Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 23 de mayo de 2011

Libro de Valine 41

Me quedé abrumado por la noticia. Crucé los brazos sobre la mesa y apoyé la frente en ellos. No sé cuánto tiempo pasé en esa postura, dándole vueltas en mi cabeza. La anciana esperó paciente mientras apuraba el resto de la infusión. Cuando hubo terminado dejó la taza sobre la mesa y me miró directamente, pasó la mano por mi cabeza intentando consolarme con ese gesto. Yo no me moví.

- Entiendo que lo tomes así. No sólo es algo que no esperabas, es además una gran responsabilidad. Todo el peso del mundo ha recaído sobre tus hombros, Valine.

Aún tardé un rato en reaccionar. No podía creerlo por más que lo intentaba. Me concentré en dejar fuera a Drusila, pero no podía. Lo único que podía hacer ahora era luchar conmigo mismo ante el dilema que se me presentaba. Por un lado estaba mi conciencia diciéndome que aquella era una responsabilidad sagrada. Y por otro mi corazón, recordándome dolorosamente que probablemente no sería compatible con el amor de mi vida. Había buscado con ahínco la causa de la muerte de mis padres, pero había sido mucho más importante encontrarla a ella.

- Dime, anciana… ¿Qué fue de la niña?

Me miró fijamente a los ojos, sopesando si estaba o no preparado para seguir escuchando la historia.

- De acuerdo, te lo contaré cuando estés listo para afrontarlo. Creo que estás demasiado desolado en este momento como para proseguir con el relato. Ten en cuenta que sobre lo que voy a contarte tendrás que tomar una decisión que será crucial, tanto para tu vida como para la del resto de los mortales.

- Puedo aguantarlo. Cuéntame.

- Está bien. Aguarda un momento.

Se levantó de la mesa y se acercó a mí. Me asió del brazo y tiró para que me levantara. –Vamos, deberías estar descansando- Obedecí a la anciana, me levante sin decir nada y me deje llevar hasta el dormitorio. Me sentí roto, vacío y enfermo. En ese momento tomé una decisión importante. No haría nada sin haber visto primero a Drusila. La anciana me ayudo a meterme en la cama y, como de costumbre, se acomodó en la mecedora junto a mí.

- Comenzaré desde el principio. Como ya te había dicho, Nerva vino al mundo el mismo día que tú. Fue arrebatada de los brazos de su madre a los pocos minutos de nacer y se encomendó a su nodriza que la entregara al cuidado de una sacerdotisa que por aquel entonces vivía en Assen y era probablemente la única que podría protegerla de todos los males que sin duda la asediarían a lo largo de su vida. De camino al pueblo, la nodriza fue asaltada por un grupo de seguidores de Akh’nash’vagma. Malherida y moribunda, consiguió llegar. Al entrar en el pueblo, tan sólo encontró a un guerrero. Aquel hombre se acercó al verla en tan mal estado y ella le entregó a la niña, intento ponerle sobre aviso, pero murió antes de poder decirle que se la entregara a la sacerdotisa. Beneric, ese era su nombre, era un hombre rudo, versado en el arte de la guerra. No podía hacerse cargo de una criatura recién nacida y por ese motivo se dedicó a buscar una familia que pudiera acogerla. Pero en aquel entonces, Assen era más una aldea de gente humilde que un pueblo y no encontraba a nadie que quisiera esa carga. Con el tiempo se fue encariñando con la niña, hasta el punto de que ya ninguna familia le parecía buena. Como imaginarás, Beneric se hizo cargo de ella. La prohijó y le dio su apellido. Sin saberlo, la nodriza le ofreció a la niña la mejor tapadera posible. Durante los años que siguieron, las fuerzas del mal se afanaron buscando el paradero de Nerva, pero a nadie se le ocurrió pensar que la estuviera criando un hombre sin ningún tipo de conocimiento mágico.

Escuché a la anciana con atención, aunque me era imposible quitarme de la cabeza a mi niña. No podía dejar de verla mirándome con sus ojitos tristes cuando le contara lo que la vieja mujer acababa de decirme. No quería ni imaginar la posibilidad de que saliera de mi vida, no podría vivir sin tenerla a mi lado aun cuando estaba lejos. Sabía que me amaba y que llegaría el momento de compartirlo todo, cada segundo de nuestra vida.

- Sigue abuela, no estoy cansado.

- En los años siguientes, Beneric fue educando a Nerva en el camino del bien. Nerva era aparentemente una niña normal, traviesa y alegre. El orgullo de su padre adoptivo que se ayudó de los amigos que vivían cerca de él para criarla un poco entre todos. Mientras, vivían ajenos al peligroso enemigo, que la buscaba sin descanso. Has de tener en cuenta que en el interior de la niña reinaban tanto el bien como el mal, y según la educación que se le diera podría llegar a ser buena o mala. Y no olvides también del gran poder que se le había concedido. Ese poder iba aumentando conforme la niña iba creciendo.

