Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

sábado, 28 de marzo de 2009

Libro de Marcus - 8.

Los años que pase separado de Drusila se me hicieron interminables, fueron los años mas duros y dolorosos de toda mi larga existencia. Las dudas y los temores invadían implacables todo mi ser. No podía dejar de pensar en el dolor que Drusila estaría sintiendo al creerme muerto, ni podía dejar de pensar en la posibilidad de que ella cayera en otros brazos, esa idea me enloquecía cada vez que rondaba por mi mente. Muchas veces estuve tentado de volver a su lado, pero la cordura me freno afortunadamente.

Los primeros años no hice otra cosa que huir y esconderme, hasta que un buen día decidí que ya no me escondería mas. Habían pasado para entonces demasiados años, la idea de perder a Dru para siempre me infundió valor y me llevo a enfrentar a mis perseguidores.

Los años que había pasado escondido entre las sombras, me dedique a prepararme para la batalla a la que habría de enfrentarme tarde o temprano, y todo ese tiempo por fin había dado sus frutos. El tiempo que viví en el monasterio, me sirvió para aprender de los monjes los métodos mas letales de lucha, los cuales perfeccione durante este tiempo. Dedique tiempo a la meditación aprendiendo así a dominar las artes de ocultación.

Calcule que ya estaba preparado para enfrentarme a la familia que me había perseguido durante tanto tiempo, y la mejor manera de acabar con esa persecución era ir directamente al líder. Pase varios meses planeando concienzudamente mi ataque, asegurándome de que todos los cabos estuvieran atados. Y por fin había llegado el momento tan deseado y a la vez tan temido.

Sabia que Daris no estaría solo pero si conseguía darle muerte, sus vástagos pasarían a servirme a mi. Esa idea no me agradaba, pero conocía bien a Veronique, una vampiresa ambiciosa que estaría encantada de pasar a ser la líder de la familia. No tuve problemas en entrar en la casa de Daris, no en vano antes de conocer a Drusila, Veronique me había proporcionado noches llenas de pasión.

Me escurrí como un reptil entre las sombras, mis pies apenas tocaban el suelo. Al fondo del corredor se hallaba la sala de estar, divise una tenue luz que escapaba por debajo de la puerta, se oían apagadas varias voces, entre ellas fuerte y autoritaria pude distinguir la de Daris, espere agazapado hasta que uno tras otro fueron abandonando la estancia. Cuando supuse que Daris estaría solo avance entre las sombras y me colé en la habitación.

Como había imaginado Daris se encontraba solo en ese momento, el cuerpo de una chica yacía a sus pies inmóvil, el recostado entre cojines mantenía los ojos semicerrados en una especie de trance provocado por el placer que proporciona la sangre de una virgen. Me acerque sigilosamente, ni siquiera le dio tiempo a imaginar lo que se le venia encima, alce mi espada y con un golpe certero separe su cabeza del cuerpo.

Proferí una alarido de victoria que pudo escucharse por todo el caserón, y como había supuesto en pocos segundos la estancia se lleno de vampiros jóvenes que me miraban extasiados, en una mezcla de admiración y respeto, al momento irrumpió en la sala Veronique Arnauld, una sonrisa seductora se dibujaba en su rostro, con un gesto de su mano se deshizo de los vástagos, que abandonaron la sala dejándonos solos.

Hablamos durante mucho rato, la conversación que al principio era algo tensa, se fue haciendo mas amistosa a medida que iba comprendiendo que ella pasaría a ser la nueva líder. Me quede a dormir en su casa, no era mi intención pero ella no estaba dispuesta a dejarme ir sin celebrar nuestra victoria.

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