Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

viernes, 27 de marzo de 2009

Libro de Marcus - 7.

Tardó un par de días en recobrar el conocimiento, se despertó asustada, sin comprender bien que le habría pasado, no me separé de su lado un solo segundo, ansiaba estar junto a ella cuando renaciera, ser lo primero que vieran sus ojos al despertar.

Abrió los ojos y miró a su alrededor, luego reparó en mi, me miro con sus enormes ojos como una gacela asustada. – No temas amor mío – mis palabras sonaron apaciguadoras y en su rostro se dibujo la sonrisa mas bella que jamás había contemplado.

Los años que pasé junto a ella fueron los mas felices de mi larga existencia, los sentimientos que Dru despertaba en mi no podía compararse con nada que hubiera sentido antes. El amor que sentí por Alissa, parecía un simple capricho al lado de lo que ahora sentía por Dru.

La tenia a mi lado siempre que podía, no quería apartarme de ella por temor a que pudiera sucederle algo, ahora se que es una mujer fuerte, pero yo la veía como algo delicado, una muñequita de porcelana, a la que hay que proteger para que no se rompa, porque en el caso de que algo le pasára a ella, mi corazón se rompería en miles de pedazos.

Un día Dru se despertó alterada, intranquila, había soñado que algo me pasaría, no era la primera vez que tenia sueños premonitorios y dió por sentado que este era uno de esos sueños. Anduvo nerviosa todo el día, intenté tranquilizarla en vano, cuando llego la hora de salir a cazar, me pidió casi sollozando que no saliera esa noche. No hice caso, la tranquilicé como pude, tome mi capa y salí como solía hacer, en busca de alimento.

La sorpresa llego más tarde, cuando me hallaba en el callejón donde solía acudir para acechar a mis presas. Esa noche me esperaban, esa noche yo seria la presa. Los esbirros de la familia que me había declarado la caza de sangre me esperaban escondidos entre las sombras, casi imperceptibles. Quizás alertado por el sueño de Dru, o tal vez por pura intuición, esa noche entre en el callejón lo más sigilosamente que pude.

Cuando quisieron darse cuenta ya les había saltado encima y con la precisión de un maestro relojero, clave mis colmillos en sus cuellos antes de darles tiempo a reaccionar. En pocos minutos los dos yacían en mitad de la calle desangrados. Sabia que solo había ganado un asalto pero que la guerra continuaría, volverían una y otra vez, en ese momento una idea terrible cruzo mi cabeza, no podía volver a casa, eso pondría en peligro a Dru. Sería mejor que ella pensara que yo había muerto, alejarme de ella, y así alejar también el peligro.

Miré a mi alrededor, el callejón oscuro y sucio estaba desierto, al fondo divise los restos de lo que había sido una hoguera, me acerque y recogí las cenizas con un cartón. Me acerque de nuevo a los esbirros y rocié el suelo con las cenizas simulando la figura de un cuerpo, manche la capa que llevaba con algo de sangre y la chamusqué, dejándola tirada en el suelo junto a las cenizas. Simulé mi muerte y después desaparecí.

3 comentarios:

  1. Creo que Marcus está buenorrón buenorrón y es sepsi sepsi :_D

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  2. Las cenizas cubren el rastro de la huida que simula la muerte... pero la muerte espera en cualquier esquina, y no simula cenizas

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  3. Menos mal que no me fio de los madrileños xD
    Es mi intención que no se parezca, cuando hablo de inspiración no hablo de copia, si no, acabaria siendo como Luis Royo...

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