Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

martes, 8 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 25.

Salí de aquella casa consciente de que debía retomar mi viaje sin demorar un día más, la guerra entre vampiros y licántropos no era mi guerra, al menos no era el momento de entrar en una confrontación, aunque he de admitir que la posibilidad de tener un poco de acción se me hacía muy atrayente. Por otro lado, si abandonaba a Rolan en esta ocasión, más me valía no volver a cruzarme con él. Tampoco me agradaba la idea de dejar que los míos cayeran entre las fauces de aquella manada.

Alcance a Rolan entrando en las cloacas, avanzamos sin mirarnos, sumidos en nuestros propios pensamientos, hasta llegar a su residencia. Las puertas se cerraron detrás de nosotros y pude oír como se cerraban los cerrojos detrás de nosotros. En ese momento fui consciente de que aquel viejo vampiro, con aires de suficiencia, estaba realmente preocupado por el futuro de su progenie.

Le seguí por los corredores, al llegar al zaguán redondeado, se desvió por la puerta de la izquierda, fui tras él en la certeza de que en cualquier momento no me dejaría seguirle, pero no fue así, recorrimos aquel largo pasillo salpicado de pequeñas pero gruesas puertas de cuarterones hasta que se detuvo delante de una de ella, se giro hacia mí y me miro por su expresión supe que estaba dudando si dejarme entrar, luego miro hacia la puerta y con un gesto de la cabeza me indico que entrara.

Empuje la puerta que cedió dócil sin ofrecer la menor resistencia, entre y él me siguió. La pequeña habitación estaba bastante oscura, iluminada por decenas de velas colocadas sin orden en cada uno de los rincones que quedaban libres en los pesados aparadores. Al fondo una vieja librería se extendía de una pared a otra cubriendo todo el frontal, rebosaba de pesados libros de diferentes tamaños y grosores, y acumulaban tanto polvo que parecían incluso más antiguos que el propio Rolan. Me sorprendió que no hubiera tapices, era la única estancia en la que había estado que no tenia esos viejos tapices raidos vistiendo sus paredes.

1 comentario:

  1. Sabes...cuando leo tus relatos....a la noche mi subconciente lo reproduce todo..palabra por palabra...es una gozada!!!
    Besos

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