Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

viernes, 28 de mayo de 2010

Libro de Valine 24

Volví a mi rincón sonriendo aún con las ocurrencias de Selil. Lo decía bromeando, pero estaba seguro de que no dejaría escapar la oportunidad de morderme si se le presentaba la menor oportunidad. Me senté y dispuse ante mí los kukris con la intención de afilarlos, no terminaba de creerme que hubiera grifos en la garganta pero toda precaución sería poca incluso sin la presencia de aquellos poderosos animales. Elivyän se había acercado hasta mí y se había sentado en frente, medio recostado de lado y apoyado sobre una de sus manos, parecía mirar atentamente mis manos concentrado en los cuidados que le estaba dedicando a mis kukris, pero realmente tenia la mirada fija en un punto y su mente vagando por vete tú a saber qué sitios. Lo cierto es que despertó mi curiosidad.

- ¿Ocurre algo? –levantó la cara para mirarme. En ese momento me di cuenta de que algo le preocupaba realmente- ¿Te encuentras bien?

- Estaba pensando en el camino que nos queda por recorrer, ¿has oído hablar de los grifos?

- Si, algo he oído, pero sinceramente no creo que haya grifos en la garganta. ¿Acaso tú has visto alguno?

- Pues si tengo que ser sincero contigo Valine, si los he visto no lo recuerdo. Me sacaron de Telvêrnia. Realmente no soy de allí, nací en una aldea muy cerca de la ciudad. Mis padres tuvieron que salir de las tierras élficas cuando yo tan sólo era un bebé. Problemas familiares –torció el gesto y supe que no deseaba hablar sobre ese tema, no insistí porque a mí tampoco me habría gustado hablar de cosas tan personales con un desconocido.

- ¿Fue así como llegaste a Assen?

- En cierto modo sí, aunque antes de establecernos en Assen vivimos en muchos otros lugares, en algunos pueblos los elfos no son precisamente bien recibidos. Pero dejemos a un lado mis orígenes y centrémonos en el tema –sus labios esbozaron una sonrisa casi imperceptible-… no puedo decir que haya visto grifos con mis propios ojos, pero siempre escuché a mi padre relatar su aventura al cruzar la garganta con mi madre y un bebé de apenas unas semanas. Se recreaba especialmente en su lucha con un grifo, nos lo contaba con todo lujo de detalles. Recuerdo que mis hermanos y yo lo escuchábamos con los ojos como platos y la boca abierta, era la historia más fantástica que jamás habíamos oído.

Mientras me hablaba se había ido irguiendo hasta quedar sentado con las piernas cruzadas, había tomado uno de mis kukris y lo acariciaba pasando la yema de los dedos por su hoja despacio, como si de una mujer se tratara.

- ¿Qué sabes de los grifos?

- Mira, no sé si lo que he oído será cierto, pero en fin… te contaré todo lo que sé. Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, en los bosques que rodean Telvêrnia, habitaba una ninfa muy hermosa. Melia (así se hacía llamar) era una joven alegre y vital, muy inteligente y de mente rápida e ingeniosa. Cualquier animal del bosque que coincidiera con ella se acercaba para ser acariciado por sus manos, era tal su empatía que hasta los animales más esquivos o más fieros buscaban sus caricias; dicen que se hacía acompañar por dos: un águila de considerables proporciones y una leona. Un buen día la ninfa comenzó a palidecer, el brillo de sus ojos se fue apagando poco a poco… la leona se convirtió en su cuidadora y apenas se apartaba de ella para comer. El águila se convirtió en sus ojos que cada día estaban más apagados. Melia se moría, la pena y la apatía la consumían y sus fieles compañeros no sabían que podían hacer por ella. Hasta que el águila y la leona tuvieron la feliz idea de unirse y engendrar una cría, una única cría que dejarían al cuidado de la ninfa, obligándola así a reaccionar. Después de que naciera su único vástago, el águila y la leona desaparecieron dejando a Melia al cuidado del bebé. La dulce ninfa pareció recuperarse milagrosamente. Dedicó todo su esfuerzo a sacar adelante a la cría y le dio un nombre… la llamo Grifo.

- ¿Eso es lo que sabes de los grifos? ¿Una leyenda?

- No te impacientes Valine, aun no he terminado y te aseguro que viene al caso lo que te estoy contando, es importante que sepas los orígenes de los grifos.

- Más vale que tengas razón… –protesté contrariado. La historia de la ninfa era bonita para contársela un niño mientras se queda dormido, pero yo ya estaba bastante crecidito para ese tipo de cuentos. Arqueé una ceja- de acuerdo, sigue.

