Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

martes, 10 de noviembre de 2009

Libro de Marcus - 51.

Me miró durante un segundo y a pesar de que su hermoso rostro no reflejaba ningún tipo de sentimiento, en sus ojos brillaba una chispita de orgullo a consecuencia de la victoria sobre su oponente. Paseó la mirada por el local, hizo un gesto de desagrado provocado por los desperfectos ocasionados en el salón y se dirigió hacia la zona reservada. Giré sobre mis talones y aparte de un puntapié uno de los cuerpos que yacían sobre la gruesa alfombra, me encaminé hacia la salida, no tenía muy claro hacia dónde dirigirme, necesitaba encontrar algún sitio que me ofreciera la suficiente intimidad para abrir la misiva de Drusila.

Pensé en tomar una habitación en la posada, pero lo descarté casi de inmediato, no era un buen sitio ya que me vería obligado a pasar por delante del ayuntamiento, ahora custodiado por los Paladines; esos hombres parecían poseer un don especial para detectar a los vampiros. Me paré un segundo ante la puerta con la mano apoyada sobre el pomo, por un momento dudé si debería de quedarme junto a Selil esa noche, pero tuve la certeza de que la gente de K no volvería durante un tiempo, y desde luego mucho menos esa noche.

Giré el pomo y tiré de la puerta que se abrió sin ofrecer la más mínima resistencia, una bocanada de aire fresco inundó la entrada, no me había dado cuenta hasta ese momento de lo cargado que se hallaba el ambiente dentro del recinto, lo cierto es que lo agradecí. Salí al callejón, la antorcha que iluminaba el cartel con el nombre del garito se había apagado, la luna iluminaba tímidamente los callejones de los suburbios, las destartaladas casas adquirieron una imagen más ruinosa si cabe. En los arrabales raramente se podía llegar a ver el cielo dado que la bruma era demasiado espesa, pero aun así intuía que el sol no tardaría demasiado en salir. Tenía que decidir rápido donde dirigirme si no quería que me pillara sin haberme refugiado antes. Una imagen acudió a mi mente, una hermosa y dulce dama, que a pesar de ser una vampiresa era una mujer sensible dedicada a las artes y a la interpretación, Emaleth, mi querida y vieja amiga.

Recordé mientras caminaba por aquellas angostas callejas que Emaleth vivía en un viejo caserón no muy lejos de Assen, si apresuraba el paso me daría tiempo a llegar antes del amanecer. La última vez que la vi, me invitó a pasar unos días en su casa, recuerdo que vivía con otros dos vampiros que a mi juicio se rifaban sus favores. Si no recordaba mal uno de los vampiros que compartía la morada con ella se hacía llamar Tasadar, un arcano bastante antiguo, poseedor de una magia muy poderosa. Los hechiceros no sé realmente por qué motivo siempre me han producido cierto rechazo. En este caso, no sólo era rechazo, había llegado a mis oídos que admiraba a Drusila, motivo suficiente como para que me hiciera ponerme en guardia. Aceleré el paso y me encaminé hacia el caserón.

Abandoné los callejones de los suburbios para adentrarme en las calles de Assen que aún permanecían iluminadas por las farolas convenientemente situadas a poca distancia en ambos lados de la calle. Me encaminé hacia el sur, no estaba seguro de recordar el camino, pero sabía que en el camino que lleva hacia el sur había bastantes cuevas, en caso de no dar con la casa siempre podría refugiarme en alguna de ellas. Pasé por delante del templo, resultaba incluso chocante que el círculo de bancos situado en uno de sus laterales se encontrara completamente vacío, por algún extraño motivo se había convertido en el centro de reunión de la comunidad vampírica de Assen. Crucé el río por el viejo puente, tomé el camino que llevaba al bosque y me adentré en la espesura. Los árboles parecían apiñarse empeñados en no permitir el paso a los intrusos, la hojarasca de los viejos olmos se acumulaba bajo mis pies, el olor a tierra húmeda se mezclaba con el aroma de las jaras, el romero y los matorrales dispersos de lavanda, a lo lejos casi imperceptible podía oírse el correr tranquilo de las aguas de algún pequeño riachuelo. A esas horas cuando el amanecer comenzaba a despuntar, el bosque se despertaba en un sinfín de trinos, y pequeños ruidos que si bien podrían pasar desapercibidos por el oído de cualquier ser mortal, para nosotros eran bastante nítidos. El sendero se abrió en un gran claro y la silueta de un caserón grande y oscuro se dibujó ante mis ojos. Respiré aliviado: había encontrado la casa.

