Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Libro de Valine 38

Me despertaron unos golpes acompasados que sonaban fuera de la casa, al incorporarme en la cama la cabeza comenzó a darme vueltas y sentí un dolor lacerante en mitad de la espalda. Desistí y me dejé caer de nuevo sobre la cama. En ese momento se abrió la puerta despacio y de nuevo el contorno de la anciana se dibujó bajo el umbral. Portaba una bandeja con un cuenco de sopa, un vaso de peltre lleno de vino, un buen trozo de hogaza y un racimo de uvas de color violáceo. Miró hacia la cama y sonrió al comprobar que estaba despierto.

- Has dormido una buena siesta, te va a costar conciliar el sueño esta noche.

Asentí sin pronunciar palabra alguna, no sabía cuánto tiempo había dormido. Por un lado tenía la impresión de acabar de cerrar los ojos, pero me sentía como si hubiera dormido durante horas.

- ¿Quién eres? –era la segunda o la tercera vez que le dirigía la palabra desde que recobré la consciencia. Mi propia voz me sonó desconocida, más grave y más áspera. Supongo que debido al tiempo que llevaba sin hablar.

- Sabes bien quién soy Valine, me estabas buscando –era la anciana elfa, lo había sospechado desde que abrí los ojos. Era cierto, había llegado hasta allí buscándola, pero... ¿Cómo había llegado hasta su casa? Y si me había llevado hasta allí el elfo, ¿dónde estaba Elivyän?- ¿Estás preparado para seguir escuchando la historia?

Asentí mientras me acomodaba. La anciana colocó la bandeja sobre mis piernas después de haber extendido un pequeño mantel sobre el cobertor. Acercó de nuevo la mecedora y se dispuso a seguir contándome la leyenda, no sin antes robar un pellizco de la hogaza de pan que había sobre la bandeja.

- Pues bien, aquél encapuchado se interesó por el asunto que llevaba a la comitiva a pedir ayuda y al conocer el motivo les habló de una maga, una mujer que a pesar de ser muy joven, era una arcana muy poderosa. Les convenció de que aquella joven sería capaz de mover las piedras que taponaban la entrada de la mina, tan sólo con su magia. Esta joven conocida como Anja la Maga, vivía junto al lago en una pequeña cabaña que se ocultaba entre la vegetación, en ocasiones estaba también protegida por la magia. El grupo de delegados puso rumbo a casa de la maga.
Mientras ella continuaba con su relato, sin apenas darme cuenta, había terminado el cuenco de sopa y las uvas. La anciana se levantó y tomó la bandeja, complacida sin duda por mi apetito. Salió de la alcoba con paso lento y al cabo de un rato estaba de vuelta. Se acercó al ventanuco y corrió la cortina. Tomó asiento de nuevo junto a mi cama mientras yo la seguía con la mirada impaciente por seguir con el relato.

- Como puedes suponer, la muchacha se presentó ante la mina y después de conjurar concentrando en las rocas su mágico poder, consiguió despejar la entrada. En el momento en que las piedras cedieron todos los seres que allí se hallaban cayeron rendidos por un extraño sopor que los sumió en un profundo sueño. Cuando despertaron la maga había desaparecido y no se supo más de ella hasta un tiempo después, pero eso te lo contare en otra ocasión.

- ¿Por qué en otra ocasión? No, no, no, cuéntamelo ahora.

- Estás convaleciente, debes descansar y el cielo ya está oscuro desde hace un rato.

- Pero no estoy cansado –protesté haciendo especial hincapié en el no.

La anciana sonrió. Se acomodó de nuevo en la mecedora impulsándola ligeramente con los pies, de manera que empezó a mecerse suavemente.

- De acuerdo muchacho, pero sólo un rato más. ¿Por dónde me había quedado?

- Te has quedado en la desaparición de la maga

- Cierto. Pues bien, durante el tiempo que los aldeanos estuvieron inconscientes, la joven maga fue entregada mediante un ritual a un poderoso demonio llamado Akh’nash’vagma. Durante el ritual de invocación, se llevaron a cabo diversos sacrificios, a cual más cruel y sangriento. El demonio forzó a la muchacha dejándola maltrecha y en cinta.

- ¿El demonio quería tener descendencia?

