Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

martes, 25 de mayo de 2010

Libro de Valine 23

Me quedé durante unos minutos observando el paisaje, para cuando entré en la cueva Eolion y Elivyän ya se habían acomodado sin mediar palabra alguna, tan sólo podía escuchar de vez en cuando a la elfa protestar entre dientes, mientras que nuestro nuevo compañero sonreía burlón sin prestarle ninguna atención. Busqué a Selil con la mirada, pero no había rastro alguno de la vampiresa. Me pregunté que habría sido de ella, por un momento en mi mente la vi convertida en polvo bajo los rayos abrasadores del sol, idea que deseché rápidamente: sin duda sabía cuidarse sola.

Reparé entonces en la cueva. Nunca había visto una parecida: sus paredes de algún mineral oscuro, casi negro, rezumaban humedad hasta tal punto que incluso se había formado una pequeña poza en la entrada de la cueva. En algunos puntos de sus paredes el agua había llegado a pulir la piedra, que parecía haberse convertido en un espejo oscuro salpicado de puntos plateados. Una vez que mi vista se hubo acostumbrado a la penumbra, pude observar que al fondo de la cueva había una entrada que se bifurcaba en dos direcciones, ambas oscuras como boca de lobo. A mi derecha se había instalado Eolion que parecía haber parado de protestar y se concentraba ahora en tirar las tabas, ya la había visto en otras ocasiones, pero he de reconocer que siempre que la veía hacerlo sentía la implacable necesidad de preguntar para qué lo hacía. Un poco más hacia la izquierda en una elevación de piedra, Elivyän había acomodado su equipo y rebuscaba algo entre los bultos. Decidí acomodarme en el lado contrario de la cueva, en ese momento no deseaba compañía, necesitaba descansar algo ya que llevaba muchas horas sin dormir y aunque realmente no había notado el cansancio hasta ese momento, sentía que me empezaban a fallar las fuerzas. Acomodé mis bártulos y me tendí aprovechando una de mis bolsas para apoyar la cabeza, ni siquiera recuerdo cuando me quede dormido.

No sé cuantas horas habrían pasado desde que cerré los ojos, desperté sobresaltado y me puse en pie de un salto. Los elfos giraron bruscamente la cabeza sin duda sobresaltados también por mi manera de despertar. ¿Qué ha sonado? Me sorprendí a mi mismo con la pregunta, sin duda era eso lo que me había sacado de mi sueño, un golpe seco y hasta juraría que había oído pisadas. Los elfos se miraron y casi al mismo tiempo me contestaron: no hemos oído nada. No era posible que lo hubiera soñado, estaba seguro de haber oído pasos, me llevé el dedo a la boca para indicarles que guardaran silencio y agucé el oído: no se oía más que el ruido que hacia el agua al caer sobre la poza. Miré hacia la entrada de la cueva, un resplandor azulado se filtraba a través de la corriente de agua de la cascada, parecía que todo estaba en calma. ¿No ha vuelto Selil? Pregunte mirando a la elfa.

- No, no ha vuelto, es raro dijo que esperaría aquí. -en ese momento una voz sonó, una voz familiar a la par que seductora y profunda.

- ¿Me echabais de menos? –preguntó mientras se dirigía directamente con paso lento pero firme hacia nuestro nuevo compañero. Al llegar a su altura se detuvo ante él, pasando su lengua lentamente por sus labios que dibujaban una sonrisa perversa. – ¿Me habéis traído un regalo?

- No, no, no, de regalos nada –protesto el elfo con una sonrisa burlona.

La verdad es que me sorprendió. No sabía si realmente era un insensato o como era de esperar no tenía la menor idea de la naturaleza de Selil. El caso es que a ella pareció complacerle el carácter alegre y despreocupado de Elivyän, o quizá tan sólo se tratara de que estaba recién alimentada. En sus ojos que hacía unas horas eran de malva apagado y oscuro, ahora brillaba una chispa de color escarlata. Me alegró el hecho de no tener que preocuparme por la salud de nuestro despreocupado amigo por el momento.

- ¿Cómo has tardado tanto?