- Vale, vale -soltó una risita entre dientes que me exasperó y siguió contándome la historia- ¿Por dónde iba…? Melia crió al grifo con mucho amor. Tanto lo amaba que le consentía todos los caprichos y aún así el animal era dócil y la seguía allá donde ella fuera. Con el paso del tiempo se convirtió en un ser majestuoso: su parte superior era la de un águila gigante, con plumas doradas, un afilado pico y poderosas garras; la parte inferior era la de un león, con pelaje dorado, musculosas patas y cola. Llegó a medir más de tres metros. Se alimentaba de carne de caballo, era su alimento más preciado. Un buen día mientras el grifo había salido en busca de su sustento, la ninfa fue atacada. Unos hombres que habían salido a cazar la hirieron por accidente. Melia consiguió escapar y llegar hasta el nido. Los hombres la buscaron con la intención de curarla y fueron a dar con ella justo en el mismo momento que el grifo llegaba al nido. Escaparon por los pelos. El grifo volvió al nido, pero la ninfa estaba falleciendo. La tapó con sus alas y pasó así muchos días, tantos que la ninfa había incluso desaparecido. Mientras estuvo abatido con las alas extendidas sobre su nido, en su corazón se iba fraguando el odio y el rencor contra los hombres, que a partir de ese momento pasaron a ser su enemigo predilecto, matando y alimentándose del corazón de todos los hombres que se cruzaron en su camino. Se cree que Melia le dio una pareja al grifo justo antes de morir.

Dio por concluido su relato y se quedó callado mirándome, esperando mi reacción ante la increíble historia que acababa de contarme.

- Solo te ha faltado ponerle música amigo –sonreí, los bardos siempre con sus leyendas, sus canciones y sus gestas, pero no me había aclarado nada de lo que deseaba saber-. Bonita historia, pero dime… ¿alguna vez has encontrado a alguien que los haya visto?

4 comentarios:

  1. Creo que vas a lograr malacostumbrarme, definitivamente... porque ya no sólo extiendes tus escritos y, con ello, el momento de deleite que me supone leerte, sino que además las publicaciones son prácticamente simultáneas, con apenas un par de días de diferencia entre ellas. Eso sólo puede decir que estás en un gran momento de inspiración y no sabes cuánto me alegro por ello ;)

    En este fragmento hemos podido conocer un poco más a este cada vez más interesante personaje, Elivyän, que se ha desmarcado como un notable cuentacuentos (y Valine está en lo cierto, sólo le ha faltado la música para que hubiera dado la impresión de ser todo un bardo... ¿lo será realmente?). Y esta vez, he de hacer especial mención a otra de tus muchas virtudes como escrituras: pues no sólo narras y describes como si fuera una realidad tangible la que expusieras, sino que además... ¡introduces cuentos y mitología dentro de la propia historia!

    Me gustan mucho esos detalles en los que nos vas revelando nombres y topónimos de cada zona del mundo sobre el que estás escribiendo, lo hace mucho más tuyo todo cuanto escribes. Pero si añades tu propia mitología, incluso el origen de una de las criaturas más relevantes del folklore fantástico, lo hace todavía más meritorio. Me ha encantado la historia de la génesis del grifo, contada por Elivyän (no podía ser de otra manera, célebre es la sabiduría de los elfos).

    También es cierto que Valine le ha preguntado lo que sabe sobre los grifos, en realidad, refiriéndose a si ha tenido algún contacto con ellos o si conoce a alguien que los haya sufrido... lo que no sabe nuestro querido semidragón es que, en las historias que parecen fantasiosas, se esconde más verdad que ficción ;)

    Ahora sólo falta que ese hipotético encuentro con los grifos lo tengan los personajes... esperemos que tengan sus "corazones" bien protegidos. Aunque en el caso de Valine, creo que se dejó el corazón a unos cuantos kilómetros, junto a la vampiresa que le espera ;)

    Sigue escribiendo así, sabes que hay muchísima gente que te sigue, y estoy convencido de que estarán disfrutando tantísimo como yo de tu Pasión Oscura :)

    Besos, mi bella cuentacuentos.

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  2. A tus excelentes relatos acompañas unas
    preciosas imagenes, que decoran tus inquitantes
    textos y hace ndisfrutar de tus bonitas historias.
    que tengas un feliz fin de semana.

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  3. \\\///
    (ó_ó)
    hola amiga Pasión,hermosa experencia la de dejar volar la imaginacion envuelto en tus relatos¡¡¡
    vengo a dejarte un saludo y desearte un muy buen fin de semana¡¡¡¡
    besitos desde mi cueva del miedo¡¡¡

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  4. Hola wapetona! Ya estoy de nuevo por aquí para leer tus palabras, ahora toca ponerme al día, pero seguro que lo consigo enseguida, tus textos siempre se leen muy bien :)

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