Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 36.

Tras unos minutos que se me antojaron interminables, Val me miró, aunque era obvio que no me estaba viendo a mí, su mente vagaba entre sus recuerdos, haciendo sin duda una selección de lo que deseaba o no contarme. Carraspeó suavemente, torció ligeramente la boca en un gesto de desagrado y comenzó a contarme su versión de lo ocurrido tiempo atrás desde el mismo momento en que Tyrael casualmente se cruzó en su vida. Un cúmulo de casualidades que la habían conducido a ser tan desdichada, después de haber llegado a tocar la luna con la punta de sus dedos.

- Todo comenzó aquel día, despuntando la alborada, no tenía intención de cazar y de hecho ya iba de regreso al castillo de Nadril cuando un arrogante drow se cruzó en mi camino. Después de un rato de tira y afloja el drow decidió que había llegado el momento de atacar, para cuando quiso darse cuenta de a lo que realmente se enfrentaba, ya le tenía sometido y mis colmillos rozaban su cuello tan solo a unos milímetros de su piel, cuando apareció un joven Paladín. –Sus labios finos y perfectamente perfilados, dibujaron una media sonrisa triste al evocar el recuerdo de Tyrael.

Era evidente que sufría al contarlo, intenté disuadirla arrepentido de haber preguntado, pero en el fondo necesitaba compartir su dolor. Conocí a Valkiria cuando era apenas una muchachita de unos 18 años, su condición de damphir la permitía envejecer siempre que no se alimentara como uno más de nosotros. Artanis, su abuelo, se había asegurado de que bebiera en la justa medida que la permitiera crecer y hacerse una mujer adulta y de esa forma mejorar sus posibilidades de supervivencia. Movido por el enfrentamiento que acaecía entre él y Khendra, Artanis temía por la vida de su única nieta. No me quedaba otra que escuchar lo que ella necesitaba dejar salir de su dolorido pecho.

Tomo una profunda bocanada de aire como queriendo recuperar el aliento, trago saliva y esbozo una sonrisa triste para seguir con su relato. En algunos momentos llegue a pensar que se desmoronaría y no podría seguir hablando, pero sacaba fuerzas de algún lugar de su corazón para sobreponerse al dolor que sin ninguna duda le producía evocar esos recuerdos.

2 comentarios:

  1. Ya me pongo en la historia... evocar recuerdos, eso cuesta y mucho...
    Besos desde el abismo

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  2. Gracias por pasar. Un gusto haber encontrado este blog. Me gustó mucho!!

    Besos

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