Lestat de Lioncourt "Su sangre corrió por mis venas más dulce que la vida misma, y entonces las palabras de Lestat tuvieron sentido para mí: sólo conocía la paz cuando mataba, y al oír el agonizante latido de su corazón... supe otra vez lo que la paz podía ser."
Anne Rice.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Libro de Marcus - 34.

Salimos de la cueva y tomamos el sendero que conducía a Sartil Null, caminamos en silencio durante todo el recorrido. Evite dirigirme a ella, no quería sacarla de la especie de trance en el que se hallaba inmersa. Por la expresión de su rostro estaba convencido de que la pelea en la cueva había sido de su agrado, aunque algo me decía que se había quedado descontenta por la rapidez en que había concluido la pugna. En ese momento me di cuenta de que no estaba dispuesta a esperar mucho más para enfrentarse a los licántropos, si Rolan no actuaba en poco tiempo perdería el apoyo de Selil, me pregunté si Rolan estaría dispuesto a escuchar un consejo de un viejo amigo que hacía tiempo le había traicionado. Mis labios se curvaron en una sonrisa maliciosa, estaba seguro de que no volvería a confiar en mí, pero en aquel momento merecía la pena arriesgarse, volví a sonreír al evocar el rostro de Riadna.

Aminoramos la marcha hasta llegar a pararnos a unos metros de las murallas de la ciudad, Selil se acuclillo sobre una piedra que se hallaba a uno de los lados del camino, me acerque a ella, su rostro quedaba justo a la altura del mío, la mire a los ojos intentando descubrir que pasaba por aquella mente febril.

- Rolan dijo que habías tenido un encuentro con los lobos antes de unirte a él.
Su mirada fría seguía clavada en mis pupilas como queriendo penetrar hasta lo más profundo de mi mente. Asentí sin pronunciar palabra.
- ¿Y bien? – apartó la mirada para volverla hacia su alabarda, acariciaba la hoja afilada del arma pasando despacio la yema del dedo índice. – Sabes, creo que Rolan con el paso del tiempo se ha convertido en un cobarde. ¿Por qué rehúye la batalla con esos apestosos chuchos? ¿Tiene miedo de unos cuantos perros rabiosos?

No estaba muy seguro de cómo debía contestar esas preguntas, por un lado compartía en parte la idea de que Rolan estaba acobardado ante la posibilidad del enfrentamiento mortal con los lobos, y por otra tenía que tener en cuenta la personalidad inestable de Selil. Después de dudar por unos segundos decidí contestar con otra pregunta evadiendo tener que dar una respuesta concreta.

- ¿En qué estás pensando Selil?
- En actuar por mi cuenta. No estoy a las órdenes de ningún vampiro por muy anciano que sea, no después de haber dado muerte a Khendra y haber bebido de ella. No necesito el apoyo de Rolan y su cuadrilla de neonatos para acabar con esa manada – presionó la hoja de la alabarda, unas gotas de sangre brotaron de la herida, sonrió y se llevó el dedo a la boca para lamer la herida.
- Es posible que entre nosotros acabáramos con esa manada, pero dime, Selil, cariño… ¿qué ganaríamos con ganarnos la enemistad de Rolan? No hay necesidad de humillarlo.

Me miró con un gesto de fastidio dibujado en su rostro, pensé que a pesar de haber medido cada una de mis palabras intentando no contrariarla demasiado, no lo había conseguido. Pero para mi asombro, asintió y volvió a perderse en sus pensamientos.

4 comentarios:

  1. Me gusta como escribes... pero ¡tengo que ponerme al día poquito a poco! y conocer mejor los personajes...
    Besos desde el abismo

    ResponderEliminar
  2. Me gusta esa foto, no sé quién te la recomendaría =O xD
    Del texto ya te lo he dicho todo (:

    ResponderEliminar
  3. PD: Echo de menos a mi Selil Ç_Ç era tan malvada...

    ResponderEliminar
  4. Como me gustan las vampiras con deseos de matar y aniquilar...jajaja
    No he pasado antes porque he estamo malita...pero ya estoy bien.
    Saludos.

    ResponderEliminar