10 comentarios:

  1. Que bueno que la encontró vamos a ver que sucederá alli también, seguimos en este viaje sin regreso de tus historias de vampiros.
    Un abrazo y ya pasate por tu premio en mi entrada anterior?

    ResponderEliminar
  2. ¡Extraordinario fragmento! He de decir, en primer lugar, que con este capítulo del Libro de Marcus has conseguido, verdaderamente, que yo mismo fuera quién recorriera esas tenuemente iluminadas callejuelas y la oscura boscosidad, porque la descripción que has narrado ha sido majestuosa.

    Además, añadiendo todos los detalles necesarios para que esa inquietante y cerniente atmósfera que preludia un amanecer para un vampiro sea acuciante también para el que lo disfruta en su lectura.

    Me has hecho disfrutar enormemente con este pasaje, a pesar de que siga sin concebir esa indolencia por parte de Marcus, ¡que tanta ceremonia se toma para abrir la carta! jajaja

    Y yo que me consideraba una persona paciente... tendré que alcanzar la no-muerte para equiparar mi temple al de ese vampiro, o continuar dejándome llevar por emociones y sentimientos, hasta ahora no ha ido nada mal ;)

    ¡Ávido estoy ya por el siguiente!

    Infinitos besos donde más los desees, bien sabes que serán inagotables :)

    ResponderEliminar
  3. ¿Y sigue sin abrir la carta? Yo lo hubiera hacho a los dos segundo!! Pero claro, no soy Marcus ni de cerca. Excelente descripción niña!!! Siempre me gusta leerte.

    Besos

    ResponderEliminar
  4. Me ha gustado mucho el ritmo del acontecimiento.
    Muy bueno sigue asi!!!
    Saludos

    ResponderEliminar
  5. Hola,

    El ritmo y la trama ha hecho que desde el principio me haya visto atrapado y sin poder dejar de leer hasta el final quedándome con ganas de más.

    Enhorabuena. Es extraordinario.





    John W.

    ResponderEliminar
  6. Y en ese caserón entre el bosque... ummmm... susurros, que siempre nos quedamos con ganas de máaaas!!

    Besos desde el abismo

    ResponderEliminar
  7. Hola Susurros al fin pude dar con tu blog es que te hiciste seguidora del mio pero no dejaste enalace, nada vi un coment tuyo y pues aquí estoy,Muy buena la historia!! me ancantan las de vampiros!!


    Saludos

    Noe

    PD Había hecho otro coment jajaj nuse a dónde se fue!

    ResponderEliminar
  8. Como siempre susurros esto se respira bocanada a bocanada, es inevitable me quedo siempre con ganas de mas lo siento xDD, pero se que no vas a parar de escribir ;) asi que toy tranquilo bueno preciosa muchos besos y espero que estes mejor, un fuerte abrazo....

    ResponderEliminar
  9. Gracias cielo por visitarme me quedo extasiada leyendote que bien escribes y la descripción del bosque me ha dejado alucinada me parecía estar allí...cada vez que vengo me pongo al día leyendote y me encanta, un abrazo cielo

    ResponderEliminar
  10. gracias por tu komente...un abrazo fraterno a la distancia alojada en el impertubable tiempo mortal!!!

    ResponderEliminar