Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

sábado, 15 de mayo de 2010

Libro de Valine 21

Habíamos pasado la última hora caminando en silencio. Hacía ya un rato que Selil había acelerado el paso hasta el punto de que dejamos de verla; imaginé que iría en busca de alimento. Según íbamos avanzando, el entorno se volvía más denso, la humedad flotaba en el ambiente e incluso volvíamos a contemplar algún matojo amarillento. Podíamos sentir el olor a tierra húmeda y el sonido apagado del cauce de un río. Nos acercábamos a la garganta. Miré a Eolion que escudriñaba el cielo con cara de pocos amigos. Instintivamente alcé la vista al cielo que aún se mantenía bastante oscuro. Me pregunté si de verdad la elfa buscaría algún grifo surcando el cielo nocturno o por el contrario simplemente trataba de orientarse.

Volví a mirar al frente: por un momento la imagen que empezaba a mostrarse con las primeras luces del alba me sobrecogió. Me paré en seco. Eolion tardó unos segundos en darse cuenta, anduvo unos pasos más y se detuvo girándose a mirarme. No sé cuál sería mi expresión en ese momento, pero imaginé por la sonrisa que se dibujo en el rostro de la elfa que debía de ser una mezcla entre fascinación e incredulidad. El desfiladero se abría en una especie de valle al abrigo de las Alelonna. La vegetación cubría el suelo alfombrándolo de un verde brillante adornado de florecillas pequeñas de distintos colores, los árboles se alzaban majestuosos, algunos plagados de frutas, otros tocando el suelo con sus ramas. Justo ante nosotros el rio Tinâwïen abría una profunda garganta de abrumadoras paredes de más de 2800 metros, partiendo en dos la gigantesca montaña y cayendo en cascada sobre un saliente donde se había formado una piscina natural y volviendo a caer sobre el lecho de un lago que abarcaba gran parte del valle perdiéndose en una boca en la piedra por donde, supuse, seguiría corriendo subterráneo, al menos durante un trecho. En las orillas del lago había crecido gran variedad de plantas y de arbustos, tan sólo en una de sus orillas se había formado una pequeña playa de arena fina y blanca. El sol comenzaba a salir asomándose entre las abruptas montañas, iluminando tenuemente el valle, las sombras que proyectaban los árboles, la oscuridad mezclándose con la luz del alba, el leve rocío que cubría las hojas de las plantas reflejando los primeros rayos del sol le conferían un porte mágico. Miré a Eolion que sonreía mirando el horizonte, anduve unos pasos hasta ella y la tome de la cintura tirando despacio de ella para que volviera a caminar. En pocos minutos pisábamos la hierba fresca, sonreí complacido. Nunca habría podido imaginar un lugar tan bello al final de un camino seco y árido plagado de polvo.

Nos encaminamos hacia la pequeña playa. Al llegar dejé mis cosas sobre la hierba, me descalcé y me acerqué al lago. Sus aguas eran tan cristalinas que podía ver cada detalle del fondo, las piedrecitas de un blanco puro parecían incluso brillar. En ese momento habría dado con gusto mi vida por darme un baño, pero sólo me mojé los pies. Miré a Eolion, estaba parada justo donde acababa la hierba y comenzaba la arena, miraba a su alrededor como buscando algo.

- Eolion –intenté llamar su atención–, ¿no te acercas?
- No, está demasiado fría para mí. Si deseas bañarte será mejor que esperes a que lleguemos a la poza.
- ¿No vamos a esperar a Selil aquí? -la idea de abandonar tan rápidamente el valle no me agradaba, ya me había hecho a la idea de pasar parte del día relajado en aquel vergel.
- No, ella nos espera en una cueva que hay junto a la poza, aun nos queda un buen trecho, aunque veas desde aquí la poza el camino hasta allí es un poco complicado y nos llevara un rato llegar.

Fruncí el ceño contrariado, me senté sobre la hierba y comencé a ponerme las botas con toda la pereza del mundo. Mientras, ella se había acercado a uno de los árboles y había cortado uno de los frutos que venía preparando por el camino. Se acercó hasta mí y se acuclilló a mi lado. Había partido la fruta por la mitad y dejó los dos trozos sobre la hierba. Miré la fruta sorprendido, nunca había visto ningún fruto  parecido, por fuera era lisa y suave, de un color anaranjado brillante, sin embargo por dentro su carne era de un color rojizo y desprendía un aroma dulzón.

- Podíamos haber pescado algo –protesté- ¿No te apetece comer caliente? –ni siquiera levantó la mirada de la fruta.
- Ya habrá tiempo para eso.

Habíamos terminado de comer y estábamos recogiendo nuestras cosas cuando un ruido detrás de nosotros nos sobresaltó. Nos volvimos de un salto casi al tiempo, no esperábamos compañía, por lo tanto, aquel ruido no podía ser otra cosa que un animal.

4 comentarios:

  1. Desconozco lo que experimentará el resto de tus fieles lectores y seguidores cuando puedan leer el fragmento que has publicado hoy, pero por lo que a mí respecta, me acabas de fascionar con lo que has escrito. Disfruto enormemente con los paisajes naturales e incluso tiendo a transportarme a ellos cuando las descripciones o las imágenes son acordes para hacerlo. Y, francamente, tu maestría descriptiva y narrativa ha alcanzado su cénit con la exposición de este increíble paisaje.

    Me he sentido como si, verdaderamente, además de estar allí, fuera un viajero de tu maravilloso reino de fantasía. Como si mis pasos fueran los de Valine, como si sus quejas por no poder gozar de ese cristalino lago fueran también las mías jajaja (yo, desde luego, insistiría hasta las últimas consecuencias para que Eolion dejara que me quedara allí unos instantes más).

    Has logrado recrear un lugar bucólico y asombroso, digno del mundo que estás brindándonos en una plateada copa con tu novela. Pero no sólo lo consigues con lo que escribes, esta vez, ya sabes que tengo que hacer mención a algo más. Porque sé que las imágenes con las que acompañas tus escritos siempre te molestas en seleccionarlas rigurosamente e incluso retocarlas si es necesario. Y los dos dibujos que has utilizado hoy, especialmente el primero de ellos, me ha parecido sobrecogedor. Me han encantado también :)

    Y, además, lo has vuelto a hacer. Si hubiera poca intriga y necesidad de seguir sabiendo cómo continúa tu novela... ahora vuelves a dejarme con las ganas, por saber qué tipo de criatura será la que se encuentren en ese lugar...

    Aunque puedo hacerme una idea, considerando el nombre del sitio en el que se encuentran ;)

    Siento que en cada publicación, mejoras ostensiblemente en tu estilo, en tu literatura... y es gozada poder comprobarlo y ser testigo directo de cómo estás fraguando una fabulosa novela :)

    Ahora, no te haré esperar más, que siempre que te voy a comentar, le dedico demasiados minutos en lugar de estar contigo jajaja

    Esta noche no solo enviaré mis apasionados besos por aquí, hoy te lo entrego absolutamente todo, todo cuanto puedas desear de mí.

    Y ya estoy deseando que vuelvas a escribir... ;)

    ResponderEliminar
  2. Tengo que reconocer que se disfruta de los bonitos paisajes que acompañas el buen texto,
    es un placer pasar a leerte.
    que tengas una feliz semana.

    ResponderEliminar
  3. Precioso oasis el encontrado... me pongo al día, da gusto leerte de seguido!

    Besos mil desde el abismo

    ResponderEliminar
  4. Te deje un premio en mi blog, saludos

    http://escritosypoesias.blogspot.com

    ResponderEliminar