- Así es –asintió- Necesitaba un descendiente de su propia sangre que llegado el momento abriera un portal. Un portal dimensional que diera paso al advenimiento del mal primigenio. Este mal, se extendería por toda la tierra acabando con todo lo que tenga vida. Arrasando no sólo a los humanos, los enanos o los elfos, sino a todo ser viviente, tanto animal como vegetal. Convirtiendo así este mundo en uno más de los infiernos conocidos hasta hoy.

- ¿Qué pasó con la maga?

- Espera, espera, no seas impaciente –se levantó de la mecedora trabajosamente-. Tengo la boca seca, iré a preparar un té de lavanda, nos ayudará a coger el sueño. Ya soy vieja, si no tomo mi infusión no puedo cerrar los ojos y mis viejos huesos se resienten si no descanso.

- No quiero infusiones, quiero saber qué pasó después.

Se echó a reír y después de ignorar por completo mi petición, salió del dormitorio mientras yo protestaba airadamente. Durante el tiempo que pasé esperando iracundo el regreso de la anciana, volví a escuchar los golpes acompasados fuera de la casa. Eso me distrajo por un momento. No podía identificar el sonido, no se parecía a nada que hubiera escuchado anteriormente, sonaba durante un rato y luego paraba, pasados unos minutos volvía a repetirse, pero sin coincidencia entre la cantidad de golpes o el tiempo que duraba el silencio. Estaba desconcertado dándole vueltas cuando apareció de nuevo la anciana con su ya habitual bandeja y las tazas humeantes que desprendían un aroma dulzón. La observé mientras repetía una especie de ritual cada vez que iba a sentarse. En ese instante me di cuenta de que ni siquiera sabía su nombre.

- Abuela –le dije, observando atentamente su reacción- aún no me has dicho tu nombre y sin embargo tú conoces el mío.

- Abuela está bien –sonrió complacida con la ocurrencia-, puedes llamarme así si lo deseas.

Me tendió las dos tazas mientras ella volvía a sentarse en la vieja mecedora que crujió ligeramente al sentir su peso. Extendió una de sus manos y le pase la taza con cuidado de que no se derramara el líquido sobre la cama. Removió su contenido despacio, pensativa, supongo que mientras intentaba darle forma a la historia que me estaba contando.

- Nadie echó en falta a la joven maga o quizá pensaron que después de usar su magia se había marchado. El caso es que nadie la buscó. Durante los meses que siguieron a la desaparición de Anja y según iba pasando el tiempo, la criatura que la maga estaba gestando iba cobrando fuerza. El mal comenzó a ejercer su influencia y a extenderse por la tierra. Empezaron a surgir criaturas de la oscuridad en diversos puntos del mundo, llegando incluso a masacrar pequeñas aldeas. Se convocó una asamblea de regentes, a la que acudieron también los más sabios de todos los reinos, poderosos arcanos, clérigos y santeros, monjes y paladines, todo aquél que pudiera aportar una posible solución fue invitado.

Dio un sorbito de su tisana y puso gesto de dolor, sin duda seguía demasiado caliente. De nuevo regresaron los golpes acompasados.

- ¿Qué es lo que suena?

- Un pájaro maravilla, está preparando su nido.

- ¿Dentro de una casa? Pensaba que solo lo hacían en los troncos de los árboles.
- Así es, picotean los troncos de los arboles hasta hacer un hueco donde cobijarse y depositar los huevos. Esta pareja regresa año tras año, limpian el nido antes de reutilizarlo.

- Cuéntame mas

- ¿Sobre los pájaros? Pues no sé mucho más.

- ¡No! –exclamé, y los dos nos echamos a reír al tiempo.

- ¿No crees que ya es demasiado tarde? Las lunas ya están altas en el cielo.

- ¿Estás cansada?

- Desde luego, siempre lo estoy. Ya no es como antaño, cuando era una buena moza –una sonrisa nostálgica afloró a sus labios iluminando sus ojos ajados durante un momento-. Bueno, pero sólo hasta que termines el té de lavanda.

Asentí, me llevé la taza a los labios para demostrarle que estaba dispuesto a obedecer, pero tan sólo me los mojé ligeramente. Se dio cuenta y volvió a sonreír, pero ésta vez su sonrisa era de complicidad.

