Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

jueves, 9 de junio de 2011

Libro de Valine 45

Los días que siguieron hasta mi total recuperación, se me hicieron bastante largos, estaba deseando sentirme completamente recuperado para volver a Assen, llevaba demasiado tiempo fuera de casa. Estaba inquieto y preocupado por como estaría Drusila. No quería reconocerlo pero en el fondo lo que me preocupaba era volver y no encontrarla, que la espera se le hubiera hecho demasiado larga, o se hubiera cansado de esperarme. Lo único que podía hacer era esperar a que llegara el momento de regresar.

En cuanto empecé a sentirme más fuerte, me dedique a dar largos paseos por los alrededores de la casa. Fui ampliando el recorrido hasta que un buen día sin saber cómo llegué hasta el linde de Telvêrnia. He de reconocer que me sorprendió aquel pueblo. Los elfos lo habían construido sobre los árboles, algunas casas descansaban sobre plataformas de madera ocultas con las espesas ramas de las copas, otras talladas directamente en los troncos de aquellos gigantescos árboles. Habían construido también puentes colgantes que unían unas casas con otras a modo de calles. Estratégicamente situadas se erigían las torres de vigilancia en las que siempre, tanto de noche como de día, había un retén de la guardia. A ras del suelo solían pasear un par de patrullas armados con sus arcos de precisión, controlando los accesos al poblado.

Me acerqué a una de las entradas y después de identificarme debidamente conseguí que me dejaran subir a la ciudad. Caminé por sus puentes mezclándome entre la gente, siempre había pensado que los elfos eran huraños y herméticos, pero la realidad era bien distinta, eran todo lo contrario amables y comunicativos. Las mujeres te sonreían al pasar, los hombres parecían más desconfiados, un grupo de cuatro o cinco niños de corta edad me siguieron imitando mis movimientos, cuchicheando y riendo, casi desde que llegué. Caminando por los puentes llegué hasta una plataforma un poco más grande, yo diría que se hallaba en mitad del poblado y hacía las veces de plaza. En el centro se abría un hueco alrededor de un gran árbol que ascendía unos pocos metros más para abrirse en una gigantesca copa que proporcionaba sombra a toda la plaza. Rodeando el tronco, una pequeña escalera descendía hasta el suelo del bosque. El murmullo que se escuchaba desde arriba despertó mi curiosidad, más si cabe cuando me di cuenta que sobre todas las demás voces se podía escuchar claramente la de Elivyän cantando una romanza que incluso rimaba. Descendí por la escalinata, en la parte baja del tronco pude ver una pequeña puerta con un farol a uno de sus lados, del que colgaba un estandarte en el que habían bordado una palabra en élfico, supuse que sería el nombre de la taberna. Rodeando el árbol había un pequeño claro que daba al acantilado. Habían acotado la zona del acantilado con una cerca de madera tan solo abierta por un extremo por el que se podía descender hasta la playa.

Empujé la puerta, esperaba encontrar una taberna como la de cualquiera de los pueblos que conocía pero era completamente distinta, toda la estancia estaba iluminada por lámparas de distintos tamaños y formas, que parecían mantener dentro un trocito de estrella, se habían colocado de tal manera que iluminaban los rincones precisos dejando en penumbra alguna que otra zona, donde por uno u otro motivo, se necesitaba más intimidad. A mi derecha se hallaba la barra, un par de lugareños charlaban mientras apuraban sus copas. Justo en el centro de la sala, protegida por una barandilla descendía una escalera de caracol que conducía a los dormitorios. Frente a mí dispuestas en semicírculo frente al escenario, un grupo de mesas de madera labrada con sus sillas haciendo juego. No es necesario decir que tanto las paredes como el suelo formaban parte del tronco hueco del gran árbol. A mi izquierda había un pequeño escenario con un piano bastante antiguo, un arpa, una vihuela y algún que otro instrumento. Había oído decir que cuando las cuerdas del arpa élfico son tensadas nunca más necesitas volver a ser afinadas. En el centro del escenario se encontraba Elivyän arrancando acordes a su laúd mientras cantaba. Me senté a escucharle en una de las mesas, antes de que me diera cuenta una camarera había dejado sobre mi mesa una botella de cristal y dos copas. Después de servir un poco de vino en una de ellas, hizo una pequeña reverencia y se marchó hacia la barra. Tomé la copa, el vino era de un color rojo oscuro y desprendía una fragancia interesante con un aire a violetas, tabaco y trufas. Acerqué la copa a mis labios y di un pequeño sorbo; era un vino agradable, ligeramente dulce y bien estructurado, pleno de sabores y matices. Sin duda se trataba de Melitzen. Este vino cuyo nombre significa “amor mío” se solía tomar cuando un elfo quería declarar su amor a una mujer, decían que al pasar por la garganta sentías un calorcito por todo tu cuerpo que te desinhibía y te soltaba la lengua. Lo cierto es que estaba muy bueno.