Se quedó callada por un momento, con la mirada perdida en el horizonte, supuse que haciendo memoria. Quizá intentando recordar la historia sin saltarse ningún punto importante.

- Las fuerzas del mal, como te he dicho, la buscaban con la intención de convertirla en una poderosa aliada. Las fuerzas del bien también la buscaban intentando evitar que pudiese caer en manos equivocadas. Y mientras, Nerva seguía creciendo bajo la protección de Beneric y en general todo el pueblo de Assen, al que la pequeña se fue ganando con su manera de ser abierta y cordial.

- ¿Cuándo hablas de las fuerzas del mal, a qué te refieres?

- Diferentes tipos de criaturas poblaron la tierra, pero sin duda las más peligrosas fueron los vampiros. Criaturas letales no solo por su habilidad para matar sino también porque en ellos todo está preparado para atraer a la víctima. Su olor, su voz, todo.

- No todos los vampiros son  criaturas malvadas abuela.

Me miró y torció el gesto.

- A pesar del sentimiento que anida en tu corazón, todas y cada una de esas criaturas son de maligna naturaleza. Cuando el ansia de sangre se apodera de ellos no pueden controlarse, llegando incluso a dolerles físicamente si no se alimentan. Y todos sabemos de qué se alimentan –se quedó callada un momento-. Como te iba diciendo, los vampiros se multiplicaron peligrosamente. Dos poderosos clanes vampíricos se asentaron cerca de Assen. La familia de Artanis y la de Khendra mantenían una relación tirante de continuos desafíos, sin llegar a enfrentarse directamente. La disputa entre ambas familias no sólo se debía a la intención de proclamar Assen como su coto de caza, sino a que, por alguna razón que nunca llegué a saber, Khendra sabía que Nerva vivía en aquella zona. La intención de la vampiresa de hacerse con la niña le nubló tanto el sentido que la llevó incluso a declarar una guerra entre los dos clanes.

- ¿Qué tiene eso que ver con Nerva?

- Espera, no seas impaciente. Es necesario que conozcas también lo que acontecía durante ese tiempo en la tierra.

- De acuerdo, continúa.

- ¿Por dónde iba…? Me cortas y pierdo el hilo, mi cabeza ya no es lo que era –protestó mientras negaba con la cabeza-. Como te iba diciendo, una guerra abierta se declaró entre ambos clanes. Tanto Khendra como Artanis enviaron a sus descendientes en busca de la niña. He de decir, para ser justa, que los hijos de Artanis no eran tan despiadados como los vástagos de Khendra. Con el tiempo la vampiresa fue retada por una de sus hijas que se reveló contra su mandato dándole muerte y convirtiéndose así en su sucesora. No por ello cesaron las hostilidades, todo lo contrario; sigue siendo una pugna que ha perdurado hasta nuestros días. Durante todo este tiempo, las bajas en ambos clanes han sido numerosas pero, pese a todo, los vampiros siguen proliferando.

- ¿Dieron con la niña?

- No, parecía que el destino protegía a la pequeña. Cada vez que uno de los dos clanes se acercaba peligrosamente a la pista del paradero de la niña, el otro atacaba desviando la atención hacia el enfrentamiento. También por aquel entonces una plaga comenzó a difundirse por entre las gentes de las aldeas cercanas. Nunca se supo donde comenzó el brote o quien se dedicó a propagarlo, pero de la noche a la mañana la licantropía se hizo un hueco entre las ya numerosas criaturas de la oscuridad.

- ¿licantropía? He oído hablar de los licántropos, pero jamás pensé que fueran algo más que una leyenda –¿También había licántropos en esta historia? ¿No será que la anciana ha perdido el norte? Me pregunté a mí mismo.

- Sí, hijo, sí. No sólo existen, yo diría que incluso su existencia está directamente relacionada con la de los vampiros. Por algo son enemigos naturales.

Se levantó de la mecedora con un gesto de dolor, como ya venía siendo habitual. Se inclinó sobre mi cama para remeter las sabanas hasta dejarme inmóvil, como hacía cada noche. Me dio una palmadita en la mano cariñosamente y se dispuso a abandonar el dormitorio.

- Ahora descansa, Valine. Mañana seguiremos, si es que eres capaz de conciliar el sueño; tienes mala cara, aún no estás recuperado.

Dicho esto, se giró sobre sí misma y abandonó la alcoba con paso lento e inseguro.

1 comentario:

  1. No se cómo lo haces, pero siempre consigues engancharme ;)

    Por cierto, has cambiado la foto de la cabecera, verdad? Me gusta. Yo estoy aprendiendo a usar photoshop y me fijo mucho más en las imágenes.

    Un saludo!

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