- Entre los invitados al evento, había un ermitaño, un druida que hacía varias décadas se había retirado a una pequeña cabaña en mitad del bosque y sólo bajaba al pueblo para comprar víveres o semillas un par de veces al año. Había dedicado su existencia al estudio y a la unión con la naturaleza, se decía que era capaz de comunicarse con las bestias que poblaban los bosques. También se decía que era un tanto desequilibrado a consecuencia de la eterna soledad en la que se había sumido. Años atrás había sido uno de los consejeros de la corte hasta que decidió retirarse. Las malas lenguas decían que se enamoró perdidamente de la reina -me miró a los ojos y los suyos brillaban con cierta picardía, contuvo la risa y prosiguió con su relato-. Por aquél entonces, como ya te había dicho, los reinos se hallaban en un largo periodo de paz, bajo la protección de las grandes sierpes. Los dragones se mantenían en sus dominios, sin ser molestados por criatura alguna. Éstas criaturas habían sido creadas por los dioses benevolentes con la intención de que preservaran los valores de la vida. Así pues, si no recuerdo mal, una dragona negra llamada Ishara, que era la primera madre, protectora del viento. Regía sobre sus hijos que llegaron a ser ocho: Gorbash, el Rojo, Sierpe del Fuego; Arkalas, el Verde, Sierpe de la Tierra; Scarnaz, el Azul, Sierpe del Agua; Arkon, el Blanco, Sierpe del destino; Lazerus, el Áureo, Dragón del Sol; Seldune, la Argéntea, Dragona de la Luna; Termen, el Broncíneo, Dragón del Juicio; Mastria, la Cobriza, Dragona de la Magia; Kalender, el Ocre, Dragón del Tiempo. Se decía que Ishara era muy sabia y fue por ese motivo que por unanimidad en el concilio de los regentes se acordó mandar al ermitaño a pedir consejo a la gran sierpe.

Enlazó los dedos de ambas manos, dejándolas reposar en su regazo. Después, se meció de nuevo impulsándose ligeramente con los pies.

- Tendremos que dejar el resto para mañana, estoy realmente cansada. Necesito reposar unas horas.

- Vale –dije con desagrado, ya que no deseaba tener que esperar hasta el día siguiente. Pero realmente ella necesitaba descansar, era muy mayor y llevaba en pie muchas horas. Se levantó de la mecedora, esta vez no pudo disimular un leve gesto de dolor.

- Estas piernas... –se quejó al tiempo que negaba con la cabeza- buenas noches.

Salió y cerró la puerta tras ella. Intenté levantarme de nuevo. Ésta vez mi cuerpo me acompañó en el intento. Aunque el dolor en ambos lados de la espalda volvió a lacerarme, conseguí levantarme de la cama. Me acerqué a la ventana y corrí la cortina. Era noche cerrada, pero aún así no podía creer lo que estaba viendo.

3 comentarios:

  1. Quizá esta entrada sea demasiado larga, también es posible que sea la última. He de reconocer que algunos de los que me siguen me han pedido que no lo haga. Me han pedido que deje pasar un tiempo y no tome la decisión ahora. Ya no sé qué hacer.

    Un dulce susurro para todos los que me leeis.

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  2. creo que el tiempo para tomar las decisiones es la mejor opcion; yo solo puedo darte mi opinion ya que la respuesta solo la vas a tener tu; hazte una pregunta de que significa este blog para ti; aqui posiblemente estes dejando una parte de ti,de lo que sientes; escribirlo es tu propio regalo,te transporta en cada letra a los lugares que quieres estar,ya no se trata solo de kien lo lee que tb es un regalo para ellos,; se trata de ti de si mañana cuando hayas dejado de escribirlo te arrepentiras de ello,si lo echaras en falta; mi humilde opinion eske tienes que llegar al final xq supongo que ese final te hara sentirte a ti tb de otra manera mejor; a lo mejor en el tiempo esta la respuesta que necesitas,,escribe entradas mas separadas ,,deja dias por medio,no te llegues a sentir esclava de lo que haces si no siente que lo que haces y escribes es parte de ti; este es un gran trabajo,xq esta echo con el corazon y esos son los que cuando llegamos al final mas llenan nuestras vidas; espero haberte ayudado un poco y decidas lo que decidas hacer estara bien,para ti,pero decidelo tanto con la cabeza ,como con tu corazon,,

    besos y una caricia para ti

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  3. No, no, no, de eso nada. Nadie en este mundo ni en el otro se merece que estes así, ponte las pilas y sonrie. Para que tus amigos podamos sonreir contigo. No puedes dejar asi este maravilloso libro, piensa en todos los que entramos a leerte y que te queremos, eso deberia ser suficiente para que levantes el animo. ;)

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