Elivyän termino su actuación y se acercó sonriendo hasta mi mesa, se sentó frente a mí, se sirvió una copa de vino y bebió un buen trago.

- Tenías sed, ¿eh?

- Estaba sediento –dio otro trago y soltó la copa sobre la mesa- ¿Qué haces tú por aquí? ¿Cómo es que te ha dejado salir la ancianita? ¿o es que te has escapado? –preguntó mientras hacía gestos con la mano llamando a la camarera- otra botella mesonera –gritó sin dejar de agitar la mano.

- He llegado por casualidad, me desvié de la ruta habitual sin darme cuenta. Tenía intención de visitar este poblado pero no había pensado que fuera precisamente hoy. Quiero comprar unos caballos.

- ¿Caballos? –me miró sorprendido- ¿estás en condiciones de montar?

- Lo estaré en unos días –aseveré tajante.

- ¿Estás pensando en volver a tu pueblo? ¿no crees que es muy pronto para aventurarse en un viaje tan largo? –la sonrisa se había borrado de su rostro y ahora me miraba con gesto de preocupación.

- Necesito volver Elivyän, no puedo seguir más tiempo alejado de mi casa. Me encuentro bien, cada día estoy más fuerte.

- Es cierto, se te ve recuperado. Lo que me preocupa es que te precipites y recaigas. No es un viaje precisamente agradable.

- ¿Vendrás conmigo? –arrugó el entrecejo, creo que le pillé por sorpresa, estoy seguro de que no esperaba que se lo pidiera- o ¿prefieres quedarte en compañía de tus nuevas amigas? –miré hacia las chicas que había en la barra, a cual más bonita, sin duda ofrecían su compañía a cambio de algunas monedas. Hablaban entre ellas animadamente y de cuando en cuando se volvían para dedicarle al elfo una sonrisa, un guiño e incluso para tirarle algún beso, a lo que el respondía con gestos exagerados llevándose la mano al corazón o a la boca, haciendo como si le hubieran llegado en realidad.

- ¿de veras quieres que te acompañe?

- Claro –cogí la copa y bebí un sorbito- tengo que reconocer a mi pesar –sonreí de medio lado- que te considero un buen amigo y un magnifico compañero de viaje, siempre que no abras la boca para cantar. –me eche a reír.

- ¿Cómo? –pregunto enfatizando la primera silaba- Eso me ha dolido, soy el mejor trovador de todo el reino –dijo al tiempo que alzaba una ceja.

- ¿Y bien?

- Iré contigo, aunque no pienso olvidar esta ofensa –dicho esto alzo su copa y brindamos haciéndolas entrechocar.

- ¿Dónde está Eolion? –pregunté nada más soltar la copa sobre la mesa.

- Se fue hace unos días y aún no ha regresado. Iba a visitar a su familia, por lo visto no viven lejos. Supongo que regresara mañana. Quédate en la hospedería esta noche.

- ¿Qué hospedería?

- Esta, ¿cuál va a ser? ¿No has visto el cartel de la puerta?

- Si te refieres al estandarte, sí que lo he visto. Pero no tenía ni idea de que anunciara algo.

Continuamos hablando y bebiendo hasta que ya no podíamos casi abrir los ojos, el cansancio y el alcohol empezaban a pesar demasiado.

