Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 24 de agosto de 2009

Libro de Marcus - 18.

Retrocedió un paso hacia atrás y me miro fulminándome con su mirada - ¿Qué te trae ante la presencia de mi señor? – su voz sonaba apacible y encantadora, una media sonrisa enigmática se dibujaba difusa en sus labios, parecía afable pero sabía que no debía fiarme de ella en absoluto. –Tan solo saludar a un viejo amigo – conteste devolviendo la sonrisa. Me dio la espalda y comenzó a moverse lentamente – Espera aquí – y desapareció por donde había venido.

Ya empezaba a impacientarme cuando otra figura apareció por la misma puerta que había desaparecido un rato antes Varië, era la figura de un hombre corpulento, aunque iba enfundado en una capa oscura, me hizo un gesto con la cabeza invitándome a seguirle, la puerta se cerró a nuestro paso, y dos encapuchados más, que hasta ese momento no había visto, cubrían mi retirada.
Caminamos en silencio a lo largo un oscuro pasillo que rezumaba humedad en algunos puntos, sus paredes estaban ataviadas con tapices descoloridos que sin duda habían conocido tiempos mejores, al fondo del corredor vislumbre una puerta de las mismas características que la que habíamos dejado atrás, pero mucho más grande. A través de sus resquicios se colaba la luz que sin duda irradiaba la sala contigua, supuse que sería la estancia donde se encontraría Randal.

El encapuchado corpulento empujo la puerta despacio y la luz de la estancia ilumino parte del pasillo, en ese momento se echo hacia un lado y me ofreció paso con un gesto de su mano. Entre con paso firme esperando que nuestros desacuerdos del pasado hubieran sido olvidados.

Me sorprendió comprobar que estaba equivocado, esa estancia parecía ser tan solo una transición a otras partes del castillo. Era un habitáculo redondeado, frente a mí se alzaba un gran arco que daba acceso a una pequeña escalera y a ambos flancos se encontraban dos puertas, en el centro de la estancia una estatua de alguna diosa desconocida sujetaba en sus manos una luz que iluminaba la estancia entera. Lo cierto es que no recordaba nada de lo que tenia frente a mí, me pregunte si era posible que no hubiera pasado por este sector del subterráneo cuando esta ciudad era mi morada, lo cual era bastante improbable, o tal vez habían reconstruido toda la zona, tampoco parecía una idea muy razonable, ya que todo lo que había visto hasta el momento parecía bastante antiguo.

1 comentario:

  1. Cada vez se pone más interesante....
    Gracias por deleitarnos con esta magnifica historia...esparando nuevo capitulo.
    Saludos

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