Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 27.

Se giro sonriendo sarcástica, empujo sin esfuerzo la pesada puerta y me invito a entrar con un gesto, entre en la habitación con paso vacilante, me sorprendió comprobar que se trataba de un dormitorio. Oí una risilla malévola a mi espalda pero cuando me gire ella había desaparecido, cerré la puerta y la aseguré en un acto reflejo.

Me despoje de la capa, dejándola sobre un sillón de orejas que había en uno de los rincones, pensé que se llenaría de polvo, como el resto de los muebles que atestaban aquella estancia. Al igual que el resto de las dependencias de aquella especie de castillo que Rolan había tomado como morada, eran muebles que con toda seguridad habían conocido tiempos mejores. Una gran cama con dosel presidia la estancia, me pregunte si habría pertenecido en su día al mismo rey o quizá a alguien de la corte. Me deje caer sobre la cama esperando levantar una nube de polvo, pero no fue así, a pesar de todo las ropas que la cubrían estaban limpias. A los pies de la cama se hallaba un viejo escritorio provisto de algunas plumillas y varios rollos de pergamino, a la derecha un candelabro con seis velas prácticamente consumidas.

Me dirigí hacia el escritorio con la intención de escribirle a Drusila, pero unos golpes en la puerta me hicieron detenerme en seco, pensé que se trataría de Varië que regresaba para seguir fustigándome con sus miradas y sus risitas. Abrí la puerta de golpe dispuesto a enfrentarla cara a cara, para mi sorpresa no era ella.

Mis labios dibujaron una sonrisa sincera al contemplar el rostro de una de las mujeres más bellas que jamás había conocido, Selil. Me devolvió la sonrisa e inclino ligeramente la cabeza a modo de saludo. Entro en la alcoba con paso firme y decidido, seguí sus pasos con la mirada sin poder cambiar la expresión de mi rostro, sabedor de que la miraba entre aturdido y aliviado por su presencia. Hasta este momento, había evitado pensar mucho en ello, pero estaba seguro de que mi existencia estaba a punto de llegar a su fin si llegaba a producirse el enfrentamiento con la manada, pero la presencia de Selil me tranquilizaba, las cosas comenzaban a estar más proporcionadas.

Selil, conocida como la Dama Blanca, entro mirando cada detalle de la alcoba, serena y pausada observo cada uno de los rincones, se acerco al sillón y estiro mi capa para sentarse encima, luego me dedico una sonrisa burlona y se dejo caer sobre el respaldo. La mire embobado, no había cambiado nada, la conocí cuando era apenas una chiquilla, sus vivencias cuando aún era un ser mortal, la habían llevado a convertirse en una de las vampiresas más crueles y traicioneras, llegando incluso a volverse contra su propio sire al que sin dudarlo llegaría a darle muerte en cuanto tuviera la menor oportunidad.

4 comentarios:

  1. La dama blanca..una vampira de armas tomar...me gusta....

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  2. Gracias Virginia, el dia que me dejes de visitar te voy a echar de menos.

    Un beso wapa.

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  3. Aunque dejara de existir nunca dejaria de visitarte...tu relato me hace sentir que aun sigo viva en la muerte...
    Nos encontraremos en la noche...
    Buena caza...:)

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  4. Hola, Susurros. Mientras me sigo poniendo al dia con Drusila (voy por el capitulo 20, y te he ido dejando comentarios cada cuatro o cinco que me leia) te invito a pasar por mi blog, para recoger un premio-no premio del que nada tienes que llevarte ni que cumplir, salvo el recuerdo que te deje.

    Besos.

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