Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

sábado, 8 de mayo de 2010

Libro de Valine 19

La cueva no era demasiado grande, al fondo hacía una pequeña curva y se abría en un minúsculo habitáculo pero lo suficientemente grande como para que Selil pudiera resguardarse. Miré a mi alrededor buscando un sitio donde acoplar mis enseres y donde poder descansar un rato con el fin de recuperar fuerzas, pues aún nos quedaba un largo camino y, no lo había notado hasta ese momento, pero estaba realmente cansado. Las paredes de la cueva rezumaban humedad, que con el paso del tiempo había ido formando estalactitas, estalagmitas y columnas de diferentes colores y brillos. Me fijé en una especie de entrada que se había formado en los muros de roca y me dirigí hacia allí acomodando mis cosas en el hueco. Me tranquilizaba el hecho de que las dos mujeres se hubieran resguardado en el interior de la cueva. Desde mi posición divisaba la entrada y al mismo tiempo una de las columnas de un tono celeste y brillante me ocultaba de posibles intrusos.

Saqué de mi mochila una manta, la extendí en el suelo y me recosté sobre ella apoyando la cabeza en mi mochila. No tenía intención de dormirme. Estaba seguro de que aquella cueva era sin duda alguna la guarida de un oso, en uno de los rincones quedaban aún restos de comida, y el olor era inconfundible, en cualquier momento podría regresar y no creo que le agradara demasiado encontrar su madriguera ocupada.

Cerré los ojos. La presencia de Selil me hizo evocar de nuevo el recuerdo de aquella desconfiada vampiresa a la que salvé la vida. Ya había decidido esperar a que fuera confiando en mí, pero habían pasado varios días y no habíamos avanzado nada. Días atrás, con la intención de que se diera cuenta de que sólo quería ayudarla, entré en el dormitorio que había ocupado desde que la llevé a mi casa. Seguía agazapada en la misma posición que la había dejado, incluso podría asegurar que no había movido ni un solo músculo. Me acerqué despacio con las manos extendidas y las palmas hacia arriba, susurrando palabras tranquilizadoras. Según me iba acercando ella se iba tensando, poniéndose en posición de ataque o quizá de defensa. Me detuve y extendí mi mano hacia ella. Pareció dudar durante un rato, pero finalmente tomó mi mano. Le sonreí y tiré de ella hacia la puerta, había esperado a que se hiciera de noche, no quería correr el riesgo de pasar por alguna de las dependencias de la casa que no estuviera protegida del sol. La conduje asida a mi mano hasta el sótano de la casa donde yo mismo había instalado mi cubil. Había acondicionado la estancia como si de una cueva se tratara: mandé tapiar las ventanas, cubrir las paredes con grandes rocas y el suelo con losas de granito… también había cubierto algunas zonas con pajas; en mitad de la sala instalé un lecho hecho de paja y pieles de oso. Pareció gustarle, pues se soltó de mi mano y se acercó cautelosa al lecho. Acarició las pieles despacio, rodeó el tálamo y se detuvo de manera que quedaba frente a mí.

- ¿Quién eres? ¿Por qué me salvaste la vida? Sabes lo que soy ¿Por qué me diste a beber de tu propia sangre?

La mire desconcertado, no esperaba que me hablara, parecía haber salido de su estado semicatatónico al entrar en el cubil. Me mantuve en el sitio donde me había parado al entrar, no quería minar la poca confianza que iba adquiriendo. Intenté que mi voz sonara afable y tranquilizadora.

- Me llamo Valine, Valine Kelter. Son muchas preguntas –sonreí-, pero intentaré contestarte a todas.

Ella comenzó a relajarse. Se sentó sobre el lecho abrazándose las piernas por las rodillas, con una de sus manos se retiro un mechón de su oscura melena que le tapaba parte del rostro.

- No supe que eras una vampiresa hasta que busque ayuda para intentar curarte. Fue la sanadora de Assen la que reconoció tu naturaleza nada más verte.

No apartaba la mirada de mí, podía notar como escudriñaba cada uno de mis gestos, de mis movimientos, por leves que fueran. Sin duda me estaba estudiando.

- Me preguntas por qué te salve la vida, créeme, yo también me lo he preguntado muchas veces desde esa noche… aún así, intentaré explicártelo de una forma coherente.

En ese momento sentí un golpe en el muslo. Abrí los ojos. Selil me había dado una patada en la pierna con la intención de despertarme.

- Ya creí que te habías muerto –soltó una carcajada sonora-. Llevas ahí dormido más de diez horas. Prepárate… no tardaremos en ponernos en marcha.

4 comentarios:

  1. La incorporación de Selil al Libro de Valine, de una manera tan participativa y protagonista, me supuso una enorme satisfacción, porque es uno de los personajes secundarios que más me gustan de tu novela. No obstante, lo que ha hecho en la publicación de hoy... ¿no se podía esperar un poco para despertar a Valine? No, justo tenía que hacerlo cuando iba a revelar algo que llevo deseando saber desde que alimentó a la vampiresa que mantuvo a salvo en su cubil jajaja

    Por lo demás, el inicio del fragmento me ha fascinado, con esa impecable recreación de la caverna, y esa sensación de mágica lobreguez que se transmite a través de esas columnas de roca brillantes que han sido talladas por las humedades. Sin duda, es un buen lugar para que se guarezca una vampiresa que huye de la luz del sol... aunque no sé cómo se sentiría un mortal si durmiera tan cerca de ellas. Por eso, me ha hecho sonreír la mención al hipotético inquilino de la cueva, un oso. No sé como Valine puede pensar en un oso estando Selil tan cerca jajaja

    Por otra parte, he de decir que también me ha parecido muy interesante la actitud de la vampiresa, actuando de una manera instintiva y animal, como si la Bestia que habita en el interior de esta raza de la noche se hubiera adueñado de ella. Encogida y desvalida, como una fierecilla herida, hasta que su captor, que realmente ha resultado ser su salvador, le ha transmitido la confianza necesaria para que se anime a interactuar con él. Y justo cuando se hilvanaba la conversación...

    En fin, que lo has vuelto a hacer. Me dejas estancado en la intriga. ¿Y pretendías que esperara hasta el domingo para leerte?

    ¡Malvada! jajajaja

    Pero sí, finjamos que es domingo o mejor, no leas mi comentario hasta ese día, así parecerá que he "cumplido" mi palabra (palabra que no he dicho en ningún momento jaja).

    Besos, escritora mía... mi "sire" ;)

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  2. Llegue hasta aca por amigos en comun, y si te gusto lo que escribieron ellos, creo que tambien podria gustarte lo que escribo yo?
    Si tenes tiempo pasate por mi blog, y vos me diras.
    http://inocenciaenextincion.blogspot.com/

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  3. bueno voy ahí, perder el hilo seria un desastre para mí.
    un abrazo

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  4. Besitos, Musa bella. Sigo tu relato con creciente anticipación e interés.

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