando Valine nos ofrece otra revelación, bastante sorprendente he de decir, porque me ha costado un poco asimilar que se trataba de otra vampira que había conocido con anterioridad. Es una narración impecable, directa, pero que exige más atención por mi parte, ya que te he tenido que pedir aclaración. No me volverá a pasar ;)

    En este caso, se abre una nueva incógnita, que como imaginaba, no voy a poder aliviar hasta que no continue leyendo tu absorbente narrativa, porque no podía ni tan siquiera imaginar un encuentro así por parte de nuestro querido semidragón. Lo que más me ha gustado es la actitud del personaje ante este conflicto moral, esta dicotomía de reacciones, ante lo que evidentemente es un ser que depreda a otros seres humanos. ¿Hay que condenarle por lo que es o hay que ayudarle por lo que está pasando?

    Por lo que puedo intuir, y a pesar de la huida de la sanadora ante la perspectiva de tener que tratar a un vampiro, Valine no la dejará desamparada precisamente... lo que no logro discernir es cómo actuará para saciar su hambre...

    Porque tratándose de un hambre de vitae, de sangre, la solución es harto complicada. Otra cuestión sería que se tratara de un tipo distinto de apetito... aunque esas apetencias sólo se logran colmar con la presona adecuada, la única que puede satisfacerte en ese sentido... ;)

    Me encanta este ritmo de publicaciones, mi amada reina de los sueños, pero ahora vas a tener que darte prisa, porque deseo conocer la identidad de este nuevo personaje jaja

    Besos hambrientos de tu telegráfico y enamorado trovador :)

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  2. Leerte es toda una dimensión sujeta a mi interes que demás esta decirlo. A disfrutar se ha dicho, y es lo que hago.

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  3. te confieso algo: soy muy malo para leer textos largos, pero es que tu historia me tiene atrapado.
    besos

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  4. Besitos cubanos, musa briilante. Recibí tu correo de hace un tiempo. Perdona, pero es que hacía tiempo no lo revisaba. No se abrió la foto :( Muchos besitos para ti y para J.D.

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  5. \\\///
    (ç_ç)
    atrapante y arrollador.¡¡¡
    nos tienes pendiente de un hilo mi pasion¡¡¡
    besitos oscuros¡¡¡

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