Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

martes, 25 de agosto de 2009

Libro de Marcus - 19.



Una de las pequeñas puertas que flanqueaba el lado derecho comenzó a abrirse con un crujido quejicoso, me saco de mis cavilaciones obligándome a girar ligeramente para quedar mirando de frente, sonreí ante tal visión – ¡Riadna! – incline la cabeza a modo de saludo sin apartar un solo segundo los ojos de su rostro angelical, entrecerró los ojos y arrugo la nariz en señal de desagrado, un sonido gutural que parecía un lamento profundo broto de su pecho, al segundo siguiente la tenia encima, luchando por llegar a mi cuello, la sujete sin mucho esfuerzo, suponía que esa sería su reacción al verme.

Forcejeamos durante un rato hasta que finalmente se dio por vencida, se aparto de mi con la ira aun dibujada en su mirada, - yo también me alegro de verte querida – mientras en mi rostro se dibujaba una sonrisa sarcástica, Riadna había sido, aun era, una mujer realmente hermosa, recuerdo cuando la vi por primera vez, mis ojos se clavaron en ella y durante un largo periodo de tiempo cada vez que cerraba los ojos allí estaba ella, su sonrisa seductora, su larga melena dorada y su cuerpo danzaban en mi imaginación invitando a la lujuria, se fue metiendo dentro de mi hasta convertirse en una obsesión, sabía que antes o después acabaría siendo mía. Aun no entiendo bien como, pero ella conseguía resistirse a la atracción que un mortal siente por un vampiro, he de reconocer que ese detalle hacia la caza mucho más interesante. Empecé a perseguirla, conseguí hacerme inseparable de todos los que para ella eran importantes, familia, amigos, pero ella seguía resistiéndose. Hasta que me canse de esperar, me cole en su alcoba una noche de verano, la brisa suave que entraba por la ventana mecía con mimo sus cabellos dorados, no tenía intención de forzarla pero aquella visión despertó a la bestia, la tome y después tome también su vida.

Giro sobre sí misma y desapareció por donde había entrado, ya estaba cansado de esperar en aquella especie de vestíbulo a que apareciera alguien, no sé cuánto tiempo llevaba allí pero era bastante, desde la aparición de Riadna nadie más había dado señales de vida, comenzaba a impacientarme cuando se abrió de golpe la puerta que daba al pasillo de acceso a la sala, me gire sobresaltado por el ruido, me tense sin saber muy bien cómo reaccionar en ese momento, Rolan estaba parado en el umbral de la puerta con el mismo gesto de asombro que yo.

2 comentarios:

  1. Paso sólo a saludarte, Pasión. De momento. Y a decirte que en este mundo de benditos locos, todo es un perfecta simbiosis, pues siempre podremos aprender algo de los demás.

    Así que aprovecharé también mis próximas visitas para impregnarme a gusto y con tiempo de tus sentires (tenebrosos y sensuales) todo lo que tú me permitas... Intuyo que tu creatividad dará mucho de sí. Y todo bueno.

    Besos.

    Nota: alabo con gusto la mayoría de las películas de tu perfil.

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