Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 5 de octubre de 2009

Libro de Marcus - 40.

A pesar de viajar solo por las noches, recorrimos la distancia en tan solo tres días. El viaje se hizo tenso y pesado. Durante las horas de luz nos refugiábamos en alguna cueva, por suerte el camino que lleva de Sartil Null hasta Assen cuenta con bastantes, pero eran precisamente esas horas las más complicadas, si bien tanto Selil como Val evitaron cruzarse durante todo el trayecto. Al entrar en los dominios de Uriel Vigée-Lebrun algunos de sus vástagos nos estaban esperando para sumarse a la contienda, nos informaron de que la manada había aumentado su número de miembros, infectando a otros mortales a su paso por las aldeas. Nos condujeron hasta una caverna lo más cercana posible a la manada manteniendo la distancia suficiente para no ser detectados por cualquiera de ellos. Las horas que precedieron al combate se me hicieron bastante largas, me agazapé en un oscuro rincón intentando pasar desapercibido, observé a aquellos vampiros que se afanaban en preparar sus defensas.

Me detuve a contemplar a Selil, ella estaba tranquila, tumbada sobre unas pieles con sus manos bajo la cabeza y la mirada perdida, me pregunté que estaría pasando por su cabeza en aquel momento. Busqué con la mirada a Valkiria, instintivamente mire hacia el lado opuesto, estaba sentada afilando sus flechas. A escasos metros de ella Tyrael dudaba si acercarse o dejarlo pasar. Me pregunté cuántos de nosotros caeríamos en la reyerta. Me levanté y me acerqué a Tyrael, me arriesgaba a que no tomara bien lo que iba a decirle, pero a pesar de eso decidí arriesgarme, el dolor de Val había calado en lo más profundo de mi ser.

Me miró con desconfianza, desde la primera vez que vi al paladín no habríamos cruzado más de dos palabras. Saludé con una leve inclinación de la cabeza, él devolvió el saludo sin cambiar la expresión de su rostro. Pensaba empezar manteniendo una conversación frívola con él con la intención de romper un poco el hielo, pero no había tiempo para andarse con rodeos, le miré y le solté de sopetón que se acercara a Valkiria y solicitara su perdón, ¿que podía perder?, no obstante si alguno de los dos perdía la vida no habría más oportunidades. Se quedo pensativo por un instante, apoyo su espadón contra la roca y se encaminó hacia ella con paso firme.

Para cuando salimos de la cueva ya había anochecido, la luna llena iluminaba con su tenue luz los rincones más oscuros de aquel espeso bosque. La manada se hallaba descansando en una ladera que se cerraba en media circunferencia contra las rocas del risco, dejando un espacio abierto para el ataque que no ofrecía demasiadas posibilidades de escape. Rolan había dispuesto dos grupos que atacarían por los flancos al unísono, momento que aprovecharíamos para asestar el golpe infalible que acabaría con los más fuertes de la manada.

4 comentarios:

  1. Y aquí nos quedamos pendientes de la batalla... y es que siempre lo dejas en un punto tan interesanteeeee!!!! que nos quedamos con las ganas!

    Besos desde el abismo

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  2. Coincido con Abismo, queremos la batalla!! jaja.

    Besos

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  3. El dia se acerca...y no sabes con que ganas lo espero...
    Buena caza!!!

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