Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

martes, 24 de marzo de 2009

Libro de Marcus - 5.

Los años siguientes se me hicieron eternos, mis días transcurrían entre el amor, la desesperación y los celos, las noches mucho mas llevaderas, las pasaba agazapado junto a los cristales de su dormitorio velando su sueño.

Ya entrada la primavera de 1270, por casualidad llego a mis manos una invitación para la fiesta de compromiso de una muchacha de la localidad, hija de un viejo conocido de mi familia. En un principio, decidí que no acudiría a la fiesta. Pero mas tarde supe que a esa fiesta asistiría Drusila.

Cambié mis planes, saque mis ropas de gala, y dispuse lo necesario para acudir a esa fiesta con la intención de darme a conocer a esa preciosa joven en la que se había convertido Drusila.

No podía retrasar más el momento, Drusila en estos tres años había pasado de ser una dulce y preciosa niña, a ser la joven mas hermosas de cuantas había conocido en mi larga existencia. Los jóvenes pretendientes hacían cola a la puerta de su casa, el amargo sabor de los celos no se disipaba de mi boca, y no podía soportar la idea de que ella se enamorara sin haberme conocido.

Llego la noche de la fiesta, me atavié con mis mejores galas, pase horas acicalándome con la intención de ser el más apuesto que vieran sus lindos ojos. En cuanto la tarde dio paso al crepúsculo tome el camino de la casa de Dana, estaba a unos 4 kilómetros al norte de la ciudad, apresurando el paso tardaría unos diez minutos.

Llegue a la mansión de los primeros, eso me dio ventaja para estudiar el salón y valorar cuales eran los rincones privilegiados para que ella me viera, o para poder observarla con total impunidad. La vi entrar desde un rincón, en ese momento yo conversaba con una dama bastante entrada en años y en carnes, que me hacia proposiciones deshonestas mientras me miraba con sus ojillos lascivos.

Era una autentica visión, lucia un vestido que se ajustaba a su cuerpo dibujando sus curvas perfectas, abriéndose en un volante que arrastraba en una pequeña cola, en su pecho una gargantilla de esmeraldas adornaban su generoso escote. Su melena negra caía por su espalda en grandes rizos, y sus enormes ojos azules brillaban con las luces de la fiesta. Una sonrisa cautivadora adornaba su pálida cara, haciendo de ella la joven más hermosa que jamás había contemplado.

2 comentarios:

  1. Y esa noche soñé con manos y bocas entremezclándose en un cuadro vivo, las figuras del cuadro moviéndose al compás de la luna, de las mareas y los cuerpos enfrentados en saciarse uno del otro, bebiendo nectar, sangre y lagrimas hasta morir con la luz del sol y el amanecer templado de los cuerpos agotados...

    ResponderEliminar
  2. Leyendo el libro de Marcus, y llegados a este punto estoy retomando la anterior historia de Drusila, en esta fiesta.

    Debes de haber leído mucho Susurros, a lo largo de tu corta o larga vida (no me importa realmente la edad que tienes). Y se deja ver en tus letras, porque sin ser indigesta ni pedante tienes una riqueza léxica que no pasa desapercibida. Cuando se escribe un microrrelato es fácil difuminar esta carencia, pero cuando se escriben textos tan largos, hay que tener recursos para salir airoso del combate.

    Besos, Susurros.

    ResponderEliminar