Selil ni siquiera me miró, no apartaba los ojos de Elivyän. Se había acercado tanto a él que apenas podía diferenciar donde acababa uno y comenzaba el otro, aspiraba profundamente como si estuviera oliendo la flor más rara que jamás hubiera visto. En el rostro del elfo seguía dibujada la misma sonrisa, pero ahora además había tomado con una de sus manos la cintura de la vampiresa, ajeno completamente a los colmillos de ella que se acercaban peligrosamente a su yugular.

- Me costó encontrar mi alimento, estas tierras no ofrecen muchas posibilidades. Aún así llevo horas esperando, me aburría y me adentré en la cueva, buscaba algún indicio.

- ¿Indicio de qué?

- De grifos, ¿de qué iba a ser?

- ¿Grifos? Suponía que estarían en la garganta.

Se echó a reír y se apartó del elfo bruscamente, dando uno pasos hacia mí sin dejar de sonreír, pero ahora su sonrisa era de condescendencia.

- Sigues sin creer en que existan… bueno, ya queda poco para que salgas de tu error, sólo debería preocuparte no acabar siendo el alimento de un montón de polluelos, ¿no te gustaría más servir de alimento a una mujer hermosa? Yo no te haría daño… piénsalo Valine.

Reí abiertamente y con ganas. Me gustaba aquella mujer, no sólo era muy bella, también y a pesar de ser una vampiresa poseía un humor con su puntito entre macabro y burlón que me agradaba.

- Ni lo sueñes querida Selil, mi sangre ya tiene dueña.

- Pues es una lástima dragón.

Se giró sobre sus talones y se dirigió hacia donde estaba Eolion. Se dejó caer junto a ella sin quitarle los ojos de encima al elfo, en esta ocasión le observaba con atención, supongo que sopesaba las posibilidades que tendría Elivyän de superar la aventura. Esperé que pasara su examen, porque de otro modo era más que probable que hubiera decidido alimentarse de él.

1 comentario:

  1. Esta vez la espera entre publicaciones ha sido un poco más larga, pero yo sé a qué se ha debido esa demora... no obstante, lo has sabido compensar fantásticamente bien con la extensión de lo que nos has legado hoy, que ya has podido comprobar que he devorado con sumo placer, incluso con una sonrisa en mi rostro ;)

    Como viene siendo una seña inconfundible en tu estilo narrativo, has sabido plasmar con suma perfección todo cuanto imaginabas en lo escrito, haciéndonos incluso contemplar maravillados cada detalle de la cueva donde han llegado los personajes. Incluso si hubiese alargado mi mano mientras leía, podría haber sentido ese frío y angosto tacto de esa resguardada gruta esculpida por las humedades.

    Pero en este fragmento lo más importante, además de tu impecable capacidad descriptiva, ha sido la integración de ese nuevo personaje, en una situación que llevaba días esperando poder leer: el encuentro entre Elivyän y Selil. Si bien es cierto que Eolion todavía desconfía abiertamente de este enigmático elfo, la vampiresa ha tenido la reacción que esperaba. Aún así, sé que es del todo imprevisible... no me atrevería a augurar cual es el destino de ese pobre incauto que ha decidido acompañarles en el viaje jajaja

    Parece que Valine se toma demasiado bien el sentido del humor de Selil... no sé si eso es del todo conveniente, aunque imagino que tendrá mucho que ver esa confianza con el anterior trato que tuvo con otra vampiresa... incluso anterior a Drusila, sobre la cual llevo bastante tiempo deseando saber más (sí, es una indirecta para que pronto nos desveles ese misterio jajaja).

    Por lo demás, como siempre, me encanta cuando hay interacción entre los personajes, los diálogos son muy vivos, directos y creíbles, y es justo lo que hace que la narrativa se armonice con la historia. Especialmente, cuando habla Selil, pues siempre tiene algo interesante que decir... ;)

    Ahora, imagino que tendré que esperar para muchas cosas, pero considerando el carácter burlón de este nuevo personaje, estoy seguro que cada vez que intervenga la diversión estará asegurada.

    Ha sido muy grato ver cuánto has publicado hoy... para próximas ocasiones, no te prives, amor, y publica todavía más si cabe del tirón jajaja :)

    Besos de alguien que frunce el ceño mientras te lee y mientras te escribe concentradamente ;D

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