Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

domingo, 23 de agosto de 2009

Libro de Marcus - 17.

Atravesé el portón de madera de cuarterones que daba acceso a la morada de Randal, por un momento pensé que se hallaba tan vacía como el resto de los pasillos que me habían conducido hasta allí, mire a mi alrededor, la estancia seguía tal y como yo la recordaba, un pequeño habitáculo oscuro, con una decoración bastante austera, tan solo un tapiz que representaba una escena de la cacería de un gran oso negro atravesado por las flechas de sus perseguidores, al que intentaban darle muerte una jauría de perros, y un mostrador de madera bastante antiguo que parecía que iba a desvencijarse al más leve roce.

Me gire hacia la pequeña puerta de cuarterones que había a mi espalda, solo pude contemplar la silueta de una mujer menuda, pero esbelta y airosa parada en el umbral de la puerta, la luminosidad que tenía a su espalda no me permitía contemplar su rostro. Incline la cabeza a modo de saludo y ella imito mi movimiento a la perfección, adelanto un paso y pude contemplar su hermoso rostro. Me miraba con curiosidad, no articulo palabra alguna, por lo que la situación se me estaba haciendo bastante incómoda, decidí dar el primer paso. Salude cortésmente y me di a conocer, pregunte si aquella morada seguía siendo la sede del clan de Randal, ella pareció dudar por un instante si debía o no de informarme, después de un rato observándome concienzudamente, debió de decidir que podía confiar en mí. – Lo es, mi señor Randal y su compañera son los amos de este aquelarre, ¿venís de visita caballero? – asentí sin pronunciar palabra, en realidad no estaba seguro si mi presencia se consideraría precisamente una visita.

Se acerco y me observo sin ningún pudor, olisqueando mi ropa con suma cautela, aproveche para hacer lo mismo que ella, era una mujer muy hermosa, su melena cobriza recogida en un moño en la nuca dejaba despejada una cara de facciones suaves, sus ojos ligeramente achinados, de un color carmesí la otorgaban un halo de misterio, su piel tersa y extremadamente pálida y sus orejas puntiagudas me dejaron claro de quien se trataba, era Varië, su fama de depredadora cruel se había extendido por el resto del Reino, me pregunte como esta elfa menuda podría ser tan despiadada, no solo con los mortales, sobre todo con los inmortales a pesar de ser una de los nuestros desde hacia ya bastante tiempo.

1 comentario:

  1. Hermosa y despiadad..una comvinación un tanto peligrosa...
    Las elfas tambien son vampiros...?

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