Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

sábado, 22 de agosto de 2009

Libro de Marcus - 16.

Despuntaba el alba, el cielo comenzó a teñirse de tonos violáceos amenazándome con abrasar en tan solo unas horas, necesitaba encontrar un refugio, me di cuenta de que me hallaba en los aledaños de una gran ciudad, Sartil Null, por suerte esta ciudad contaba con una intrincada red de cloacas en las que podría guarecerme hasta llegar la noche.

Acelere el paso, hasta encontrarme ante las puertas de esta ciudad flanqueadas por soldados de la guardia real, por suerte para mí era día de mercado y a esa hora los portones ya se encontraban abiertos, los mercaderes formaban una larga fila, con sus carros cargados de viandas, de telas, y todo tipo de enseres con los que comerciar en la gran plaza que se abría justo ante las puertas del Palacio.

Uno de los guardias me miro con desconfianza, por un momento pensé que se decidiría a acercarse, pero una disputa entre comerciantes desvió su atención y aproveche para escabullirme entre la gente y colarme por el primer callejón oscuro.

Conocía bien los entresijos de esta ciudad, pase un tiempo viviendo en ella durante mis correrías cuando apenas era un joven vampiro y toda mi existencia consistía en dar caza a las más hermosas mujeres de la villa, despertando la ira del clan dominante. Como en muchas otras ocasiones tuve que salir de la ciudad sin dejar rastro, esperaba que se hubieran apaciguado los malos ánimos que por aquel entonces tenían contra mí.

El sol amenazador seguía su ascenso, acelere el paso y me cole en la boca de cloaca que se abría ante mí un tanto amenazadora. Esperaba encontrar las cloacas algo más concurridas, pero para mi sorpresa estaban desiertas, una imagen de aquellas cloacas repletas de vampiros atravesó como un rayo mi mente, ¿qué estaba pasando? ¿Acaso el clan había abandonado la cuidad? ¿Los habrían matado a todos?.

Me desplace con cautela por los túneles que se extendían a lo largo de toda la ciudad hasta llegar a los subterráneos del Palacio. Los bajos del castillo habían sido la morada de Rándal, y de su dulce compañera Silmarien, tan letal como hermosa. Habían montado una especie de corte aprovechando los túneles que se abrían paso por debajo del viejo castillo, estos túneles además de dar a las cloacas, tenían acceso al mausoleo y a través de ella los esbirros de Rándal se habían ido haciendo con los enseres necesarios para conferir a aquellas dependencias, la misma majestuosidad que reinaba en todo el Palacio.

Una puerta de hierros gruesos y retorcidos, cubiertos de oxido se alzaba cerrada ante mí, no recordaba que la entrada a la morada de Rándal estuviera protegida por aquel enrejado, empuje la puerta con la intención de seguir adelante a pesar de que no sabía si sería bien recibido, pero no tenía otro sitio al que dirigirme.

1 comentario:

  1. Que interesante se esta poniendo la historia....esperando nueva entrega...
    Saludos.

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