- Vámonos a la cama antes de que me pidas matrimonio –le dije con mi lengua de trapo. El comenzó a reír y asintió mientras intentaba levantarse.

- Ya lo habías pensado ¿eh pillín?

Nos levantamos como pudimos, habíamos bebido demasiado pero además nos dio por reír y entre una cosa y otra no teníamos fuerza para mantenernos en pie. Nos agarramos el uno al otro y así conseguimos llegar hasta nuestros dormitorios. Tengo que reconocer que llegamos de milagro pues tuvimos a punto de rodar por la escalera en un par de ocasiones.

Me desperté con un intenso dolor de cabeza, me molestaba hasta el ruido más ínfimo. Tuve que hacer un esfuerzo para abrir los ojos, me sentía tan mal que parecía que me hubieran pisoteado una docena de caballos salvajes. Medio a gatas conseguí levantarme de la cama y acercarme hasta un perchero de donde colgaba mi ropa. Me pregunté cómo habría llegado hasta allí ella sola. De un tirón alcance los pantalones que cayeron al suelo justo a mi lado, estaba entretenido en la ardua tarea de meter las piernas dentro cuando alguien llamó a la puerta. Me metí los pantalones como pude y abrí la puerta.

- Buenos días –dijo Eolion sonriendo mientras me miraba de arriba abajo- ¿Llego en mal momento?

- No, para nada. Pasa

- No sé si debería entrar en la alcoba de un hombre medio desnudo –contesto en tono burlón- No podía creer que realmente hubieras pasado aquí la noche, ¿ese elfo libertino y embaucador consiguió convencerte? No es propio de ti.

- No, no ha sido culpa de Elivyän, esta vez asumo mi responsabilidad, ha sido culpa mía.

- Me han dicho en la cantina que anoche no paraste de preguntar por mí, bueno, aquí me tienes ¿Qué puedo hacer por ti?

- Regreso a Assen y me gustaría que vinieras conmigo –se quedó mirándome muy seria pero unos segundos después una sonrisa se dibujó en sus labios.

- No se me ha perdido nada allí, pero con tal de alejarme de mi padre te seguiré gustosa.

- Necesitaremos unos caballos

- Déjalo de mi cuenta, conozco a un tratante que nos hará buen precio, me debe una.

- De acuerdo, compra tres caballos –extendí la mano y le entregue una bosa con monedas que ella cogió con su manita y lanzo varias veces por el aire.

- Será suficiente.

Se giró sobre sí misma y abandono el dormitorio canturreando. Termine de vestirme, me atusé el pelo con las manos, salí de la hospedería y regresé a casa de la anciana. Durante todo el camino fui dándole vueltas a la manera en la que le comunicaría que había decidido partir de regreso a mi hacienda, no quería que pensara que era un desagradecido, nada más lejos de la realidad, me sentía en deuda con ella. Una deuda que no podría pagar por muchos años que viviera. Unos metros más adelante el camino se bifurcaba hacia la derecha bajando por una especie de rampa hasta la arena blanca de la playa, pero yo tome el de la izquierda que conducía a la casita de la anciana. Pude verla tendiendo ropa según me acercaba, aceleré el paso hasta que estuve a su lado y me agache para pasarle las sabanas.
- ¿Cuándo te vas? –me quede paralizado ¿Cómo se había enterado?

- Cuando estén los caballos, Eolion se encargara de eso.

- ¿Entonces será esta misma noche?

- No lo sé abuela, cuando regrese Eolion con los caballos.

- Te preparare una bolsa con comida, el ungüento que debes verter en el altar y te escribiré el conjuro que tendrás que recitar al pie de la letra.

Asentí sin soltar una sola palabra. Cogió la cesta ya vacía y se dirigió hacia la casa, me quede parado en el sitio ¿Cómo podía saberlo todo sin salir de la casa?

1 comentario:

  1. Ma chère dame noire, d'attente des patients pour la publication de ce merveilleux livre juste pour obtenir un exemplaire dédicacé pour vous. Je suis convaincu que seule une belle femme pouvait écrire quelque chose d'aussi beau. Je suis tombé en amour avec vos paroles.

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