Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 10 de mayo de 2010

Libro de Valine 20

A pesar de lo que pudieran pensar las dos mujeres, no había conseguido conciliar el sueño ni siquiera un momento. No sólo me estaban pasando demasiadas cosas en tan poco tiempo, además la presencia de Selil en nuestro pequeño grupo me inquietaba más de lo que estaba dispuesto a reconocer. Recogí mis cosas y salí de la cueva, decidí esperarlas fuera mientras recogían sus enseres y los últimos rayos del sol se escondían en el horizonte. Ante mi se extendía el bosque y tras de mí se alzaba una pared de granito. Supuse que nos adentraríamos de nuevo en el bosque cuando me di cuenta de que junto a la pared serpenteaba un pequeño sendero que se perdía en un recodo de la piedra. Anduve unos pasos hasta llegar al recodo y fue entonces cuando me di cuenta de que a partir de ese momento nuestro camino se complicaría bastante.

El sendero ascendía zigzagueante, flanqueado por la pared de piedra a uno de sus lados y por la espesura del bosque al otro, hasta adentrarse en un profundo y angosto desfiladero. No había pisado nunca estas tierras, pero estaba seguro de que nos hallábamos ante las montañas Alelonna a partir de aquí entrabamos en tierras élficas. Tendríamos que atravesar el desfiladero y a partir de ahí no tenía la menor idea de lo que nos esperaba. Miré hacia el cielo siguiendo la pared de piedra, y como era de esperar entre las ramas de los árboles que casi pegaban contra las paredes del risco apenas se podía divisar algunos trocitos pequeños. Había anochecido ya y las primeras estrellas comenzaban a titilar salpicadas por el manto negro de un cielo nocturno sin luna. Giré la cabeza hacia la cueva, en ese momento las mujeres salían charlando animadamente. Volví a mirar hacia el camino y me pregunté si aquellas mujeres estarían tan acostumbradas a cruzar aquel desfiladero o simplemente eran las dos elfas más insensatas que había conocido el reino. Sonreí para mis adentros y las instigué para que caminaran un poco más rápido. Sólo podíamos avanzar durante la noche y dudaba que en el pasaje que se abría ante nosotros encontráramos muchos sitios donde resguardarnos del abrasador astro durante el día.

Para cuando llegó la media noche ya habíamos recorrido un buen trecho del escabroso camino, siempre ascendiendo entre aquellas moles de piedra. Hacía rato que habíamos dejado la vegetación atrás, ni árboles, ni arbustos, ni hierba verde… sólo piedras y más piedras.

- ¿Se acabarán alguna vez éstas piedras? –fue más un pensamiento en voz alta que una pregunta, pero ambas se giraron hacia mí con el mismo gesto de burla dibujado en sus rostros.
- ¿Ya estás cansado? –la voz de Eolion me sonó un poco a burla- No te quejes, porque no hemos hecho nada más que empezar.
- Si aún nos falta lo mejor –las dos mujeres cruzaron una mirada de complicidad.
- ¿Qué es lo mejor? –pregunté, sin estar muy seguro de querer saberlo, y mi voz reflejó mi estado de ánimo.

Selil soltó una risotada mientras Eolion tan sólo sonreía benevolente, como si yo fuera un chiquillo asustado.

- La garganta de los Grifos –sentenció la vampiresa, enfatizando cada una de sus palabras para darle mayor solemnidad al nombre del accidente geográfico– ¿Supongo que sabes lo que son los Grifos verdad?

Asentí sin pronunciar palabra. Había oído hablar de los Grifos, pero siempre había pensado que no eran más que cuentos para asustar a los niños… aunque parecían tan felices pensando que habían conseguido impresionarme, que las dejé continuar creyéndolo.

Selil se adelantó unos metros al tiempo que Eolion aminoraba la marcha hasta quedarse a mi altura; le dediqué una sonrisa de cortesía y seguí caminando a su lado. Me di cuenta de que la elfa me miraba de reojo, supuse que me observaba con la intención de descubrir en mi rostro algún gesto de preocupación o temor. Obviamente no fue así. No me preocupaban los Grifos, ni siquiera estaba seguro de su existencia, pero en cierto modo sí estaba preocupado, había oído hablar de la garganta de los Grifos y no precisamente bien. Según se decía era una senda peligrosa escavada en la piedra, apenas se podía acceder por ella de uno en uno y en algunos tramos incluso era complicado para una sola persona… y ahí estaba yo con dos mujeres a punto de cruzar una de las gargantas más peligrosas de todo el reino.

