Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Libro de Marcus - 20.

Me miro de arriba abajo y su rostro cambio, su expresión se endureció y se volvió inescrutable, adelanto un par de pasos hacia mi sin apartar su mirada de la mía, sin darme cuenta mi cuerpo se había preparado para un posible ataque. Sabía que en el caso de presentarse una confrontación entre ambos yo lo tendría todo perdido, no porque él estuviera más preparado que yo para la lucha, pero si por el sitio en el que me encontraba. – Vaya, vaya, ¿que tenemos aquí? – su voz sonó ronca y profunda, pero en absoluto amenazadora, por lo que note como mi cuerpo se iba relajando sin que mi voluntad tuviera nada que ver en ello. No espero a que le contestara, se encamino hacia la escalera y me hizo un gesto con la mano para que le siguiera.

Seguí sus pasos aprovechando el silencio para examinarle concienzudamente, sin duda había estado de cacería, sus ojos oscuros centelleaban con un brillo carmesí que indicaba claramente que se había alimentado en un breve espacio de tiempo. He de reconocer que su porte me resulto más amenazador que cuando cazábamos juntos. Envuelto en esa oscura capa, que tan solo le cubría parte del cuerpo, dejando al descubierto su semblante y parte de su fisionomía envuelta en finos ropajes, lo que más me llamo la atención fueron los colgantes a modo de amuletos que llevaba colgados de su cuello.

Subimos por la pequeña escalera, Rolan empujo el portón, ante nosotros se abrió una estancia bastante concurrida. Rolan la atravesó sin prisas y desapareció por una pequeña puerta flanqueada por dos tipos con cara de pocos amigos, no hice intención de seguirle, me quede parado donde estaba y dediqué la oportunidad para observar a placer. Era un salón oscuro y amplio, habían cubierto el suelo de piedra con gruesas alfombras y algunos tapices ajados colgaban sobrecargando sus paredes, se encontraba salpicada de muebles lujosos que sin duda procedían del mismo lugar que el resto de la decoración, a mi derecha sentadas en un pequeño sofá tapizado en lo que algún día fue algún tipo de tela brillante en algún color oscuro, se hallaban sentadas jugueteando con sus largos cabellos tres chiquillas de no más de 15 años, las mire durante un rato parecían ausentes, como si no hubiera nadie más en la sala, ni siquiera levantaron curiosas la mirada. Justo enfrente de las chiquillas una pareja de vampiros entregados a caricias y arrumacos me miraron durante una porción de segundo y siguieron entregados a su pasión. Presidian la estancia sobre una tarima cubierta también de gruesas alfombras, dos grandes butacones de maderas y tapices dorados, supuse que estaban allí a modo de tronos, di por sentado que pertenecerían a Rolan y a su adorable compañera. Sentada a un lado de los tronos rodeada de gatos, se encontraba Maia, ataviada con sus mejores ropajes, recargada de joyas como si fuera a mudarse y no tuviera donde guardar sus abalorios. Maia llevaba con Rolan desde hacía siglos, nunca he sabido el motivo por el que Rolan la protegía, siempre he supuesto que él tuvo algo que ver con su falta de cordura. Me dedico una amplia sonrisa pero sus ojos permanecían inertes como si realmente no estuvieran viéndome.

1 comentario:

  1. Acabo de descubrir tu blog, y todavía me tengo que poner al día con todo lo que tienes, pero solo al ver que tienes esa frase de lestat al principio, me ha llamado para quedarme a leerte :)

    Un saludo!

    ResponderEliminar