6 comentarios:

  1. Un ritmo constante e intenso de publicaciones es equivalente a un seguidor, por no decir absoluto admirador, contento y satisfecho. Me encanta que estés escribiendo tanto en tan poco tiempo, porque se trasluce que estás en un momento de inspiración y creatividad maravilloso. Y no sólo se percibe en la frecuencia en la que nos deleitas con tus fragmentos, sino en la calidad de estos, que lejos de mantenerse, incluso aumenta en cada parte publicada :)

    Para comenzar, sólo comentaré que me ha parecido un muy buen detalle que Valine especifique que no estaba dormido... porque estoy convencido de que no sólo sus bellas acompañantes han creído que dormía, seguro que algún lector despistado (y enamorado de ti) también lo ha penasdo jajaja

    Por lo demás, la aventura continúa, y se interna por un lugar inhóspito y arriesgado, que podría resultar anodino ante una descripción que no le hiciera justicia. Pero como he repetido hasta la saciedad y como seguiré diciendo, tu capacidad para crear "imágenes" con "palabras" es sencillamente asombrosa, y creo que cualquier persona que lea este fragmento también sentirá esa misma incertidumbre que siente Valine (aunque lo disimule) acerca de la temible "Garganta de los Grifos".

    En referencia a esto, y también haciendo mención a las montañas "Alelonna", ya te dije en una ocasión que me parece admirable que estés desarrollando, incluso, tu propia geografía y mitología con la novela. Puede que muchas de las criaturas y razas que aparecen en ella ya figuren en otras obras relacionadas con la fantasía o la ficción, pero en algunos casos les estás dando un tratamiento distinto, totalmente innovador, que me está gustando mucho. Por no decir los topónimos de los lugares, que son originales, lo cual hace que resplandezca más todavía si cabe tu prodigiosa imaginación :)

    Y hoy me ha sorprendido mucho el diálogo que han mantenido los personajes, le has añadido un matiz a Valine que no conocía antes... porque he intuído en él cierta ingenuidad e inocencia frente a sus dos traviesas y malvadas "compañeras". ¿De qué me sonará eso...?

    Tanta pícara maldad... tanto enigma velado... tanto nombre élfico que podría aparecer y, finalmente, no ha aparecido...

    Creo que sé en quién te estás inspirando para ese comportamiento tan malicioso de tus personajes femeninos, pero mejor no diré nada jajaja ;)

    Ya sabes que también podemos ser sagaces algunos lectores y decirte que hay "bastantes cosas" que comentar... otra cosa es que eso luego sea verdad ;)

    Cariños, besos y todo lo que tú ya sabes, mi amada escritora :)

    ResponderEliminar
  2. La historia me encanta, pero hay una cosa que no me convence: ¿Se supone que un dragon no le debe tener miedo a un vampiro?
    No se, es una humilde opinión, siempre leo tu obra y me gusta

    ResponderEliminar
  3. vamos a ver como cruzan nuestros personajes por esa garganta.
    un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Intentare aclarar tus dudas Fenix, aunque no estoy segura de haber entendido bien la pregunta :P

    Desde mi punto de vista, porque lo bueno de la fantasía y de la ficción es que cada uno puede aplicarla a su manera, un vampiro es una de las criaturas más letales ya que todo su ser está concebido para atraer a la víctima, su olor, su voz, su mirada… todo. Digo esto porque viene al caso para que entiendas porque Valine reacciona así.

    La atracción que Valine siente por Selil le crea una indefensión, es por eso que él aun sin querer reconocerlo se siente inquieto cuando está con ella, pero no he dicho que sienta miedo, es cierto que los dragones son criaturas muy poderosas y que probablemente no temerían a un vampiro o a ningún otro ser, pero Valine es un semidragón, lo que quiere decir que tiene una parte humana. Es precisamente esa parte la que le hace vulnerable y sin duda la que le hace sentirse inquieto ante la presencia de la vampiresa.

    Por otro lado, no la teme. Ni a ella ni a ningún otro vampiro, de hecho le salvo la vida a otra vampiresa dándole a beber su propia sangre y al principio de este libro también cuenta como le dio a beber su sangre a Drusila para demostrarle que no le temía.

    Espero haberte contestado.

    Gracias a todos por visitarme, besitos.

    ResponderEliminar